
La investigación por el asesinato de Esther López vuelve a situarse en un punto clave tras el análisis del zulo hallado en la vivienda de Óscar Sanz, único acusado del crimen ocurrido en 2022 en Traspinedo.
El hallazgo de ese espacio oculto bajo una de las habitaciones —descubierto por el nuevo propietario de la casa tras detectar humedades— abrió la puerta a una posible reconstrucción distinta de los hechos: que el cuerpo de la víctima hubiera sido ocultado allí durante horas o días antes de aparecer en una cuneta semanas después.
Durante días, la expectación ha sido máxima en torno al informe elaborado por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Los investigadores han centrado sus esfuerzos en analizar si existía alguna correspondencia entre el zulo y los restos hallados en la víctima: marcas en botones, raspaduras en el calzado o posibles transferencias de óxido o pintura desde ese espacio.
Sin embargo, y a falta de conocer todos los detalles técnicos, la principal incógnita era si ese lugar podía vincularse de forma directa con la presencia del cuerpo de Esther.
La familia, indignada sin la prisión provisional
En paralelo, la familia de la víctima ha mostrado su indignación ante la posibilidad de que el acusado haya tenido acceso durante años a ese espacio sin haber ingresado en prisión provisional. Su hermana, Inés, denunciaba públicamente: "Y todavía nos dicen que no hay peligro de borrar más pruebas. Toma un zulo, cuatro años que ha tenido a su alcance. Es que es indignante".
Por su parte, el propio acusado ha negado siempre cualquier relación entre ese habitáculo y el crimen, llegando a asegurar que no se trata de un zulo sino de una bodega y acusando a los investigadores de manipular la investigación.
En este contexto, el periodista de investigación Alfonso Egea ha desvelado en el programa En Casa de Herrero el contenido esencial del informe remitido al juzgado, marcando un punto de inflexión en la interpretación de este hallazgo.
"Lo que la jueza recibe hace unos días en el Juzgado de Instrucción número 5 de Valladolid es el informe de la inspección del zulo", explica. Y matiza una cuestión clave: "Lo que su señoría no ha recibido todavía... es que de todos los hisopos que han acabado en el laboratorio, ninguno tiene vestigio biológico. No hay ADN de Esther López en ni una sola de las pruebas que se han recogido en ese zulo".
Esto implica que, desde el punto de vista científico, no puede acreditarse que el cuerpo de la víctima estuviera en ese lugar. "Científicamente no", sentencia Egea. "De todos los que se tomaron, nada era de origen biológico. Al no asegurarse de origen biológico no podía haber ADN".
Pruebas bajo análisis
Sí existen, no obstante, otros elementos bajo análisis. "Los dos únicos elementos no biológicos compatibles con alguna prueba ahí dentro son la pintura azul en el pantalón de Esther... y unas piedras que hay cerca del cadáver y que no pertenecen a la cuneta", detalla, aunque por el momento no hay resultados concluyentes.
En cuanto a otros indicios mencionados en la investigación, el periodista aclara su origen: "Las raspaduras de los botones... el equipo de reconstrucción de accidentes lo atribuyó al propio atropello". Y añade sobre el calzado: "Lamentablemente creen que las marcas en los tacones es la típica marca que te queda cuando un cuerpo inerte es arrastrado".
Pese al impacto mediático del hallazgo, Egea es tajante sobre su relevancia judicial: "Es absolutamente irrelevante". Y lo explica: "Que Esther estuvo escondida en un lugar húmedo, oscuro y al alcance de su presunto asesino... se sabía".
En este sentido, el zulo no cambia el núcleo de la acusación. "Lo que el zulo podía hacer era ponerle nombre al lugar. Pero ni le resta ni le quita absolutamente nada. No es ni un atenuante ni un agravante", afirma.
El zulo no cambia el rumbo de la acusación
El periodista también insiste en que la causa ya contaba con pruebas relevantes: "Ya hay ADN de Esther López en la causa... en un lugar tan acusatorio como el maletero del coche del presunto asesino".
Finalmente, responde a la polémica generada por las fotografías aportadas por la defensa, que sugerirían que la trampilla era visible en registros anteriores: "Quien tenía la obligación de revelar la existencia de todas las estancias de esa casa... es el investigado". Y remata: "No puede decir, colaboro siempre, pero la trampilla no la encontréis porque sois tontos".
Con todo, el informe será incorporado a la causa que ya se dirige hacia juicio con jurado popular. Un proceso en el que, pese al ruido generado por el zulo, el peso de la acusación seguirá apoyándose en los indicios ya conocidos y no en este hallazgo que, de momento, no aporta pruebas concluyentes.

