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Andalucía

Pedro de Tena

Teresa Rodríguez, los gitanos, el flamenco y su profecía sobre 'Kichi'

En casi toda Europa se expulsó a los gitanos, pero no en España.

Pedro de Tena
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En casi toda Europa se expulsó a los gitanos, pero no en España.
Teresa Rodríguez en un acto reciente. | Cézaro De Luca / Europa Press

Por Internet ha circulado profusamente un cartel que anunciaba un partido del fútbol entre el Cádiz CF y la Selección Escuadra Alemana, que estaba fijado para el 30 de abril de 1939, "año de la Victoria", que se disputaba por la copa Sociedad Gaditana de Fomento en homenaje a los marinos alemanes. El encuentro se celebró en al Campo Mirandilla, luego estadio Ramón de Carranza.

Pues Nuevo Mirandilla es el nuevo nombre con el que se ha rebautizado el famoso estadio gaditano gracias a una consulta democrática alentada por la alcaldía que rige José María González Kichi. Sólo ha habido 1.068 votos válidos de los que menos de 300 son los apoyaron el cambio de nombre que se ha hecho legal. Sólo el Cádiz CF tiene más de 16.000 socios y el censo electoral de la ciudad en 2019 ascendía a casi 100.000 personas. Todo el montaje ha ido destinado a eliminar el nombre del "fascista" Ramón de Carranza del estadio.

No era la primera hazaña de Kichi. Recordemos otras dos. La retirada de toda mención, presencia o rótulo relativo a José María Pemán de las calles y la vida de Cádiz, a la que ya aludimos recientemente, fue una de ellas. La otra, la eliminación del busto de Mercedes Formica, falangista en sus inicios como tantos pero que luchó de manera efectiva por los derechos de la mujer.

Este último caso fue llamativo porque los comunistas españoles, los de Madrid y los de Cádiz, no se pusieron de acuerdo en el anatema. Mientras Más Madrid quiso dedicarle una calle en Madrid (para impedir que la calle se llamara Caídos de la División Azul mientras Kichi, en octubre de 2015, decidió que el Ayuntamiento retirase el busto que Mercedes Formica tenía destacado en la Plaza del Palillero.

Ahora, seguramente días de descanso mental para Kichi, ha tomado el relevo su compañera sentimental y líder del nuevo partido Adelante Andalucía, formación derivada de su discutida expulsión del grupo parlamentario de Podemos e IU. En su reciente acto de puesta de largo político, Teresa Rodríguez afirmó que el flamenco "es el testimonio vivo de la lucha del Pueblo Gitano contra el exterminio ordenado una y otra vez por los reinos de Castilla". (En 2019 llamó a Santiago Abascal, "el pistolero de Bilbao" mientras ignoró que fue ETA la que ha matado a cerca de 1.000 españoles y sus simpatizantes los que acosaron durante años a Abascal).

El mensaje tuitero contiene varias afirmaciones: la identificación única del cante flamenco con los gitanos; el exterminio ordenado "una y otra vez" contra el colectivo gitano sin precisar sus límites temporales y su referencia a los reinos de "Castilla". Esto último parece una broma impropia de quien ha ejercido durante años y volverá a ejercer de profesora cuando abandone la actividad política.

Nadie puede negar con solvencia que determinadas minorías fueron maltratadas por la ascendente nación española desde los tiempos de los Reyes Católicos, como lo fueron en todos los demás. En momentos de unificación nacional y creación de estados modernos, en casi toda Europa se expulsó a los gitanos, pero no en España.

Cierto es que hubo ominosos planteamientos, como la "gran Redada" de 1749, pero los verdaderos exterminios gitanos consumados, en la misma proporción que los sufridos por los judíos según Simón Wiesenthal, fueron obra de la Alemania nazi, que no empezó la persecución que ya estaba vigente en numerosos países.

Desde la transición democrática española y la Constitución de 1978, el respeto y la consideración de los gitanos como ciudadanos libres e iguales es ya total aunque todavía resistan discriminaciones y ataques puntuales hacia la etnia gitana como tal. De hecho, España puede considerarse como una nación ejemplar en el trato hacia todos los ciudadanos sean de la raza, etnia o colectivo que sean.

