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Homenaje a la Constitución

El País miente

El periódico El País miente. No es una novedad, ya lo sé, pero es conveniente repetirlo para que sepamos dónde vivimos y quién es el enemigo de la verdad. Por lo tanto, es menester, al menos en términos intelectuales, que nada demos por supuesto. Es necesario mostrarlo todos los días, aunque sea un hecho fácilmente comprobable. Pues que de la repetición de las mentiras de El País, está formándose un mal “espíritu” totalitario, que fácilmente puede dar al traste con el espíritu democrático que trajo el pacto constitucional de 1978. Aunque sea ya un hecho evidente, especialmente a los ojos de sus incondicionales lectores –lo cual plantea un problema moral de envergadura–, que El País miente, no deberíamos ahorrarnos esfuerzos en mostrar, en contrastar, las mentiras de El País. O sea, no sólo es un hecho que El País miente, sino que es una opinión que debemos contrastar para el bien de la democracia.
 
Leo todos los días El País y ya resulta casi vomitiva su línea ideológica. Ha quedado reducida a ser el único instrumento de sostén del Gobierno. Malos panfletos que no se creen ya ni su propia parroquia. No hay categorías para analizar su sin sentido. Hay ingenuos, sin embargo, que recurren para su evaluación a las nociones de izquierda y derecha, o progresista y conservadora, sin percatarse de que hace mucho tiempo que ha desaparecido cualquier argumento que no responda al mero pragmatismo de hacer caja. Todo es basura ideológica a favor de un gobierno destrabado de la realidad nacional. Cuesta, sin embargo, acostumbrarse a las falsificaciones de El País. Su nivel doctrinario roza la cochambre. Sin ironía, sin inteligencia, ha quedado reducido a un periódico pueblerino, costumbrista y casticista a la hora de hablar de la nación democrática. No es nada intelectualmente hablando, desde el punto de vista ideológico; y ha dejado de ser algo desde el punto de vista informativo, porque lo confunde con la opinión mediatizada por el PSOE.
 
Mira que lo leo con ánimo comprensivo, incluso los apartados informativos, pero no consigo ver un rastro de objetividad intelectual. Es un periódico tan tendencioso que más parece sólo y exclusivamente un libelo de combate ideológico. Para este periódico no hay sección inocente. No todo es politizable, como cualquier demócrata puede pensar, sino todo es “político”, perversamente político, utilizable para rentabilizar una doble cuenta de resultados, la del PSOE y la de PRISA.
 
Este exordio preliminar sobre el diario El País no tiene otro objetivo que afearles, una vez más, su conducta inmoral y carente de profesionalidad con un ejemplito. Es mentira que la organización de la concentración del PP, celebrada en la Puerta del Sol, a favor de la Constitución “consiguió contener las bajas pasiones” de los allí reunidos. Sencillamente, porque los asistentes a la concentración no eran sólo militantes, ni simpatizantes, ni votantes del PP, sino que había gente de todo estado y condición. Además, y esto sí que hace daño a El País y al PSOE, el discurso de Rajoy trascendió el limitado espacio de un partido. Se refirió a la nación entera, incluido los votantes de otras opciones políticas. Según ha contado un buen amigo, en El Mundo de Andalucía, oír a Rajoy, en la Puerta del Sol, un discurso conmemorando la Constitución no es suficiente para aprender lo que sus palabras llevan adentro. Este hombre no ofrece consignas para un día sino reflexión para el presente. Es necesario leerlo, pensarlo y, por supuesto, transmitirlo a nuestros ciudadanos para poder contrastar su verdad con la manipulación que llevan a cabo otros de la realidad. Los discursos de Rajoy no se dirigen, en primer lugar, a las vísceras de un pueblo inmaduro, como le gustaría al personal de El País, sino a la inteligencia de unos ciudadanos muy desarrollados desde el punto de vista intelectual y democrático. Incluso cuando habla de lo más sagrado, de la vida de los seres humanos, puede temblarle la voz, pero lo hace con mesura y prudencia del hombre discreto e inteligente.
 
El respeto de sus palabras sobre los caídos por la democracia sólo era comparable al respetuoso silencio de los allí reunidos conscientes de que nuestra dignidad ciudadana tiene su cobijo moral y político en las víctimas del terrorismo. Porque era absolutamente imprescindible mantener erguido el espíritu democrático, Rajoy recurrió, como lo hacemos millones de españoles todos los días, a la “memoria pasionis” de un pueblo que quiere seguir llamándose español. Sí, Rajoy volvió a recordarnos que sin el recuerdo de “los cientos y cientos de españoles a los que se les ha arrancado la vida, porque creyeron en la libertad frente al gregarismo fundamentalista”, es imposible defender la constitución española, España.
 
El discurso de Rajoy estuvo lleno de sindéresis política, porque trascendía constantemente a su parroquia política. En la Puerta del Sol, el día 3 de diciembre de 2005, quedó claro quien defiende realmente la Constitución. Fue algo más que un acto del PP para celebrarla. Allí cabíamos todos los españoles. La argumentación, el discurso, utilizado por el líder del PP no se dirigía sólo y exclusivamente a sus militantes, a sus simpatizantes, o a sus votantes, sino a la nación entera. Nadie puede hallar en las palabras de Rajoy ni un solo aspecto disonante con el espíritu del pacto constitucional. He ahí lo que más duele a quienes insultan a Rajoy tachándole de electoralista, anticatalanista y “sembrador de odios”. No, señores del PSOE, no insulten, sino analicen el discurso de Rajoy y verán que no hay ni un solo desliz contra nada ni nadie. No hubo exclusiones en ese acto. Allí estábamos representados todos los españoles, incluidos también los votantes del PSOE. Allí, pues, estaban todos los que están dispuestos a pensar y evaluar quién miente o dice la verdad.
 
El PSOE está desquiciado, porque ha quedado claro en el discurso de Rajoy quien defiende la Constitución, la máxima regla de la democracia, para todos los españoles. El PSOE, y el resto de partidillos, no tienen otro objetivo que utilizarla, manipularla y trastornarla, para mantenerse en el poder. Libertad e igualdad ante la ley son las señas de identidad del PP. El PSOE parece no soportar tanta claridad.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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