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Pablo Planas

Rechifla general en Cataluña

Es mucho más fácil y menos arriesgado desobedecer al Tribunal Constitucional que a la Generalidad.

Pablo Planas
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Es mucho más fácil y menos arriesgado desobedecer al Tribunal Constitucional que a la Generalidad.

El 9 de noviembre continúa. Los catalanes tienen de plazo hasta el próximo martes día 25 para votar en el referéndum que según Rajoy no se ha celebrado pero por el que Torres-Dulce se va a inmolar en la pira de la Ley. La rechifla entre los tácticos de Artur Mas es generalizada. A estas alturas, una querella es un acto de dignidad que en modo alguno puede atajar las vías de agua abiertas por la ineficaz gestión política del expediente. A Mas, acostumbrado a saltarse todas las leyes sin la más mínima consecuencia y que ha convertido el incumplimiento de las sentencias sobre el español en los colegios en hecho cotidiano, le da la risa, se parte y se monda.

Aún hay despistados, voluntariosos y recién llegados que se presentan en las oficinas de la Generalidad para votar y pueden hacerlo sin ningún problema, prodigio que dos semanas después de la jornada electoral (elecciones las llamó el presidente del Gobierno) es peor para las garantías judiciales que para las democráticas. El impagable servicio prestado por nueve fiscales de Cataluña a la secesión, la sedición o el carajo de la vela, que diría Arzallus, demuestra quién manda en realidad sobre el terreno. La conclusión es obvia. Es mucho más fácil y menos arriesgado desobedecer al Tribunal Constitucional que a la Generalidad, cuyo control, uso y abuso de los resortes estatales en Cataluña financia el Gobierno del PP sin límite de crédito, como una tarjeta negra.

Dice Rajoy que su obligación es gobernar para todos los españoles y que no dejará de financiar servicios básicos de los catalanes cuando se le pide que corte el grifo. Tiene toda la razón, pero ni Arriola ni Moragas deben estar al corriente de que lo que paga el Estado en Cataluña no son las prestaciones a los ciudadanos por sus impuestos sino TV3, las urnas, las papeletas, la propaganda y los sueldos de los altos cargos que organizaron el primer referéndum de autodeterminación de la historia de España, incluidas las nóminas de unos fiscales erigidos en junta electoral del infausto 9-N.

La moral de victoria en el frente separatista está por las nubes. La política catalana es una juerga, barra libre, cachondeo general con el fiscal, con el JEME y con el Jaja. Mas corre el riesgo de que se le descoyunte la prognática mandíbula de Habsburgo mientras escribe la carta a los Reyes Magos. Aún se acuerda del primer movimiento de Rajoy: encargar al ministro de Exteriores el caso catalán.

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