
Este verano el fuego ha obligado a desalojar pueblos en varias comunidades y ha convertido en combustible montes que llevaban años sin desbrozar. Hace menos de dos años, una riada anunciada se llevó por delante a más de dos centenares de personas en la Huerta Sur. Y en Ceuta, una llegada masiva en cuestión de horas volvió a recordar que la frontera sur se sostiene, en buena medida, sobre la voluntad de un tercer país.
No es este un artículo sobre política forestal, ni sobre protección civil, ni sobre inmigración. De los tres episodios, solo el primero admite una lectura presupuestaria directa: el monte sin desbrozar es una partida diferida. Los otros dos no vienen a probar mi tesis, sino a delimitarla: en la Huerta Sur falló sobre todo el aviso y la decisión, y en Ceuta la voluntad de un tercer país. Lo que revelan es algo previo a la partida presupuestaria: la capacidad efectiva del Estado para hacer aquello que solo el Estado puede hacer, que se compone de dinero pero también de organización y de atención política sostenida. Los episodios son la radiografía; el diagnóstico está en los presupuestos.