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Ruptura de relaciones y fracturas de pene

El 'reality' de Telecinco sorprende con la aparatosa lesión íntima de Dani y los celos de Leila tras sus propias deslealtades en la isla.

El 'reality' de Telecinco sorprende con la aparatosa lesión íntima de Dani y los celos de Leila tras sus propias deslealtades en la isla.
Mediaset

La intensidad de la refriega amorosa conlleva ciertos riesgos para la integridad física de los actuantes, especialmente para la parte masculina por razones que resultan evidentes. La discreción en estos casos es obligada, pero hablamos de la Isla de las Tentaciones, amigos, y aquí no hay espacio para los secretos, incluso los más delicados.

Total, que Dani, el novio de Alba, se fracturó el pene mientras yacían, porque a ella, según confesó a sus compañeros, le gusta practicar sexo con una intensidad que, en aquella ocasión, terminó con su novio gravemente lesionado. No se alarmen, el muchacho está recuperado y en perfecto estado de revista, pero la escena tuvo que ser dramática y lel postoperatorio, rodeado de familia y amigos, muy embarazoso. "A mí me gusta el sexo guarro", explicó Alba a las catedráticas y los tentadores, "pero Dani es más de cariño, mi amor…," lo que explica el penoso incidente en el que él se llevó la peor parte.

La novia explicó el percance a unos desconocidos sabiendo que la estaban grabando las cámaras, pero Dani no puede enfadarse porque él lo había contado antes en la otra villa, proporcionando a los otros ingenieros participantes todo lujo de detalles que Telecinco, para horror de los espectadores masculinos, no evitó incluir en su resumen semanal.

Leila, nuestra referencia estética y sentimental en la presente edición de La Isla de las Tentaciones, está destrozada porque su pareja ha empezado a yacer con una ex novia. ¡Horror, eso es intolerable! sostiene la bella novia de Atamán, aunque ella fuera la primera en poner unos cuernos imperiales. Ella pensaba que el papel de su novio era sufrir durante toda la experiencia mientras ella rumiaba su mala conciencia en los brazos de David, el soltero de su elección. El golpe de realidad que supone el verlo cohabitando con otras está siendo superior a ella y eso es algo que va a tener consecuencias en el futuro. De lo contrario decepcionaría al Team Leila, mayoritario entre la audiencia del programa, que este año es escasa, cierto, pero muy exigente.

En la hoguera del pasado lunes no hubo demasiadas carreras por la playa para lo que venía siendo habitual. David hizo un sprint, señal de que la recuperación de su centro de gravedad ha sido plenamente satisfactoria. No llegó a la mansión de las catedráticas, donde su ingrata pareja relata sus intimidades, sino que se quedó a medio camino y se metió en el mar para dar un toque de dramatismo a la escena. Sandra Barneda ya no sale corriendo detrás de los concursantes cuando intentan los 1.000 metros lisos con cornamenta (total, para qué). Espera a que se cansen y vuelvan ellos solos, que es lo que haríamos usted y yo si estuviéramos en su lugar.

Tenemos concursante repelente, por cierto. Miguel, novio de Bayán (sí; aquella Bayán), que apostilla las palabras de sus compañeros cuando están viendo escenas comprometidas de sus novias con todo tipo de comentarios destinados a hacer sangre. ¿Se puede ser más lamentable? Pero eso es precisamente lo que lo convierte en un elemento que va a tener un papel importante en el tramo final del programa. Va a ser cuestión de verlo (y escucharlo) cuando sus cuernos comiencen a aflorar. Y nadie duda, conociendo los antecedentes de la novia, de que le van a brotar.

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