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De Canarias a Ceuta. La normalización del desbordamiento

Torres convierte el desbordamiento de Arguineguín en doctrina para Ceuta, elevando la improvisación a modelo y diluyendo el desgaste político

Torres convierte el desbordamiento de Arguineguín en doctrina para Ceuta, elevando la improvisación a modelo y diluyendo el desgaste político
El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres. EFE/Mariscal | EFE

El nombramiento del ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, como mando único al frente de la crisis migratoria en Ceuta supone un paso más allá de un simple ajuste de piezas en el Gobierno. Con esta designación, el Ejecutivo central traslada a la ciudad autónoma el mismo patrón de respuesta asistencial que caracterizó su gestión al frente del Gobierno de Canarias entre 2019 y 2023. Al recurrir de forma explícita al colapso vivido en el muelle de Arguineguín en agosto de 2020, un episodio en el que cerca de 3.000 personas quedaron hacinadas sobre el asfalto por falta de recursos estables, como una prueba de aval y experiencia, Torres establece una premisa muy clara: tratar la saturación inicial de las fronteras no como un fallo organizativo, sino como una fase ordinaria e inevitable del proceso.

Del colapso transitorio a la costumbre institucional

Defender que la crisis del muelle grancanario "terminó normalizándose" en un período de tres meses lanza un mensaje rotundo sobre cómo aborda el Ejecutivo estas emergencias humanitarias. En primer lugar, presentar la escasez de espacio y la saturación inmediata como pasos habituales provoca que las imágenes de hacinamiento de los primeros días pasen a percibirse como una consecuencia lógica de la presión y no como una deficiencia del propio sistema de acogida. Asimismo, esta postura justifica que, en lugar de contar con una red preventiva y preparada con antelación, la administración pública priorice la reconversión exprés de inmuebles estatales y locales solo cuando la situación de desbordamiento ya es insostenible en el territorio.

Estrategia narrativa y corresponsabilidad política

Para mitigar el desgaste de imagen y contener las críticas, el discurso desplegado por el nuevo coordinador se apoya en dos grandes ejes argumentales. Por un lado, se recurre a señalar la herencia recibida, acusando a ejecutivos anteriores de haber desmantelado las estructuras asistenciales durante los periodos de calma bajo la suposición errónea de que no se registrarían nuevos repuntes. Por otro lado, esta justificación se complementa con una petición constante de "unidad política" a todas las fuerzas parlamentarias y administraciones territoriales. De este modo, la llamada al consenso actúa como un mecanismo para diluir la responsabilidad del Estado y socializar el coste político ante un escenario que amenaza con alargarse en el tiempo.

La urgencia del momento frente a la ausencia de un modelo estable

En el plano práctico, las medidas prioritarias fijadas en Ceuta se centran en habilitar dependencias públicas a la carrera con la meta inmediata de evitar que los migrantes duerman en las playas o en la vía pública, conteniendo así el impacto social más visible. No obstante, esta manera de actuar vuelve a dejar al descubierto la asignatura pendiente de la frontera sur, donde la gestión responde siempre a parches logísticos de urgencia. En lugar de consolidar un plan estatal de contingencia estable, elástico y capaz de reaccionar de forma preventiva antes de que salten las alarmas, el modelo actual consolida la improvisación sobrevenida como la norma habitual ante cada nueva crisis.

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