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Chávez es el modelo

Tanto Chávez como sus valedores quieren ganar este referéndum a costa de lo que sea, especialmente de violar los pocos derechos que tienen los venezolanos.

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No me ha extrañado nada la reacción tibia, casi comprensiva, del Gobierno de España ante el secuestro y expulsión de Luis Herrero, ciudadano español, de Venezuela por orden de Chávez. Lo dije al poco tiempo de llegar este individuo al poder y lo vuelvo a repetir ahora después de haber hecho todo tipo matizaciones sobre el proceso de destrucción del Estado y la sociedad llevado a cabo por Chávez: el peligro no es Chávez sino quien lo apoya, a saber, la izquierda mundial. Venezuela fue el lugar de referencia que ha tenido la izquierda mundial, la izquierda más negra y totalitaria, para experimentar una vía hacia el socialismo, después de la caída del Muro de Berlín. Ahí está todo. Quien no quiera hacerse cargo de ese asunto, jamás entenderá nada de lo que sucede en Venezuela ni en la España de Zapatero.

Salvando las distancias de cargo y rango político, a este cronista, junto a un compañero mexicano, le sucedió algo similar a lo vivido por Luis Herrero en Venezuela; allá por el año 2002, en un congreso de carácter internacional sobre la paz mundial organizado por el Gobierno de Chávez, fui perseguido por los Comités de Defensa de la Revolución Bolivariana hasta abandonar el país. Venezuela ya entonces empezaba a ser como Cuba: todo lo que no era obligatorio empezaba a estar prohibido, según diagnosticaba mi amigo De Quesada. De entonces aquí, todo ha ido de mal en peor para los venezolanos.

Sin embargo, el régimen izquierdista no sólo ha exportado su basura por todo el subcontinente hispanoamericano, sino que ha conseguido con creces hacerse merecedor a que la izquierda mundial lo mime. Fue elegido y hace bien su trabajo; por lo tanto, tiene todo el derecho del mundo a ser tratado con deferencia. Es lo que viene sucediendo en todos los foros mundiales con este patético personaje, que ya es el heredero de Castro. En efecto, el país que eligió la izquierda para adornarse en el mundo, para adquirir un poco de legitimidad, está triunfando. La "revolución" de Chávez se exporta e incluso ha conseguido que la "socialdemocracia" más limpia se vuelva sucia y rinda pleitesía al tirano Castro.

Las "conquistas" de Chávez, en cualquier caso, son inconcebibles sin la ayuda de la izquierda mundial. ¿O es que acaso alguien ha olvidado cuando un embajador de España en la Venezuela de Chávez, Raúl Morodo, el íntimo amigo de José Bono, dijo que "Venezuela era la democracia más avanzada del mundo"? Por no citar los panegíricos escritos por García Márquez a su favor... La izquierda mundial dio alas a Chávez al elegirlo como gobernante de referencia y, ahora, tiene que seguir dándoselas porque Castro está demasiado viejo y, además, quedan pocos abrevadores donde ir a tomar fuerzas. En fin, tanto ha conseguido Chávez que es citado en términos intelectuales, por ejemplo, Moisés Naím, un "teórico" de la izquierda mundial, se atrevía a plantear hoy, el mismo día del referéndum, una insidia, o peor, una calumnia como si fuera un interrogante científico y dice: "¿Es la oposición venezolana golpista, corrupta y representante de los ricos?" .

Hay que ser terrorista intelectual para plantear esa cuestión el mismo día que la oposición, lo único democrático que queda en Venezuela, se juega su ser o no ser en ese referéndum. Por otro lado, ese tipo de "análisis" revela que tanto Chávez como sus valedores quieren ganar este referéndum a costa de lo que sea, especialmente de violar los pocos derechos que tienen los venezolanos. Sólo en este contexto es posible evaluar la expulsión de Luis Herrero, el eurodiputado de Venezuela, del país y el trato vejatorio que las "autoridades" encargadas de velar por la limpieza del referéndum les han dado en el Consulado venezolano de Madrid a los testigos legales del no.

La tragedia venezolana desborda los límites de esta nación. Es algo que compete al mundo entero, sencillamente, porque ese régimen terrorífico, insisto, es apoyado por la izquierda mundial. Chávez, como antes Castro, es su gran esperanza. Ahí reside uno de los principales cánceres de los demócratas de todo el mundo. En efecto, si todo país es un laboratorio político, Venezuela es, sin duda, uno de los más peligrosos laboratorios desde el año que llegó al poder Chávez. Es, sí, uno de los más peligrosos, porque fue el campo de batalla elegido por la izquierda mundial para legitimar sus miserias. Por eso, nada de lo que suceda allí, o en cualquier territorio venezolano en el extranjero, por ejemplo, el consulado de Venezuela en Madrid, es anecdótico. Son pruebas del interés que tiene la izquierda por maltratar la democracia utilizándola a su antojo. 

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