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O hay querellas o todo es una farsa

Se trata de saber si el Rey conocía el golpe de Armada diseñado por el Cesid y si lo consintió o propició o, incluso, lo patrocinó.

Pedro de Tena
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Es que no hay ni puede haber término medio. Periodista por razones alimentarias desde 1981, sólo he sufrido dos querellas por delitos relacionados con mi oficio. Una, interpuesta por orden del gobierno González en 1991 a causa del escándalo de Juan Guerra, contra los compañeros del incipiente equipo de investigación de El Mundo entre los que yo estaba incluido. Se nos acusó de que una información sobre el consejo de ministros era falsa. No prosperó. La otra, instrumentada por el ex gobernador del Banco de España ya fallecido, Mariano Rubio, pedía carcel e indemnización para mí porque en uno de mis artículos se escribió que había viajado "gratis total" en un barco. Rubio y su entonces esposa, Carmen Posadas, presentaron una factura de pago y yo demostré que era falsa. De las dos salí, pues, airoso, afortunadamente.

Media España anda escandalizada con el libro de Pilar Urbano sobre el Rey, Adolfo Suárez, el 23-F y demás tinieblas de la historia. Conocí a Pilar Urbano en el Rocío cuando vino el papa Juan Pablo II a la aldea marismeña y quiero decir que estuve hablando con ella un rato. Recogió algunas de mis palabras, textualmente, y las publicó en su artículo del día siguiente citando la fuente, o sea, a mí. Otra periodista, progre por cierto, me reclamó ideas e información sobre el mismo tema que vi reflejadas después textualmente en su pieza sin mención alguna a mi persona. O sea. De Pilar Urbano algunas cosas me han gustado y otras no, pero esa no es la cuestión. La cuestión es si, como en mi caso, ha sido fiel a las fuentes y a la interpretación de los hechos que le transmitieron o no lo ha sido.

Si no lo ha sido y ha mentido -esto es, ha dicho lo contrario de lo que ocurrió con intención de engañar, véase el catecismo del padre Ripalda-, o tergiversado, álguienes, Alfonso Suárez hijo por ejemplo, tienen que querellarse, aunque por mucho más que por una foto cuyos derechos de autor ni siquiera posee ya. Es más, debería haber una cascada de querellas criminales por diferentes delitos de muchos de los mencionados en el libro y desde luego, la Casa Real tendría que interponer una de las más gordas y extensas por todo el daño que se le causa. Seguramente el libro se leerá más, pero la calumnia, si lo es, no quedará impune. Lo que no puede ser es que se organicen comunicados o silencios descalificatorios contra la periodista y luego "fuese y no hubo nada".

Se trata de saber si el Rey conocía el golpe de Armada diseñado por el Cesid y si lo consintió o propició o, incluso, lo patrocinó. Es un tema relevante para la historia y el futuro de la monarquía en España. Si es que no, vengan las querellas y las medidas cautelares. Si éstas no llegan, permítanme que prepare con esmero mi mejor risa floja. Una vez más.

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