A Teresa Rodríguez sólo le interesa destacar el pasado español en la materia, pero se esmera en olvidar que después de la Segunda Guerra Mundial la mayoría de la población gitana de Europa permaneció bajo regímenes comunistas y que nunca se mejoró su situación porque cualquier grupo que no se comportase de acuerdo al modelo estatal, alteraba el concepto de planificación central y era considerado hostil. La URSS declaró ilegal el nomadismo en 1956.

En nuestros días, la hostilidad hacia los gitanos no es propia de España. Algunos ejemplos lo dejarán bien claro. La segregación escolar se da en la Europa del Este. Tampoco hay buen trato en Holanda, Austria, Francia, Bélgica o Reino Unido. Se ha denunciado que en 2008, Silvio Berlusconi censó y expulsó en masa a los gitanos en Italia y que Nicolas Sarkozy hizo algo parecido en 2010.

No se sabe que Teresa Rodríguez se haya referido alguna vez a que el gobierno socialista francés de François Hollande se esmeró en derribar las chabolas y campamentos de 20.000 gitanos y se negó a que su Estado del Bienestar se negara a prestarles servicios. Eso sí, Hollande prometió durante la campaña electoral una cosa bien distinta a la que hizo.

Los informes sobre Derechos Humanos señalaron la discriminación existente en Grecia y en Hungría en 2013. En Suecia, en marzo de 2014, el Libro Blanco auspiciado por el Gobierno conservador reveló que, en entre 1934 y 1974, miles de mujeres gitanas fueron esterilizadas, perseguidas, marginadas y obligadas a abortar o a entregar a sus bebés a las autoridades, dentro de un plan oficial que consideraba que los gitanos eran una raza inferior". Pero resulta que entre los años 1932 y 1976, gobernaron los socialistas suecos de forma ininterrumpida.

Esto es, insinuar en estos momentos de la historia de España que el trato dado a los gitanos tiene más que ver con el pasado que con las libertades derechos y deberes derivados de la Constitución o con recientes comportamientos de civilizados países europeos, es sencillamente un ejercicio demagógico que desacreditan intelectual, política y moralmente a quien lo protagoniza.

Teresa Rodríguez y el flamenco

Y nos queda el flamenco. Desde hace mucho tiempo, la investigación sobre el cante jondo tiene claro que la presencia de los gitanos en su desarrollo es muy importante. Sin embargo, nadie puede decir que el cante flamenco o jondo sea un mero "testimonio vivo" de lucha alguna ni creación exclusiva de los gitanos.

Ni siquiera se ha demostrado ni se defiende sin más que el cante flamenco sea una creación gitana. Es más, no pocos investigadores altamente reconocidos como Manuel Bohórquez han dicho con claridad que "hay cantes como los de fragua, las seguiriyas o las soleares en las que los gitanos han tenido muchísima importancia, pero otra cosa diferente es que crearan los sistemas musicales del flamenco, que estaban en Andalucía mucho antes de que llegaran. No me parece justo que los gitanos se quieran apropiar del flamenco".

Que tal tentación se ha dado entre determinados sectores gitanos, es la consideración de uno de los mejores cantaores de todos los tiempos, que no era gitano sino payo, y se llamó don Antonio Chacón, de Jerez. La presencia de una "flamencología maniquea y excluyente", expresión del crítico Fermín Lobatón, hizo que su propia ciudad de nacimiento lo desmereciera.

Hace dos años, con motivo del 150 aniversario de su nacimiento, el llamado "Papa del cante" y "Orfeo de lo jondo", comenzó a recuperarse la figura de quien Gayarre quiso convertir en tenor por la pureza de su voz. Pero era payo, como otros grandes cantaores, y su presencia ya hacía comprender que lo flamenco y su arte era mucho más amplio y profundo de lo que algunos querían hacer creer. Baste anotar que las puellae gaditanae del Cádiz romano ya bailaban con castañuelas.

