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El bastardo, el legítimo y el lelo

¿Qué está pasando en España, señoras y señores?

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En estos días conmemorativos de los 200 años del nacimiento de Marx en Treveris, Renania, es natural que se hable de su hijo bastardo, el que tuvo con su asistenta, Helen Lenchen Demuth, y al que nunca reconoció. El bastardo del Moro, que así llamaban a Marx en familia, se llamaba Freddy Demuth. Todos, incluso su madre y sus hermanastras, le ocultaron de quién era hijo – se creyó que del general Engels, que cargó con la culpa bien a disgusto–, para no perjudicar la causa del comunismo. Muchos ven ahí el principio de la obsesión de los comunistas por la mentira y la ocultación. De hecho, hasta 1962 no se pudo demostrar que, en realidad, el humilde Freddy fue hijo del Moro. Fíjense en el arte del engaño de más de un siglo. Hay todo un libro titulado El bastardo de Marx, que su autor, Juan Carlos Ruiz Franco, considera una novela documental, que recoge las investigaciones sobre este acontecimiento y reproduce cartas y textos altamente instructivos. Con esta novela se puede completar el apunte de Carlos Alberto Montaner sobre la familia disfuncional de Marx, el descubridor científico de la ley de la historia humana, según Engels, en estas mismas páginas de Libertad Digital. Dos siglos después, aún respira en España bajo las barbas de Pablo Iglesias y su lacayo Garzón, bajo un Himalaya de mentiras (Besteiro), dictadura y crímenes.

Pero al lado de los bastardos, hijos de padre conocido pero no reconocidos, están los legítimos, sean hijos, sucesores o marionetas. Este pasado sábado presenciamos la actuación, memorable por tantas cosas que no deben olvidarse, del legítimo muñeco de Puigdemont, Quim Torra. Por un momento pensamos que habíamos vuelto al siglo XIX y que era otro redivivo Pompeyo Peius Gener el que dividía porque sí a los españoles en dos: la raza aria, sobre todo la raza catalana, que iba del Ebro a los Pirineos, y la otra, la que ocupaba desde el Ebro al Estrecho de Gibraltar, que era semita y presemita (esto es, esclavos) y aun mongólica o gitana.

Este Torra, el legítimo, mostró a todos los que escucharon su discurso de investidura como sucedáneo del payés errante (deuda con Pepe García Domínguez) que, además de un filonazi racista y absurdo, es realmente un totalitario, como su mentor. Puede comprobarse que más de la mitad de los catalanes no quieren la independencia ni albergan tal odio racista, pero a este iluminado le da lo mismo. Se trata de imponer dictatorialmente, al margen del derecho y de la ley, la voluntad de poder de su minoría a la mayoría. Esto es, este señor no sólo no va a resolver nada, sino que va a revolverlo todo. Su consigna es conducir Cataluña a las inmediaciones de una contienda civil gracias a la complicidad de un Rajoy que va a dejar España más loca que nunca jamás.

Y luego está el lelo, teledirigido y aupado por independentistas, que entona Els Segadors, hubiera preferido cantar en catalán y se llama García. Una pista, nos ha representado, dicen, en Eurovisión.

¿Qué está pasando en España, señoras y señores?

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