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Pablo Planas

Tiembla, Madrid: llegan Homs y Rufián

El catalanismo prepara una ataque con dos torpedos sobre la línea de flotación del Congreso de los Diputados.

Pablo Planas
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El catalanismo prepara una ataque con dos torpedos sobre la línea de flotación del Congreso de los Diputados.
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El proceso separatista se tambalea. Señales de humo, vapor de locomotora averiada. Si la botella está medio llena, habrá elecciones en marzo. Si medio vacía, Mas y Baños llegarán a un acuerdo sobre la campana para prolongar la agonía. Y también habrá elecciones, pero algo más tarde. Lo inmediato es el 20 de diciembre y ahí que el catalanismo prepara una ataque con dos torpedos sobre la línea de flotación del Congreso de los Diputados.

De la Cataluña oficial se puede esperar cualquier cosa, pero en un nuevo giro de la trama los convergentes presentan a Francesc Homs, el ariete del proceso, el Morrosko de Taradell (partido judicial Vich), el Zoquetemelk de la ruta del boletaire. Dice que va en bicicleta de carreras de carretera como Ibarretxe y ni se sonroja porque no cuenta una verdad desde que se afilió al sindicato de estudiantes nacionalistas. Del 69 y licenciado en Derecho, se ha pasado la vida en la Generalidad y en CDC sin más habilidad conocida que la de asentir ante Mas, Rull, Turull, Tururull y el clan Pujol. Tremendo intelectual, fue miembro del consejo asesor de la Fundación Centro de Estudios Jordi Pujol, como Vicenç Villatoro y algún otro ilustre pensador. Lo raro es que hayan sobrevivido políticamente a semejante currículo, pero ahí están, con la cabeza bien alta, como Marta Ferrusola. Quién se lo iba a imaginar, ¿verdad?

Homs parece un tipo ufano, un hombre simpaticote y abierto, de los que se manejan en Barcelona con la suficiencia cebolluda de los catalanes de pura cepa y de comarcas. El producto más depurado de un atracón de alubias con butifarras si es que somos lo que comemos. El verbo está a la altura de la ingesta y sus efluvios. Aficionado a las componendas, a la acción directa y a cortar cabezas, ha perdido el favor de Mas, que lo manda a Madrid como escarmiento y represalia, tanto para él como para los diputados del Congreso. Se van a enterar de lo que es un diputado jabalí.

Lo de ERC es más gordo todavía. Gabriel Rufián es su candidato, un chavalote con pinta de concursante de Gran Hermano u Operación Triunfo. Un treintañero sin oficio conocido que dice que se pagó el graduado social trabajando en unos grandes almacenes y que después se dedicó a la selección de personal, dirección de equipos y comunicación en el sector metalúrgico, ojo al piojo. Sus padres se conocieron en un mitin de Bandera Roja, en el cuarto de estar tenían el retrato del Che y los domingos por la mañana escuchaban a Víctor Jara. Ni Pablo Iglesias tiene más cuento ni el mayor de los Pujol más jeta que este individuo. Agasajado por los medios catalanes, habla español en TV3 para demostrar que el idioma no es un problema. Pero en la intimidad pide que le llamen Biel y es un enfervorizado talibán de la inmersión lingüística. Con aires de paciencia franciscana y verbo reposado, como si hablara ante lerdos, es capaz de soltar diecisiete consignas en medio minuto. Un pasmo. Y lo han colocado delante de Joan Tardà, la mula parda de ERC y hombre harto popular, porque quieren ganarse el voto charni. Eso sí, sin mezclarse. Rufián no milita en ERC, sino en la filial castellanoparlante, una cosa llamada Súmate. Pues eso, que se van a enterar en Madrid.

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