En el primer número de la Revista Flamenco, Cuadernos de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos de Jerez de la Frontera, antecesora de la Revista de Flamencología, de septiembre de 1960, se escribió textualmente:

"Los investigadores encuentran en el Cante Jondo cuatro acusadas influencias. A saber: la árabe -quizás la más importante-, que se dejó notar en nuestra música popular a partir del año 711 , fecha en que tiene lugar la histórica batalla del Guadalete, en las cercanías de Jerez; la ejercida por la música litúrgica bizantina, adoptada por la primitiva Iglesia Católica española, hasta el siglo onceno; la de los cantos sinagogales judíos, algunos de cuyos rasgos prevalecen aún en ciertas saetas y coplas de la Nochebuena de Jerez; y finalmente, la de las melopeas de los gitanos, desde que nos la dieron a conocer a mediados del siglo XVIII, y más abiertamente en el XIX, una vez que fueron renunciando al nomadismo y decidieron asentar su hogares en las ciudades de nuestra patria, especialmente en Jerez, que ha sido calificada por este hecho "sede del gitanismo español" (Carlos y Pedro Caba), y "ciudad de los gitanos" (F. García Lorca)".

El estudioso y amante del flamenco, Luis Suárez Ávila, de El Puerto de Santa María, niega toda esa hipótesis (Lo morisco y lo judío en el flamenco no son más que invenciones, dice) y explica a Libertad Digital que en el fondo de flamenco laten muchos elementos culturales españoles y un componente negroide aún poco investigado, con los que los gitanos trabajaron para contribuir al flamenco en cuanto adoptaron una forma sedentaria de vivir.

Pero, precisa, como antes lo hizo el poeta Fernando Villalón, que el mundo, en este caso, el mundo del flamenco, se divide originalmente en dos: Sevilla y Cádiz, sobre todo Triana, algunos pueblos como Utrera y Lebrija (además de otros) y Cádiz y los Puertos con Jerez al final, ya en el siglo XIX.

Escribió Suárez Ávila: "Un buen rastro literario de los cantos y danzas de los gitanos permite confirmar la adopción por éstos y la integración paulatina de materiales muy diversos –pero todos ellos españoles, aunque con algún ingrediente negroide–, deturpados o no, con los que se forja un fenómeno que termina por "normalizarse", apremiado por la necesidad de ser expuesto al público y a diario. Esa normalización va requiriendo de cánones, repertorios, incorporaciones, que acaban por multiplicar sus formas y fijar definitivamente sus maneras, para desembocar tanteando un espurio concepto de "pureza" y posiblemente algunas invenciones de la tradición".

En la forma de ordenar esos materiales influyó, cómo no, la realidad de una forma de vida no aceptada, o perseguida en la sociedad española de la época. Según él, la simbiosis entre lo español y lo gitano es lo que da naturaleza al cante jondo y por eso, a pesar de haber gitanos por todo el mundo, cante jondo sólo hay en España.

No serían graves las manifestaciones de Teresa Rodríguez, la "flamencóloga" como ironiza el estudioso del cante jondo y sus orígenes relacionado con el romancero español, Suárez Ávila, salvo porque señalan el peligro de profesores que sólo atienden a los prejuicios que ellos mismos elaboran sin hacerse el más mínimo eco de la diversidad de explicaciones, teorías y conjeturas sobre el flamenco, algo que en una educación crítica debería ser lo normal en un profesional de la docencia decente.

Como es bien conocido, para una gran parte de la izquierda y muy especialmente de la que Rodríguez forma parte, la imposición de dogmas y la postergación de los hechos e ideas que no concuerdan con ellos, es parte fundamental de su camino hacia el poder único, objetivo confeso que pretenden como modo de imposición de su ideología.

Y, cómo no, en ese camino, no podía esperarse otra cosa que la creciente presencia e influencia de Kichi, su compañero, en las tareas de la nueva formación política. Lo ha profetizado con todas las letras: en el espacio político refundado el pasado sábado el alcalde de Cádiz, José María González Kichi, "juega y jugará un papel importante", auguró.

Luego, eso sí, cayó en la cuenta de que tanto ella, que no descarta optar a la presidencia de la Junta, como su Kichi tienen que estar a lo que digan sus primarias.

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