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Una oportunidad histórica

PSOE y PP deberán llevar estos resultados hasta sus últimas consecuencias, esto es, no a lograr el poder por el poder sino a utilizarlo para restaurar la libertad que les ha sido arrebatada a los ciudadanos vascos y gallegos.

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La de ayer sin duda fue una noche electoral histórica, no ya porque se abre la puerta a desalojar a dos de los tres gobiernos nacionalistas que subsisten en España, sino por la significación de uno de esos dos cambios: tras 30 años es posible que el PNV abandone el Ejecutivo vasco y, de este modo, se sienten las bases para que también en esa región de España se instaure una democracia auténtica.

La matemática electoral es rotunda: Feijóo recupera la mayoría absoluta en Galicia con 39 escaños, mejorando el último resultado electoral de Fraga y los constitucionalistas suman 38 parlamentarios en el País Vasco, a falta de lo que arroje el voto por correo. En un caso, el PP alcanzará el Ejecutivo gallego de manera segura y, en otro, Patxi López y Zapatero tienen la ocasión, al contrario de lo que hicieron Benegas y González en el 86, de gobernar en el País Vasco.

En ambas situaciones, sin embargo, que los partidos no nacionalistas asciendan al poder no garantiza que todo el entramado clientelar y adoctrinador que ha ido tejiendo el nacionalismo en las instituciones vaya a desaparecer. En el caso de Galicia, porque el PP ya gobernó entre 1990 y 2005 sin que se decidiera a combatir decididamente la extensión del nacionalismo y de la violación de los derechos lingüísticos de sus ciudadanos, en esa especie de galleguismo acomplejado que tanto cultivó Fraga.

En el caso del País Vasco, porque el PSOE ya cuenta con un preocupante precedente de cómo desbancar a los partidos nacionalistas sólo ha servido para consolidar la influencia social y la coacción política del nacionalismo: Cataluña. Así, si finalmente se decide a coaligarse con PP y UPyD en lugar de entregar el poder en Álava al PNV para apuntalar su apoyo en Madrid, todavía será necesario que Patxi López quiera plantar cara política, económica y culturalmente al nacionalismo, lo que a buen seguro podría acarrearle problemas en los parlamentos catalán y central entre sus socios secesionistas, siempre interesados en que la batalla contra la idea de España y la soberanía nacional se libre en todos los territorios y, especialmente, en los autodenominados "históricos".

La jornada electoral, por tanto, abre muchas oportunidades pero también genera muchas incertidumbres, ya que el PSOE puede echarse definitivamente al monte en su alianza radical con el nacionalismo o puede tratar de volver a un discurso más moderado que olvide definitivamente la pretensión de expulsar al PP y a la derecha de las instituciones. El historial de Zapatero y de López no nos permiten ser especialmente optimistas, ya que no conviene olvidar que esa última alternativa la representaba Redondo Terreros, quien precisamente fue defenestrado para quemar las naves.

No menos incierta va a ser la actitud que vaya a adoptar a partir de ahora el PP, sobre todo en el ámbito nacional. Los de Rajoy deberían leer correctamente el mensaje: hasta hace dos semanas, todos los sondeos les daban por abatidos en Galicia y en el País Vasco. Sin embargo, desde que empezaron a reanudar la oposición de alto nivel, sobre todo a raíz de la cacería de Garzón y Bermejo contra el PP, se ha producido un punto de inflexión que les ha permitido regresar a la Xunta y evitar el desplome que se anticipaba en el País Vasco tras la marcha forzada de María San Gil. Rajoy no debería confundirse pensando que ha sido el bajo perfil de Feijóo o Basagoiti el que les ha abierto el camino a obtener unos resultados más que aceptables.

En cualquier caso, la derrota del nacionalismo que se perfila este primero de marzo requerirá que tanto el PSOE como el PP quieran llevarla hasta sus últimas consecuencias, esto es, no a lograr el poder por el poder sino a utilizarlo para restaurar la libertad que les ha sido arrebatada a los ciudadanos de estas regiones, especialmente la vasca. Tan importantes como las elecciones va a resultar la estrategia política que ambas formaciones elaboren durante los próximos días. Las oportunidades que se han abierto este domingo podrían enterrarse a lo largo de estas semanas en los ponzoñosos cálculos electorales de Ferraz y Génova.


 

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