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Pedro Fernández Barbadillo

¿Por qué salvar a la izquierda de sus decisiones?

La derecha española tiene la mala de costumbre de rescatar a la izquierda de su irresponsabilidad. Empezó a hacerlo en la Transición y ahí sigue.

Pedro Fernández Barbadillo
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EFE

La derecha española tiene la mala de costumbre de rescatar a la izquierda de su irresponsabilidad. Como el bonachón que paga los pufos de su cuñado por pena o por responsabilidad. Empezó a hacerlo en la Transición y ahí sigue.

La UCD de Adolfo Suárez permitió que el PSOE exigiese un referéndum sobre la autonomía en Andalucía. Y cuando éste no cumplió las condiciones fijadas para su validez, recurrió al chanchullo del BOE para que los socialistas se salieran con la suya.

En 1982, Felipe González ganó las elecciones generales con promesas demagógicas como la de convocar un referéndum para sacar a España de la OTAN, en la que la había introducido Leopoldo Calvo-Sotelo. Por presiones o por el simple choque con la realidad, González convocó ese referéndum, pero para mantener a España en la OTAN. La izquierda, movida por un sectarismo que le anula hasta el sentido de la vergüenza, obedeció a su amo. Pero la victoria se la entregó lo que Ricardo de la Cierva llamó "derecha de intereses".

La Asociación Española de Banca, pastoreada por el pío Rafael Termes, pidió el sí. Y tanto la banca, financiadora de Alianza Popular, como los aliados europeos de este partido, como el bávaro Franz Joseph Strauss y la británica Margaret Thatcher, conminaron a Manuel Fraga a que apoyara a González. Al final, Fraga, el hombre de los grandes errores, cometió el mayor de ellos y pidió la abstención; millones de sus votantes optaron por el no. González aprovechó su victoria, disolvió las Cortes y tres meses más tarde obtuvo una nueva mayoría absoluta.

La responsabilidad de Estado de los funcionarios de la derecha permitió al PSOE salir del atolladero en que se había metido y ganar otras elecciones. En las oligarquías que dirigen la derecha hay incrustadas varias ideas, como que España es mayoritariamente de izquierdas. Efecto de la anterior es que se necesita una izquierda prudente y madura, para lo cual primero se resucitó el PSOE y luego se aguantan sus necedades; y si es necesario se le echa una mano para que salga del desastre en que se ha metido.

El 28 de abril, los españoles decidieron que gobierne la izquierda (la suma de PSOE, de Podemos y de todas sus mareas, confluencias y comunes supera en más de 700.000 sufragios la suma de PP, Ciudadanos y Vox). ¡Pues que gobierne la izquierda! El sindicato de los empresarios acaba de pedir a Ciudadanos que se sacrifique por el interés de España (lema que empleó el PSOE en el referéndum sobre la OTAN) y apoye un Gobierno de Pedro Sánchez para que éste no tenga que pactar "con radicales", ésos que exigen la nacionalización de las eléctricas y la elevación del Impuesto de Sociedades.

Durante la campaña, Pablo Iglesias aseguró que habría Gobierno formado por Sánchez y Rivera en caso de que lo ordenasen los poderes económicos. Si Albert Rivera aceptase el desprendido consejo de la CEOE y de algunos editorialistas, confirmaría la acusación de la izquierda de que Ciudadanos es un mercenario del Ibex 35, y además rompería su compromiso de antes de las elecciones de no pactar con este PSOE. Es decir, quedaría como un mentiroso y un pelele para que algunos supuestos empresarios siguieran haciendo negocios pegados a la Administración. Menos mal que el catalán lo ha entendido.

Los españoles han optado por un Gobierno de izquierda y los militantes socialistas que celebraban su victoria gritaban "¡Con Rivera, no!". Pues si prefieren gobernar con Oriol Junqueras, Irene Montero o Arnaldo Otegui, adelante. Que sufran la consecuencia de sus decisiones. Quizás así entre en las cabezas de tantos progresistas de salón algo de sensatez, aunque a los demás nos caiga algún cascote.

No habrá remedio mientras la derecha no dé la batalla que lleva cuarenta años esquivando: desmontar la superioridad moral del Imperio Progre.

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