
La violeta del Teide lleva miles de años adaptada a las duras condiciones de la cumbre, pero su escaso margen para desplazarse hacia cotas más altas podría comprometer su supervivencia en el futuro.
La Viola cheiranthifolia, una de las especies más características de las cumbres de Tenerife, ha sido analizada por investigadores de las Universidades del País Vasco, La Rioja, Baleares y La Laguna. El estudio compara su respuesta fisiológica con la del rosalillo de cumbre, otra planta endémica que ha experimentado una expansión mucho mayor en las últimas décadas.
Los resultados muestran dos estrategias muy diferentes. La violeta está especialmente adaptada a las condiciones extremas de las zonas más altas del Teide, mientras que el rosalillo presenta una mayor capacidad para adaptarse a diferentes ambientes.
Esta diferencia puede ser importante ante futuros cambios en las condiciones ambientales. La violeta se encuentra ya muy cerca de su óptimo en la cumbre y tiene poco margen para desplazarse hacia arriba si las zonas en las que puede vivir dejan de reunir las condiciones adecuadas.
Una planta adaptada a condiciones extremas
Los investigadores analizaron ejemplares de las dos especies en La Rambleta, a unos 3.550 metros de altitud, y en Montaña Blanca, a 2.300 metros. El objetivo era comprobar cómo responden a factores como la intensa radiación ultravioleta, la sequía y las bajas temperaturas.
La violeta demostró estar especialmente bien adaptada a la cumbre. Su rendimiento fotosintético es mayor que el del rosalillo en estas condiciones y su contenido de clorofila aumentó un 50 % en los ejemplares situados a mayor altitud.
El rosalillo, en cambio, muestra una mayor plasticidad fisiológica. Es decir, tiene más capacidad para modificar su funcionamiento en respuesta a las condiciones del entorno, una característica que puede ayudarle a colonizar nuevos espacios.
Esta especie, de hecho, ha experimentado una importante expansión desde mediados del siglo XX, cuando era considerada poco frecuente en las zonas altas.
La violeta apenas ha ganado altura
La comparación con los registros históricos permite observar cómo han cambiado las plantas de alta montaña durante los últimos dos siglos.
Desde las expediciones de Humboldt y otros naturalistas, el rosalillo de cumbre ha desplazado su área de distribución hacia cotas superiores una media de 36 metros por década, con un máximo de 69 metros. En conjunto, los investigadores calculan un desplazamiento de hasta 1.400 metros desde la época de Humboldt.
La situación de la violeta es muy diferente. Su desplazamiento hacia mayores altitudes ha sido de apenas 14 metros por década.
Los investigadores apuntan que el calentamiento climático, especialmente acusado en las zonas altas de Canarias, y la reducción de la presión de los herbívoros podrían estar detrás de parte de esta evolución, aunque subrayan que no existe una única explicación.
Además, existe un elemento importante a la hora de interpretar estos datos: las expediciones de Humboldt y otros naturalistas se realizaron durante la denominada Pequeña Edad de Hielo, un periodo de temperaturas especialmente bajas. Por ello, los científicos advierten de que las tasas de desplazamiento observadas durante estos dos siglos no pueden trasladarse directamente a las condiciones actuales.
El estudio plantea así un escenario de futuro en el que la violeta podría acercarse a sus límites ecológicos de persistencia. Si las condiciones adecuadas para la especie se desplazan hacia zonas más elevadas, su capacidad de respuesta puede ser menor que la de otras plantas debido a su fuerte especialización en el entorno de la cumbre.
La investigación recuerda, además, la singularidad de esta pequeña flor. En 1799, durante la expedición de Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland al Teide, fue la única especie que encontraron por encima de los 3.000 metros.
Más de dos siglos después, aquella planta que sorprendió a los naturalistas sigue resistiendo en uno de los ambientes más extremos de Canarias. La incógnita ahora es hasta dónde podrá mantener esa adaptación si las condiciones de la montaña continúan cambiando.