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Pedro de Tena

Para un 'Manual de repugnancia'

El aliado de los asesinos quiere predicar en el acto de recuerdo del asesinado. Sí, sí, es repugnante. ¿Y qué?

El aliado de los asesinos quiere predicar en el acto de recuerdo del asesinado. Sí, sí, es repugnante. ¿Y qué?
Hermana de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP asesinado por ETA. Es presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo | EFE

Hay quien no escribió el libro Manual de resistencia, libro que trata de ocultar la ausencia de convicciones éticas del no autor que, como todos saben y subrayó hasta Juan Luis Cebrián junto con muchos otros, no fue Pedro Sánchez. Firmar un libro que no se ha escrito o fingir una tesis que no se ha elaborado es algo que debería repugnar a una conciencia democrática. En otros países, el descubrimiento de un fraude así conlleva la dimisión inmediata.

Simular que en España la corrupción es característica que afecta a un solo partido, el PP, es igualmente repugnante. Lo es no sólo porque es falso. No parece que haya un solo partido político que no la haya albergado en su seno, consecuencia del poder desmesurado de los partidos en el esquema constitucional. Lo es mucho más cuando la corrupción socialista (veamos sólo la económica-política, que hay otras muchas formas de ella, véase las checas o los GAL) desde la fundación de su partido ha sido escandalosa, desde el oro de Moscú y el tesoro del Vita hasta el caso ERE, el del fraude de la formación o la FAFFE, pasando por el caso Juan Guerra, Ibercorp, Filesa y el asunto Roldán y la Guardia Civil.

Toda repugnancia deriva del rechazo al tartufismo moral, a la falsificación con encubrimiento, a la perversión con disfraz, al ejercicio de ilusionismo que impide a la gente acceder a la realidad que se oculta. Digo esto por el caso del homenaje a Miguel Ángel Blanco, ejecutado por ETA a cámara lenta ante toda España, barbarie terrorista de la que se cumplen 25 años. Sabido es que, desde que el PSOE fue ocupado por el "viento" de José Luis Rodríguez Zapatero, comenzó un macabro baile agarrado a los etarras y ex etarras que habían asesinado a muchos socialistas, Fernando Múgica y Fernando Buesa, entre otros muchos. De las víctimas del PP no hablamos, que fueron muchas más. Y no digamos nada de las innumerables militares o policiales o civiles. Pero sabido es que Pedro Sánchez está pactando un día sí y otro no con los exetarras y sus herederos.

¿Puede pactarse con los sucesores políticos, con muchos de los asesinos colocados en puestos relevantes? ¿Puede "blanquearse" a quiénes mataron a 955 españoles e hirieron a 16.000, a quiénes perpetraron 3.600 atentados y más de 4.500 acciones de kale borroka? ¿Pueden olvidarse los 42.000 amenazados, los 10.000 extorsionados y los 60.000 exiliados forzosos a los que incluso se les impidió votar en el País Vasco? ¿Se puede concordar con quienes no sólo no han pedido perdón a nadie sino que se niegan a aclarar 314 asesinatos pendientes de acción judicial? Sí, sí se puede. Lo hacen Pedro Sánchez y sus socios comunistas y nacionalistas. Su última pirueta repugnante ha sido conceder a la ex ETA el poder de alterar la historia desde la ley para justificar alrededor de 800 asesinatos perpetrados hasta 1983. Se trata de convencer al mundo de que poner una bomba o pegar un tiro en la nuca a alguien, Miguel Ángel Blanco, por ejemplo, por razones políticas es un ejemplo de valores democráticos. ¿Es o no repugnante?

Se preguntaba la filósofa norteamericana y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, Martha C. Nussbaumn, en su libro Envejecer con sentido (escrito junto a Saul Levmore) qué es la repugnancia. Es una emoción, dicen, que se siente ante el desagrado que nos producen nuestras propias miserias corporales, sean excrementos u olores cadavéricos, algo universal Pero además, tratan lo que llaman repugnancia proyectiva, que se relaciona con los cuerpos envejecidos. La repugnancia no es una sensación de peligro, sino de contaminación. El PSOE es un partido viejo que la suscita, o debería.

Ocurre, sin embargo, que la sociedad española está sufriendo lenta, continua y escalonadamente una vacunación política e ideológica contra la repugnancia que sintió hace 25 años cuando el Paseo de la Castellana de Madrid y la Puerta del Sol se llenaron de manos blancas, manos libres y asco por el nauseabundo asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta tal punto debe estar Pedro Sánchez seguro de que la esterilización sentimental se ha producido ya que ha anunciado que piensa ir al acto que en honor a la víctima, esto es, a todas las víctimas, se celebrará el próximo día 10 de julio en Ermua. O sea, el aliado de los asesinos quiere predicar en el acto de recuerdo del asesinado. Sí, sí, es repugnante. ¿Y qué?

Cierto es que las víctimas y sus asociaciones, ya veremos si todas, se niegan a ir a la representación sanchista si el felón consuma su alevosía. Pero, ¿y los demás españoles a los que se nos infecta en las escuelas, en los libros de texto, en los medios de comunicación y las redes sociales con el virus de la insensibilidad ante la repugnancia diseñado en los laboratorios del PSOE y Bildu? Dentro de poco se escribirá que la democracia en España fue fruto de la acción combinada del PSOE y de ETA y no sentiremos repugnancia alguna. Quien dijo que la mentira tiene las patas muy cortas no tenía ni idea. Algunas llegan a ser gigantes y universales.

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