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A qué hora debes regar tus plantas para que sobrevivan al calor

El momento del riego y la forma de aplicar el agua pueden reducir la evaporación y proteger las raíces del calor.

El momento del riego y la forma de aplicar el agua pueden reducir la evaporación y proteger las raíces del calor.
Riego de plantas | Amazon

El aumento de las temperaturas durante las olas de calor obliga a adaptar el cuidado de jardines, terrazas y huertos domésticos. Uno de los aspectos más importantes es el riego, ya que hacerlo a una hora inadecuada puede provocar una rápida evaporación del agua y dificultar que las plantas absorban la humedad necesaria para soportar el estrés térmico.

Especialistas en jardinería y guías de cuidado vegetal coinciden en que el mejor momento para regar es antes de que salga el sol o al final de la tarde, cuando el suelo todavía mantiene temperaturas más bajas. En cambio, regar en las horas centrales del día reduce la eficacia del agua y puede afectar al estado de hojas y raíces.

Antes del amanecer

Durante una ola de calor, el suelo comienza a calentarse desde primeras horas de la mañana. Por este motivo, varios expertos recomiendan adelantar el riego incluso antes de las 7:00 u 8:00, especialmente cuando las temperaturas superan los 30 grados.

Regar antes del amanecer permite que el agua penetre mejor en la tierra y quede disponible para las raíces durante las horas de mayor calor. Además, en ese momento del día la evaporación es menor, lo que ayuda a aprovechar más cada aporte de agua.

También puede regarse al final de la tarde o al anochecer temprano, aunque los especialistas aconsejan evitar que las hojas permanezcan húmedas durante toda la noche para reducir el riesgo de hongos y enfermedades fúngicas.

Las recomendaciones generales sitúan las mejores franjas horarias entre las 6:00 y las 8:00 de la mañana o entre las 18:00 y las 20:00 horas, aunque en episodios de calor extremo conviene adelantar todavía más el riego matinal.

El tipo de suelo y de planta

Las necesidades de riego no son iguales en todas las plantas. Las especies suculentas o adaptadas a climas secos necesitan menos agua que plantas ornamentales de hoja grande o cultivos hortícolas.

El suelo también influye en la frecuencia y cantidad de riego. Los terrenos arenosos drenan rápido y pierden humedad con facilidad, por lo que suelen requerir aportes más frecuentes. En cambio, los suelos arcillosos retienen más agua y necesitan riegos más espaciados.

Las plantas cultivadas en maceta suelen secarse antes que las que están directamente en el suelo, ya que disponen de menos sustrato para conservar la humedad. Esto obliga a vigilar con más frecuencia el estado de la tierra durante el verano.

En interiores, las necesidades cambian según la ventilación, la calefacción o el aire acondicionado. Estos sistemas reducen la humedad ambiental y aceleran el secado del sustrato.

Por qué no se recomienda regar a pleno sol

Regar durante las horas centrales del día es una de las prácticas menos aconsejables en verano. Con temperaturas elevadas, gran parte del agua se evapora antes de llegar a las raíces, lo que reduce la eficacia del riego.

Además, mojar las hojas cuando el sol incide directamente sobre ellas puede provocar daños en el tejido vegetal. Por eso, los expertos recomiendan dirigir el agua a la base de la planta y evitar el riego superficial sobre flores y hojas.

Otra recomendación habitual consiste en realizar riegos profundos y menos frecuentes en lugar de pequeñas cantidades diarias. Este sistema favorece que las raíces crezcan en profundidad y ayuda a las plantas a soportar mejor los periodos de sequía.

En jardines y huertos, mantener una humedad constante resulta clave para evitar el debilitamiento de cultivos sensibles al calor, como tomates, lechugas, fresas o calabacines.

Cómo conservar la humedad del suelo durante el verano

Además del horario de riego, existen técnicas que ayudan a conservar la humedad y reducir el impacto de las altas temperaturas.

Una de las más utilizadas es cubrir el suelo con materiales orgánicos como paja, hojas secas o restos de césped. Esta capa protectora reduce la evaporación, mantiene una temperatura más estable en la tierra y protege las raíces del sobrecalentamiento.

Los especialistas también aconsejan evitar el encharcamiento, ya que un exceso de agua dificulta la oxigenación de las raíces y puede afectar al desarrollo de la planta.

Adaptar la frecuencia de riego a la exposición solar, al tipo de sustrato y a las necesidades concretas de cada especie permite optimizar el consumo de agua y mejorar la resistencia del jardín durante los episodios de calor intenso.

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