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Pedro el Cruel y los socialbárbaros

Urnas de abril, haced que pase de España este cáliz. Amén.

Pedro de Tena
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EFE

Tuve un tío practicante, así se decía entonces, que, cuando iba a inyectarme un "hepal crudo" con aquella jeringa hervida en un estuche de acero parecido a una lata, me decía para aliviarme el ánimo: "Ah, don Pedro el Cruel", y yo le contestaba aleccionado por mi madre: "El justiciero, tío, el justiciero". Pues, ea, ya hemos llegado a la crueldad, una sima más negra que la injusticia de Dámaso Alonso porque implica indiferencia o, incluso, regodeo en el sufrir ajeno. Apareció en un mitin del pasado día 6 en Sevilla, pero ya había enseñado la patita hace una semana en Huelva con los mismos protagonistas: Susana Díaz y Pedro Sánchez.

O sea, que la derecha es cruel, y la andaluza, la más cruel de todas las derechas, aunque no haya gobernado el Sur desde 1979. Da igual lo que haga porque eso de la crueldad pertenece a su esencia. Así, la crueldad se hace primera actriz del espectáculo de los nuevos socialbárbaros para los que la política es una mera representación que nada tiene que ver con la verdad ni con los hechos, sino que disimula, confunde y convierte la realidad compleja en píldoras simplistas y propagandísticas que pretenden suplantar al sentido común y diseñar el sinsentido que les conviene. Si Hegel vota a Vox, como quiere mi asombroso Sánchez Dragó, san Nihil, nuevo santo, vota a Sánchez.

Lo de socialbárbaros viene de la expresión "socialismo o barbarie", que hizo su agosto en la década de los 60, aunque criticaba por igual al neocapitalismo (antecedente del neoliberalismo) y al socialismo real, buscando una tercera vía antes de la caída del Muro de Berlín. La disyuntiva ya era intencionada porque hacía imposible pensar que la barbarie tuviera otra contención que un socialismo imaginario. Sí, porque ya se sabía que la peor barbarie era el socialismo practicado.

En Andalucía, especialmente, si ha habido algo cruel ha sido un régimen que ha mantenido diez puntos diferenciales de paro durante décadas, que ha ocupado las instituciones como si fueran de su propiedad, que ha destrozado la sanidad pública y la cultura crítica, que ha ocultado a los dependientes que han muerto esperando una ayuda –qué mala muerte–, que ha colocado a decenas de miles de afines, afiliados y familiares en todas partes y que no ha sentido ni una pizca de piedad por sus centenares de miles de víctimas, desde parados a opositores excluidos por sus enchufados y a otros sufridores.

Pero Pedro Sánchez no se refiere a esta barbarie consistente en convertir la democracia en un feudo sectario donde el partido suplantaba a la Comunidad. Tampoco se refiere a la barbarie feroz de ETA porque necesita sus tiro-votos Bildu para dominar el cotarro, ni a la barbarie de un separatismo catalán, que se pasa las leyes y la democracia de sus bestezuelas por el arco del triunfo, ni a su propia barbarie de usar el dinero público para su campaña electoral, ni lo de gobernar por decreto ley ni a otras barbaries. Para este Pedro el Cruel, con sus forzosos figurantes socialbárbaros del Sur, la barbarie son los otros. Es el principio del majareta peligroso (y resistente). Urnas de abril, haced que pase de España este cáliz. Amén.

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