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Duelo de enterradores

Las primarias del PSOE no son una lucha para determinar quién será el próximo presidente del Gobierno, sino quién hará las veces de secretario-sepulturero.

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EFE

Las primarias del PSOE no son una lucha para determinar quién será el próximo presidente del Gobierno de España, sino una batalla intestina de la que surgirá un nuevo cargo orgánico: el secretario-sepulturero. Zapatero hundió al PSOE y Pedro Sánchez lo llevó a una situación que ya es irreversible. No tanto por los batacazos monumentales de las tres últimas citas con las urnas como por la fijación de Sánchez en convertir al PSOE en un Podemos duchado, artefacto ideológico que el candidato a las primarias parece defender con sincera convicción.

En su último mítin de campaña, Sánchez amenazó a la Iglesia Católica con crujirla a través del cobro del IBI y a la derecha española con la creación de una Comisión de la Verdad, cuya mera denominación ya expele un tufo a cheka como para ir pidiendo asilo en el consulado más cercano. Para completar el cuadro y no dejar ningún flanco al descubierto, los teloneros del aspirante a enterrador, destacados dirigentes socialistas a su vez, esgrimieron las habituales acusaciones de los podemitas cuando entran en éxtasis mitinero, con dedicatoria especial a la gestora del PSOE, a la que acusaron de estar realizando todo tipo de prácticas mafiosas.

Como se puede ver, el debate de ideas en las primarias del PSOE está en un nivel extraordinario gracias a Pedro Sánchez, que, eso sí hay que reconocerle, está sabiendo llevar en todo momento la iniciativa.

Los votantes socialistas, desde Zapatero, comparten mayoritariamente las barbaridades de Podemos y Sánchez está dispuesto a darles lo que quieren. Lo más probable es que, llegado el momento de acudir a las urnas -las de verdad-, se decanten por el original, pero ese es un problema que se afronta mucho mejor desde la Secretaría General, con el sueldo garantizado para varias legislaturas.

Lo que no pudo la corrupción económica del felipismo lo ha conseguido la corrupción ideológica del zapaterismo, cuya impronta es innegable en este tramo final del PSOE, condenado a convertirse en poco más que un partido regionalista de Andalucía, comunidad autónoma que, eso sí, seguirá gobernando hasta el final de los tiempos. De eso ya se encarga el PP andaluz.

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