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Pablo Planas

Pablo Iglesias, el auténtico 'hereu' de Pujol

Confiemos en que Évole tenga lo que hay que tener para pregunta algún día, a Iglesias o a Monedero, de dónde sale el dinero de Podemos.

Pablo Planas
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Confiemos en que Évole tenga lo que hay que tener para pregunta algún día, a Iglesias o a Monedero, de dónde sale el dinero de Podemos.

El gran legado político de Jordi Pujol i Soley consiste en haber ratificado el carácter axiomático de dos sentencias ya de por sí inapelables: el hábito no hace al monje y dime de qué presumes y te diré de qué careces. Como a Pujol nunca le ha interesado la pela en términos prosaicos, de lo que se jactaba era de una moral incorruptible, una entrega absoluta a la causa, de un ascetismo cartujo y una pobreza solemne, que es precisamente todo lo que ha caído tras la Confesión.

El caso Pujol favorece pautas análiticas generales sobre la corrupción, la moralidad y la imagen pública, ángulos sobre los que se sostienen discursos tan cuestionables como el de Podemos, partido al que el CIS acaba de situar entre el PP y el PSOE en intención directa de voto. Una encuesta no es lo mismo que el share y la medición de audiencias, pero en el caso del partido de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero el verdadero sondeo está en los platós y, de momento, los Sálvame políticos en los que participan mantienen un gran éxito de público. Un público que se supone mayormente a favor de Pablo Iglesias cuando tiene delante a un Paco Marhuenda, por ejemplo.

Sea como fuere, Iglesias y Monedero, como el amigo Pujol, tienen dos perfiles y no sólo en Facebook. Tenemos a los activistas comprometidos que pernoctan en casas de amiguetes europeos para no costarle al erario comunitario las habitaciones de hotel previamente reservadas y pagadas. Un desperdicio, pero la pareja funciona en modo Julian Assange antes de encontrar asilo en la embajada ecuatoriana en Londres. Monedero e Iglesias son más sobrios que el presidente de Uruguay, José Mújica, que también presume de una austeridad legendaria.

Cuando le masajeó Jordi Évole, el gran periodista catalán surgido de la factoria de TV3 (eran los buenos viejos tiempos de la productora El Terrat, de Buenafuente y la Generalidad soltando pastizaras para coñetas, gracietas y comedietas con las que distraer al personal y el erario público), Mújica dijo que él no era austero, sino sobrio, porque la palabra austeridad la habían corrompido en Europa la Merkel, Rajoy y Strauss-Khan. Mientras, Évole levitaba de placer en la chacra tupamara.

Iglesias y Monedero son aún más ostentosos en su sobriedad que el compañero presidente del Uruguay, presumen de eau de suburbano, de bukaneros (los hinchas radicales del Rayo Vallecano) y de comprarse las camisas en el Carrefour. Y ahí es donde empieza a peligrar el mito, porque está claro que ni Pablo Iglesias se lava el pelo con champú de huevo (de marca blanca, of course) ni su cuidado postureo y vestuario lo consigue en unos grandes almacenes, entre el pasillo de encurtidos y la sección de bricolaje. No cuela, colega.

Todo lo cual nos conduce de nuevo al ombligo catalán, a la borra o sustancia. Monedero e Iglesias prometen transparencia, igualdad, honradez, cercanía, justicia social, favorecer a los pobres, brear a impuestos a los ricos y, lo mejor, una paga universal. Lo mismo que Pujol con lo de que nunca llevaba dinero encima. La parte que no se ve es la asesoría política al régimen chavista y lo de condenar las "actividades" de Eta (eufemismo de asesinatos, coches bomba, ataúdes blancos y un largo etcétera de otras "actividades").

Y menos aún se ve la parte del dinero que paga la juerga mediática y política de Podemos. Es decir, que de dónde procede y que de cuánto dinero estamos hablando. Confiemos en que Évole tenga lo que hay que tener para preguntárselo algún día. A Iglesias o a Monedero, si es que se atreve con el Stalin de Lavapiés.

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