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La soledad de los revolucionarios

Vean este vídeo. Se lo advierto, es muy duro. Pero no quiero que se fijen en las heridas de estos dos estudiantes iraníes, ni en su agonía. Deténganse en el segundo 45. Podrán ver al menos a tres personas grabando lo que sucede en su teléfono móvil, además, claro está, del responsable de habernos hecho llegar estas imágenes. Algo parecido sucedió con Neda, la joven que se ha convertido en mártir de esta revuelta y cuya muerte hemos visto en dos grabaciones distintas e incluso momentos antes de ser asesinada.

El caso es que se supone que no deberíamos ver esto. Irán había expulsado o detenido a los periodistas extranjeros. La represión habitual debía tener lugar en la más estricta intimidad, como siempre había sucedido. Internet está férreamente controlado y no se puede subir nada a YouTube o Facebook, o al menos no sin que el Gobierno sepa quién lo ha hecho y actúe en consecuencia. El autor del vídeo lo sabía, así que envió el vídeo por e-mail a varios amigos europeos y un par de medios. Un iraní exiliado en Holanda lo colgó en YouTube, y ahora el mundo entero conoce a Neda.

El proveedor estatal y único de telecomunicaciones ha restringido el acceso a sitios como YouTube, que ha visto reducirse en un 90% el tráfico desde Irán, o Facebook, que ha perdido la mitad. Pero los iraníes han podido sortearlo de diversos modos, incluyendo el uso de proxys, una suerte de intermediarios que permiten canalizar el tráfico a través suyo, ocultando a terceros qué estamos viendo realmente. La única vía para impedir que las protestas lleguen al mundo es cortar internet, como hizo Birmania con un éxito notable. Pero intentar ponerle trabas nunca es suficiente, porque basta y sobra con un pequeño porcentaje de usuarios avanzados para que el mensaje llegue al mundo.

El problema está, precisamente, en el mundo, que no parece estar haciendo nada al respecto. ¿Qué les importa a los obamas de todos los países que los iraníes se jueguen la vida en las calles por un poco más, seguramente muy poco más, de libertad? ¿Qué van a hacer cuando ni siquiera han hecho nada para detener el programa nuclear de los ayatolás, que pone en juego su propia seguridad? Las manifestaciones podrán tener éxito si logran el apoyo de parte del régimen, porque está claro que no van a recibir ninguna ayuda de quienes promueven insultos a la inteligencia y a la libertad como la alianza de las civilizaciones.

Internet es, sí, un invento maravilloso. Pero ya sea para lo bueno o para lo malo no deja de ser un instrumento. No crea pedófilos ni revoluciones contra tiranos islámicos. Y probablemente no pueda hacer triunfar a la marea verde, aunque pueda darle una oportunidad que de otra forma no tendría. Ojalá la puedan aprovechar, porque por mucha comunicación que haya están completamente solos.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

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