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28-II-2010

Salgado y el abrazo del oso al PP

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es incapaz de ofrecer la más mínima esperanza de sacar a España de la crisis económica y ya ni siquiera lo disimula. Esa es la primera conclusión que cabe extraer del resultado de las consultas de la famosa comisión creada por Zapatero para aparentar que, aunque sea dos años después de su estallido, el Gobierno intenta hacer algo útil por la crisis que azota al país.

La vicepresidenta económica se presentó esta semana ante los miembros de la comisión parlamentaria creada para alcanzar un pacto de estado contra la recesión con un, llamémosle, documento de tres folios en el que supuestamente se establecen las claves para impulsar la economía y el empleo. Esos tres folios repletos de obviedades son, hasta el momento, la mayor aportación del Ejecutivo para luchar contra una crisis que está produciendo efectos cada vez más devastadores en el tejido productivo y el mercado laboral de España. Por si fuera poco, alguna de las propuestas incluidas en el legajo ya habían sido aprobadas en el parlamento con anterioridad, lo que muestra, de nuevo, la facilidad para la improvisación del Gobierno, su falta de rigor y una inexistente voluntad de trabajo aún en temas tan trascendentales para todos los ciudadanos.

La segunda conclusión que cabe extraer de la reunión mantenida por Salgado con el resto de fuerzas parlamentarias es que, una vez más, el Gobierno intenta involucrar al resto de partidos, y en especial al PP, en su alocada política, de forma que ante el electorado se repartan las culpas de una situación desastrosa que sólo cabe atribuir a la incompetencia manifiesta del partido gobernante.

Y si en las formaciones minoritarias esta complicidad puede tener efectos positivos para dar una imagen de sentido de Estado del que la mayoría carecen, no es seguro que el Partido Popular necesite participar en un sainete parlamentario organizado exclusivamente en beneficio de los socialistas. Zapatero negó primero la crisis, después la minimizó, más tarde la agravó con su irresponsable política económica y aún hoy sigue siendo incapaz de adoptar cualquier medida en la dirección correcta para aliviar el desastre. Si en todo este tiempo ha rechazado cualquier consejo del PP sin ahorrarle adjetivos desdeñosos como el famoso “antipatriotas”, no hay razón para que los populares se presten ahora a fungir de orquestina mientras el barco se termina de ir a pique.

Tan sólo el proverbial temor de la derecha política española a ser caracterizada por su rival político como crispadora e insolidaria, puede explicar la decisión de Rajoy de participar en un espectáculo preparado por los socialistas con el único fin de involucrarle en un desastre del que Zapatero es el único responsable.

Colaborar con el Gobierno de la Nación sí, pero siempre y cuando demuestre que su único interés es solucionar un gravísimo problema social frente al que está desarmado de ideas y soluciones. Para enjuagues electorales ya hay otros candidatos que, además, representarán ese papel gustosamente. Los votantes de Rajoy no merecen otra actitud de su candidato. 


 

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