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Y si habla mal de España...

Los impulsores del proceso separatista catalán han pasado de hacer trampas a hacerse trampas, entre ellos y al solitario.

Pablo Planas
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Oriol Junqueras, Carles Puigdemont y Raül Romeva | EFE

Los impulsores del proceso separatista catalán han pasado de hacer trampas a hacerse trampas, entre ellos y al solitario. El desmoronamiento de Convergencia suscita expectativas históricas en la ERC de Oriol Junqueras, quien a estas horas del proceso es el aspirante con más opciones a convertirse en el futuro presidente de la Generalidad. El recelo entre miembros de uno y otro partido, que comparten grupo parlamentario y sillas en el Ejecutivo autonómico, es tan notorio que los convergentes acusan a los republicanos de haber preparado el programa de preguntas de los ciudadanos en TV3 que reflejó la inconsistencia y vacuidad del presidente por accidente.

Inserto en el entorno de la Cataluña real, con personas que abogan por la independencia y otras que no, Puigdemont resultó ser un animal doméstico abandonado en la jungla, un caniche en la jaula de los leones, un extraño en un hábitat desconocido. Que ya haya anunciado que no piensa presentarse a los próximos comicios tal vez explique la triste y patética actitud de Puigdemont en la televisión autonómica.

Este pasado martes, el presidente de la Generalidad con fecha de caducidad pretendía resarcirse en Bruselas, donde le esperaba un auditorio más que favorable. Nacionalistas llegados de todos los puntos de Cataluña, el personal de la embajada ante la UE, la flor y nata de los diplomáticos autonómicos, los altos cargos de la Generalidad dedicados en cuerpo y alma a la internacionalización del caso catalán, grandes amigos y todos acólitos. En suma, un acto que en beneficio de todos se podría haber llevado a cabo en Sabadell, Manresa o Mataró y que habría tenido el mismo eco internacional y relevancia institucional.

A pesar de ello, los propagandistas del proceso glosan la importancia de la conferencia, la contundencia y coherencia de Puigdemont, acompañado por el propio Junqueras y Raül Romeva, el minister, la fuerte impresión causada entre los asistentes, las connotaciones históricas de la charla bruselense de los pesos pesados de la Generalidad, así como el enorme interés suscitado en Europa.

Si lo de TV3 fue una celada de ERC contra Convergencia según Convergencia (actual PDEcat), lo de Bruselas está resultando una grotesca trampa en el apasionante entretenimiento con naipes del solitario.

"El mundo nos mira", se jactan los protagonistas de la bufonada. Habrá referéndum, sostiene impertérrito Puigdemont, a pesar de no tener garantizado aún el apoyo de la CUP a los presupuestos que deben hacer posible la réplica del 9-N.

Por otra parte, la falta de sentido del ridículo de estas gentes resulta carísima. Junqueras, en su discurso técnico, peroró sobre las bondades de la economía catalana y el lastre que supone España en la materia. Al dar las gracias al público se olvidó citar a Montoro, que no estaba en la sala, pero que con su uso discrecional del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) hizo posible que tres políticos españoles vertieran pestes contra España a costa de los contribuyentes de toda España.

Como escribió el poeta de Reus Joaquín Bartrina, "si alaba a Inglaterra será inglés/ si reniega de Prusia, es un francés/ y si habla mal de España... es español". Malo y desagradecido, pero español.

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