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Jacques Chirac, el gran enemigo de España

En sus memorias 'El compromiso del poder', Aznar describe la "estrecha relación" entre Rabat y París como una "pinza” o una “tenaza” para España.

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Desde la muerte del general Franco, los presidentes franceses más antiespañoles han sido dos vinculados al centro-derecha: el liberal Valery Giscard d’Estaing (1974-1981) y el gaullista Jacques Chirac (1995-2007).

En sus memorias, Leopoldo Calvo-Sotelo, presidente del Gobierno español, enumera los desplantes y las ofensas de Giscard al rey Juan Carlos y a Adolfo Suárez. De sus vanidades cabe destacar dos producidas en la preparación de su viaje oficial de 1978: la concesión del Toisón de Oro y la apertura de la Puerta de los Leones del Congreso de los Diputados. El diplomático Inocencio Arias (Los presidentes y la diplomacia) dice que los españoles "fuimos en el septenato giscardiano una presa de los intereses electorales del presidente francés y de su partido".

Giscard, explica Calvo-Sotelo, padeció

el que se llamó entonces "síndrome de Luis XIV", que le llevaba a mirar a la nueva España democrática casi como si fuera un protectorado francés.

Dos fueron los asuntos en que Giscard perjudicó a España: la lucha contra los etarras que se habían establecido en Francia, y que en este país gozaban de refugio, campos de entrenamiento y cobertura para cobrar sus chantajes, y el veto a la adhesión al Mercado Común. Calvo-Sotelo añade que, respecto a la lucha contra el terrorismo, "con la llegada de Mitterrand [socialista] al Elíseo, en mayo de 1981, las cosas empezaron a ir mejor".

La pinza de París y Rabat contra España

Sin embargo, Jacques Chirac (el primer presidente de la V República condenado por corrupción) fue más antiespañol que Giscard, ya que su acción no se limitó a la política, sino que se extendió, además, a la esencia de lo español.

Durante los doce años de su presidencia corrupta, Chirac solía instruir a los presidentes hispanoamericanos sobre el carácter depredador de la colonización española, tal como contaba el corresponsal del diario Clarín.

En las protocolares comidas de Estado en el Palacio del Elíseo, el presidente francés Jacques Chirac tiene una pasión cuando el huésped es un latinoamericano: discutir la brutalidad de la conquista española en América latina y la fuerza de las culturas indígenas. La ceremonia se convirtió en el tedio para los ministros de Cultura franceses, que escuchaban en cada oportunidad el mismo tema y rogaban: "Otra vez, ¡no!".

Por supuesto, Chirac se olvidaba de lo que hicieron los colonos y los militares franceses en Argelia y otros lugares, como en el mismo París, donde en 1961 la Policía mató a golpes a más de 200 argelinos desarmados y las autoridades gaullistas lo ocultaron.

En Francia, Chirac recibió el apodo de el Africano, aunque algunos insinúan que le encajaría mejor el de el Marroquí, dados sus frecuentes viajes a Marruecos, para verse con el rey Hasán II y con su hijo Mohamed VI, para descansar, para aconsejar al joven monarca e incluso para compartir con éste un ftur (la comida con la que concluyen los ayunos del Ramadán). También para dar las gracias y visitar a su patrón, ya que cada vez más autores desvelan que Chirac y su partido recibieron dinero de manera ilegal de la monarquía aluita para financiar sus campañas electorales (Ignace Dalle, en Hassan II entre tradition et absolutisme, sostiene que el dictador marroquí entregó a Chirac 5 millones de euros para una de ellas).

Durante los actos por la muerte de Hasán II, en julio de 1999, Chirac le dijo al nuevo rey:

Debo mucho a vuestro padre, majestad, y si me lo permite haré todo cuanto pueda para devolverle todo lo que él me ha dado.

