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Las memorias de Tippi

En realidad, en relación al baboso de Hitch solo hay dos novedades. Que sí trató de besarla y su comunicación directa con el camerino.

Rosa Belmonte
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Rodando Marnie | Cordon Press

Aparte de las noticias, la prensa se nutre de cosas que ya sabíamos pero se van olvidando. O de cosas que hay gente que no sabe aunque estén escritas (no hace falta recordar a Azaña y lo de que en España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro). Eso explica que las memorias de Tippi Hedren (Tippi) estén en todos los periódicos y que lo que más se resalte sea el abuso sexual, el acoso y la tortura a que la sometió Alfred Hitchcock. Tampoco es que La cara oculta del genio o Las rubias de Hitchcock, ambos de Donald Spoto, sean libros secretos. Demonios, esto como cuando Saul Bellow le soltó a un biógrafo: "¿Qué es lo que puedes revelar sobre mí que yo no haya revelado ya?". En este caso, ¿qué vas a contar que Spoto no haya contado ya?

Es verdad que ella se había mostrado más cauta. Y claro que el libro (estoy hablando sólo de lo que ha adelantado el New York Post) puede tener otros puntos interesantes, pero en lo que respecta al baboso de Hitchcock sólo parece haber dos novedades. Aunque lo sean porque las cuenta ella. Esa vez que trató de besarla en la parte trasera de una limusina. Y también que, durante el rodaje de Marnie, el director comunicó el camerino de la actriz con su despacho y el tipo solía cruzar la puerta. En una ocasión, dice ella ahora en las memorias, llegó a manosearla. "Era sexual y perverso. Cuanto más me oponía, más agresivo se volvía".

Pero es que en los libros de Spoto ya cuenta lo que ahora repite: "Siempre quería tomar una copa de vino o champán a solas conmigo al final del día. Según él, para hablar de las tareas del día siguiente. Pero la verdad es que intentaba aislarme de los demás". Y más. Antes del rodaje de una escena, Hitchcock se le acercó y le susurró: "Acaríciame". Se aseguró de que nadie más lo oyera. "Pero su tono y su mirada no dejaban duda alguna de lo que pretendía. Fue asqueroso, y yo me puse furiosa. Me sentí humillada". Se quejó y lo que consiguió fue que no la dejaran abandonar el estudio cada día hasta que el señorito daba la orden.

Y claro que tanto Rod Taylor en Los pájaros como Diane Baker en Marnie habían contado el suplicio al que el director británico sometía a Tippi. Atacándola con pájaros de verdad o con el pájaro gordo que era él. La propia Diane Baker, pese a ser morena, también lo sufrió: "Un día se presentó en mi camerino, cerró la puerta tras él y, sin decir palabra, me rodeó con los brazos y me besó en la boca… Me quedé de piedra. Cogí un pañuelo, me limpié los labios y le limpié a él el carmín de la boca. A continuación, me levanté y abrí la puerta. Hitchcock salió sin decir palabra". Pero ella misma recordaba que para Tippi era peor. "En 1963 nadie pensaba en presentar una demanda por acoso sexual, y si hubiéramos denunciado la situación nadie nos habría hecho caso. En realidad, no nos hacían caso en nada". Y Tippi había contado que la llamó a su despacho y le dijo que esperaba que estuviera "sexualmente disponible". Hedren quiso romper el contrato pero él la amenazó con arruinar su carrera: "Pero no puedes, ¿verdad? ¿Qué será de tu hija y de tus padres?". "Arruinó mi carrera, pero no mi vida", dijo Tippi Hedren cuando se estrenó The Girl (2012), la película de HBO sobre esa obsesión.

Lo más interesante que Tippi Hedren hizo después de Marnie fue El gran rugido (1981), locura de película que perpetró con su familia y otros animales. Tippi se rompió una pierna cuando iba subida a un elefante, que se la quitó de encima con la trompa y la lanzó por los aires. También le mordió una leona en la cabeza. Tuvieron que darle 38 puntos (el ataque de la manada se ve en la película). Contó que lo peor no fue el agujero sino la presión de la mandíbula. Pero después de haber aguantado a Hitchcock ya le podían echar El libro de la selva entero. A Melanie Griffith, que también fue atacada por un león, le dieron 50 puntos. Hubo que practicarle cirugía reconstructiva alrededor de un ojo. Seguro que su madre prefirió que a su hija la atacara una fiera que un genio.

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