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Franquismo

Griñán como metáfora

Es que tiene un lío tan grande –me refiero a José Antonio Griñán–, con las mentiras y las medias verdades, la desmemoria y el cinismo que se ha olvidado de todo, inclusive de sí mismo y de su biografía. Pero el mayor lío que tiene lo tiene en la pavura de la que hace gala casi sin darse cuenta y por eso no puedo augurarle un buen futuro. Ahora ha salido su nuevo lío, el de llamar "malo" a Zapatero aunque, claro está, no quería decir eso. Lo que pasa es que los actos fallidos, que ya Freud estudió con cierto detalle, pueden exponer juicios e intenciones ocultas.

Pero no es por esto sólo por lo que le considero cortito de valor. Ya consideré que lo suyo no era el valor moral cuando en 1996, sabiendo como sabía que el sistema de pensiones tenía unos números rojo de 500.000 millones de pesetas aproximadamente, no le dijo nada a su sucesor al frente del Ministerio, Javier Arenas, del agujero que dejaba. Tampoco dijo nada de quién había cogido ese dinero y dónde había ido a parar. Lo cierto es que Rato y Arenas tuvieron que hacer filigranas para conseguir un préstamo y evitar que el Gobierno del PP hubiese sido el primer Gobierno de España en no pagar las pensiones. Aún estamos esperando alguna explicación. Altos cargos de la Tesorería de la Seguridad Social explicaron años más tarde que todo había sido ideado, estudiado y puesto en marcha en el Ministerio entonces dirigido por José Antonio Griñán.

Le considero moralmente cobarde porque permite a sus subalternos, que no deberían torear plazas de segunda como el Parlamento andaluz con unas maneras que no sirven ni para los intermedios de El Bombero Torero, acusar de falangismo y franquismo a Javier Arenas y a los suyos. Lo he dicho en otras ocasiones. Pero lo voy a repetir. Es indiferente de dónde proceda uno. Lo importante es dónde quiere estar y lo quiere ser. Por eso, nadie le ha recordado nada nunca a Griñán, a Chaves y esposa, a Vallejo, y a otros muchos, pero muchos muchos, de dónde vienen.

Pero, hombre, José Antonio, defiende por lo menos esto, que el origen no importa ni en tu caso ni en ningún otro, oponte con gallardía a los desmanes de una desmemoria histórica sectaria como pocas y no azuces a tus verduguillos de pacotilla diciendo sandeces contra un Partido Popular, que tendrá su defectos, pero que desde luego tiene pocas relaciones con el falangismo y con el franquismo. Esa estupidez, que coló durante décadas gracias al contubernio de una intelectualidad castrada, ya no cuela. Y no cuela porque si el señor Griñán no fuera cobardica, explicaría cuáles son sus orígenes familiares. Y el señor Chaves y su señora. Y no pasaría nada. Pero, hombre... a Dios rogando y con el yugo y las flechas dando... no, no y no.

Me voy a quedar aquí. Sólo añadiré un documento, poco conocido, para la reflexión sobre los orígenes. Lo encontramos un día Antonio Barreda y yo haciendo footing por las hemerotecas.

Es el "eco de sociedad" de la boda de sus padres. Ya lo habíamos publicado pero lo reitero porque no puedo soportar la cobardía de quien desde la sombra instiga a sus "sejanillos" de aldea para que dañen la imagen del PP andaluz, que ha aguantado durante 30 años todos los insultos del mundo sin una voz más alta que otra en cuanto a descalificar la legalidad democrática de los gobiernos del PSOE más lenguaraz de España, ni la de origen ni la de ejercicio que bien podría. 

¿Es por esto por lo que no quiere que le llamen José Antonio, que es como se llamaba entonces a los niños de aquel régimen en recuerdo de otro José Antonio, y quiere que le llamen Pepe?

Escribía yo en un artículo reciente:

Nadie del PP ha afeado nunca a José Antonio Griñán que su familia fuera lo que fue. Ni a Manuel Chaves que su padre fuera un militar de Franco en la Ceuta de la posguerra. Ni que el padre de su esposa, Antonia Iborra, fuera militar de alto rango en San Roque. Y realmente no tiene importancia, porque uno no tiene por qué pensar igual que su familia ni seguir exactamente sus pasos ni en política ni en ningún otro aspecto de la vida.

Pero lo que realmente resulta molesto y, a veces, indignante y sublevante, es que apliquen dos varas de medir diferentes con su pasado y con los de los demás. Subleva que Manuel Chaves, por ejemplo, dijera en 2008 en Dos Hermanas que las elecciones había que ganarlas porque "se lo debemos a nuestros padres y abuelos" haciendo creer a las miles de personas que allí había que sus padres habían sufrido mucho bajo el régimen de Franco.

Lo que resulta molesto y despreciable es que se lancen sabuesos contra el PP con los colmillos de la Falange y el franquismo cuando quien los lanza tiene una fábrica de recuerdos cantando el cara al sol. Es cobardón.

Ocultar ahora lo que le parece realmente su jefe Zapatero, que es más malo que Pepeleches, es lo de menos. Es la naturaleza de un régimen político terminal del cual Griñán, José Antonio, Pepe o como quiera, está a punto de convertirse en gran metáfora: no atreverse con la verdad, sobre todo la de uno mismo.

 

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