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¿Quién puede reírse de un niño?

Por momentos, lo que vemos en cine o televisión resulta que quita las ganas de tener hijos.

Rosa Belmonte
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Leonor y Sofía, el 12 de octubre | Cordon Press

Fran Lebowitz escribió que si alguien te cae mal lo mejor es regalar un tambor a su hijo. Lo que pasa es que a veces, sin comerlo, beberlo o conocerlo, nos topamos con los niños y sus tambores. Ocurre en los programas de televisión. Por ejemplo, en ese que La 1 estrenó el domingo, ¿Quién manda aquí?. El que se hizo famoso antes de estrenarse porque no se había pensado en que un niño podía tener dos padres o dos madres. Cielos, se está atacando la familia no tradicional. Ni que decir que las bases se cambiaron inmediatamente tras las protestas. ¿Quién manda aquí?, por momentos, se me antojó un artefacto para quitar las ganas de tener hijos. Un programa anti natalidad, como Supernanny y Hermano mayor. Alguno (alguna) era abofeteable. Pero bueno, fue un ratito y por curiosidad, sus padres tienen que escuchar sus obras completas para bombo, sus variaciones Goldberg para timbales, su integral de batería.

Ese pudor que una tiene con el humor en general, con los dichosos límites (en tiempos del ébola y de cualquier otro asunto delicado), también se tiene con los niños. Los menores, se llaman ahora. Plebeyos y reales. Nada más aparecer el domingo la princesa de Asturias y la infanta Sofía con esos vestidos (especialmente el de Leonor), pensé que lo mismo era un homenaje a La casa de la pradera, que ha estado celebrando en 2014 su cuarenta aniversario. Sólo faltaban las trenzas de Laura Ingalls. Cuando era pequeña, me horrorizaban los vestidos que llevaban las infantas Elena y Cristina. Eran como de niña bien. Los mismos que luego llevarían las rubias de pelo lacio que integraban el grupo infantil Nins. A las ricas con ínfulas de mi alrededor, sus madres también les ponían esos vestidos de terciopelo verde. Yo me alegraba de que mi madre no tuviera ínfulas. Ni dinero. El vestido de la princesa de Asturias era feísimo. Pobre. Podríamos no decirlo, por respeto (no porque sea la princesa de Asturias, sino porque es una niña). Pero, como el escorpión del chiste de la rana, no lo podemos evitar.

El otro día leí que Santiago Segura saca a su hija mayor, de seis años, en Torrente 5. Interpreta a una niña explotada por El Langui. Pero lo más sorprendente es su nombre, Calma. ¿Calma Segura? Que encima es el nombre del perro de Jesús Quintero. El que salía en El perro verde. Su nombre completo era Calma del Valle Negro. Un golden retriever blanco con pedigrí procedente de las perreras de Don Juan Carlos. En El purgatorio, Javier Salvago (guionista de Quintero) cuenta que al chucho inmaculado lo iluminaban con un foco verde y que alguna asociación quiso denunciarlos por pintar al perro. Santiago Segura tiene otra hija, que nació a principios de año. Esta se llama Sirena. ¿Sirena Segura? Por lo menos un vestido es de quita y pon.

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