- Agrio debate entre Rosa Díez y Salgado: "¿Habla usted de la galería de tiro, quizá?"
- Mariñas deberá indemnizar a Norma Duval tras afirmar que era lesbiana
- Gabilondo critica que los "cachorros de Aznar" pregunten por los vuelos de la CIA
- ESCAÑOS VACÍOS PARA ROSA DÍEZ, por Mercedes R. Martín
- Juande Ramos deja fuera a Casillas de su primer once en el Real Madrid
- ¿Hacia un nuevo dólar? La Fed quiere emitir deuda propia al margen del Gobierno
- Detectives de la SGAE se infiltran en asociaciones anti canon para vigilarlas de cerca
- Mayor no acude a las reuniones programadas tras su charla con Rajoy
- Rosa Díez a Zapatero: "Su política en Educación merece un enorme suspenso"
- La menopausia, un fenómeno que sólo afecta a las mujeres y a las ballenas asesinas
- Otra vez los eufemismos: "Que el bisturí no roce el corazón del pluralismo"
- Agrio debate entre Rosa Díez y Salgado: "¿Habla usted de la galería de tiro, quizá?"
- Gabilondo critica que los "cachorros de Aznar" pregunten por los vuelos de la CIA
- Moratinos dice que la ONU amparaba las escalas autorizadas por Aznar
- ¿Está todo el PP a favor del acercamiento al País Vasco del asesino de Goyo Ordóñez?
- Mayor no acude a las reuniones programadas tras su charla con Rajoy
- El etarra Aitzol Iriondo se orinó en los pantalones cuando estaba siendo detenido
- Chacón anuncia la supresión del límite de 3.000 soldados en el exterior
- Zapatero llama "radical" al PP por pedir la disolución de los ayuntamientos de ANV
- Rosa Díez a Zapatero: "Su política en Educación merece un enorme suspenso"
Parece que el joven Günter Grass cometió el único gran pecado mortal del que jamás se absuelve a los escritores: equivocarse de matarife en el instante de ofrecer sus servicios a la muy acreditada industria europea de la carne picada. Así, mientras toda la honorable escoria moral de la intelectualidad del continente hacía cola ante la carnicería del padrecito Stalin, el cándido de Günter aceptó un puesto de aprendiz en la principal firma de la competencia. Craso error, imperdonable. Ahora, el Ministerio de la Verdad habrá de acometer la tarea urgente de reescribir todas las páginas de su obra en la memoria RAM de los "proles", la feliz masa del "partido exterior".
Y todo por un yerro tan pueril como el de no saber distinguir a tiempo entre el mostacho bueno y el bigotillo malo. Porque, en el olimpo de la gloria literaria del siglo XX, sólo unos pocos centímetros de pelo bajo dos narices europeas separaban al infierno del paraíso, al Mal con mayúsculas de la errada legión de idealistas fascinados por una utopía romántica y bienintencionada; unos idealistas ingenuos, obtusos quizás, puede que exaltados; algunos, incluso, algo fanáticos; pero, en cualquier caso, inocentes. Al cabo, todos ellos pobres víctimas de un hechizo sentimental. Y, por supuesto, en ningún caso cómplices conscientes de una banda de criminales.
Ni Sartre, ni Bretch, ni Bernard Shaw, ni el pobre Saramago, y mucho menos nuestro Vázquez Montalbán o nuestro Alberti o su Neruda o... Ninguno de ellos supo jamás del Gulag, ni del hambre utilizada como instrumento terrorista en la URSS; de los cinco millones de campesinos ucranianos que fueron exterminados así, por la vía de confiscarles las cosechas y después dejarlos en el campo abandonados a su suerte. Ni tampoco oyeron hablar del destino que corrieran, por ejemplo, tres grupos humanos considerados entre los más peligrosos por el Partido Comunista: los astrónomos, los empleados del Censo y los niños. Nunca les llegó información de que, tan pronto como en 1935, se aprobó el decreto mediante el cual se legalizaba el fusilamiento de los "menores contrarrevolucionarios" que hubiesen cumplido doce años.
Como jamás se les contó que a todos los directivos de la Oficina del Censo Soviético no hubo más remedio que condenarlos a la pena máxima en 1937 porque se empeñaron en decir que la población de la URSS se había reducido a 163 millones de almas, cuando Stalin sabía que sus súbditos aún eran 170 millones. Ni acusaron recibo de que los astrónomos prácticamente se extinguieron con la llegada de Stalin al poder, pues se habían conjurado para intentar hacer creer a la población que la formación de las manchas solares no respondía a las leyes del materialismo dialéctico. Y, después de eso, claro, fue inevitable ejecutar a la mayoría de ellos. Simplemente, no se enteraron. Por eso, los que escriben la Historia ya han decidido que a ellos sí los absolverán. Como a Fidel. Pobre Günter: nunca más volverá a tocar el tambor de hojalata.

La Ilustración Liberal
Móviles & PDA
Email gratuito
Amor y amistad
Cursos y masters