En sus memorias El compromiso del poder, Aznar describe la "estrecha relación" entre Rabat y París como una "pinza" o una "tenaza" para España. Chirac fue abogado de la dictadura marroquí en la Unión Europea, en perjuicio de España. Para romperla, el presidente de Gobierno español, en "una de las decisiones más importantes" de su mandato, dio a los acuerdos españoles con Argelia "el mismo rango que tenían los acuerdos con Marruecos".

Chirac y no el rey Juan Carlos, según Aznar, era el verdadero hermano mayor de Mohamed VI, ya que el francés le había contado varias veces cómo había jugado con el monarca alauí cuando éste era niño. Aznar reproduce los consejos, advertencias y admoniciones que le hizo Chirac para beneficiar a Marruecos, como si ejerciera el papel de policía bueno de los interrogatorios:

Marruecos decretó la prohibición total de faenar en sus caladeros [en realidad, corresponden al pueblo saharaui y Marruecos los explota ilegalmente]. Fue una decisión inspirada por Chirac, que se equivocó por completo.

También aumentó la presión sobre Ceuta y Melilla, y de nuevo Chirac participó en esta estrategia de presión que tenía una finalidad: modificar la posición española sobre el Sáhara, cosa que no ocurrió.

(…) en una reunión que mantuve con él durante la presidencia española de la Unión Europea, Chirac llegó a decirme: "Tratas a Mohamed peor que Sharon trata a los palestinos". (…) "Tenéis que empezar a devolverlo todo [Ceuta, Melilla, los peñones]", afirmó. "No tengo nada que devolver", respondí.

Durante la ocupación del islote de Perejil, Chirac fue el único gobernante europeo que no mostró apoyo a España.

Como escribe el profesor Carlos Ruiz Miguel, quizás el mejor conocedor español de la cuestión saharaui y del régimen constitucional marroquí:

Aznar optó por una política exterior al servicio de nuestros intereses y el resultado fue el enfrentamiento con el corrupto Chirac. Por si alguien lo ha olvidado, Chirac diseñó una política de tenaza contra España valiéndose de Marruecos. Así se pudo constatar, empíricamente, cuando Marruecos invadió la isla española de Perejil. En aquel momento, conviene no olvidarlo, Chirac traicionando los principios de la Unión Europea, respaldó al agresor extra-europeo en lugar de alinearse con el socio europeo agredido.

Vasallos alegres de Francia

Además, Chirac y el canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder trataron de aprovechar la crisis por Irak para

romper amarras con Estados Unidos e inaugurar una nueva concepción de la defensa de los países europeos, más alejada del Atlántico. (…) Una concepción –y esto es clave– en la que España y otros países europeos no tendríamos mucho que decir y en la que nuestros intereses quedarían supeditados (…) al autoproclamado núcleo de la "Europa europea".

Así se explica la alegría incontenida de Chirac y Schröder después de la derrota del PP en las elecciones del 14 de marzo de 2004.

Lo malo es que millones de españoles, entre los que se encuentra gran parte de la clase dirigente (políticos de todos los partidos, altos funcionarios comunitarios, diplomáticos, militares…) están encantados de que España sea un pupilo de Francia. En unos casos por ideología y en otros por comodidad.

El enemigo natural de España dentro de Europa es Francia y su aliado natural, Inglaterra, con la que se comparte la vocación marinera y el interés secundario por los sucesos del continente, del que ambos se hallan separados por la geografía.

Por eso los Reyes Católicos, aparte de querer redondear la unificación nacional con el matrimonio de su hija mayor, la infanta Isabel, con el rey de Portugal Manuel I, enlazaron con la Casa de Habsburgo y, también, con la Casa de Tudor. La alianza entre España e Inglaterra contra la epiléptica Francia se mantuvo hasta el reinado de Isabel I y luego se recuperó brevemente en los reinados de Felipe III y Felipe IV. Sin embargo, es casi imposible llegar a un acuerdo franco entre Madrid y Londres, mientras Gibraltar siga siendo colonia británica y nido de piratas y contrabandistas.

@pfbarbadillo

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