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Rosa Belmonte

El festival de Woody

Wallace Shawn es el protagonista de la última de Woody Allen, Rifkin's Festival. Una película que se ríe de los tostones.

Rosa Belmonte
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Wallace Shawn es el protagonista de la última de Woody Allen, Rifkin's Festival. Una película que se ríe de los tostones.
Wallace Shawn en Rifkin's Festival | Archivo

Hay actores de físico peculiar (también lo sería Charles Laughton) a los que vemos en series y películas sin que nos sepamos su nombre. O sí. Uno de esos es Wallace Shawn, siempre secundario y ahora protagonista de la última película de Woody Allen, Rifkin’s Festival. Rifkin es él, Mort Rifkin. Y el festival, el de San Sebastián. Es la segunda película de Allen en España después de Vicky Cristina Barcelona, aquello que a veces parecía The Cheetah Girls 2. A la vejez, Woody Allen se ha convertido en otro Orson Welles. La película no sólo no es un tostón sino que se ríe de los tostones. Y de los directores pretenciosos, como ese al que interpreta Louis Garrel, que se cree profundo, importante y a punto de conseguir la paz en el mundo. Antes está Sandra Bullock en Miss agente especial. Aunque a quien me ha recordado es a aquel botarate con el que salía Audrey Hepburn en Una cara con ángel. Aquí la Audrey Hepburn prendada por el pelma es Gina Gershon, también en el candelabro por el documental sobre Showgirls You Don’t Nomi. El guiño a películas como El ángel exterminador, Persona, El séptimo sello (con la muerte, Christoph Waltz, recomendando a Mort comer fruta y verdura) o Al final de la escapada (“¿Qué hacemos debajo de las sábanas? Me estoy asfixiando”). La parte de los sueños y el blanco y negro es un Scary movie de Woody Allen con clásicos europeos. Rifkin’s festival es una película de ligereza luminosa. ¿Que no es Delitos y faltas? Hay muchas películas estupendas de Woody Allen que no son Delitos y faltas y llevan encima más cine (y más ganas por mi parte de pagar una entrada y meterme en una sala con mascarilla) que algunas filmografías completas.

Otro actor peculiar era Clark Middleton. Mucho más que Wallace Shawn. Tan peculiar que hasta se ha muerto a los 63 años del virus del Nilo Occidental. Y no en La Puebla del Río. Mucha fruta y verdura, dirá la Muerte, pero cuando te toca (te pica), te toca. A Clark Middleton lo hemos visto en lo último de Twin Peaks (cómo iba David Lynch a no disfrutar de él), en Fringe, en Birdman y, sobre todo, en The Blacklist como Glen Carter, ese chupatintas burócrata al que Raymond Reddington acude para que le consiga las cosas más peregrinas (ojalá le haya dado tiempo a participar en la octava temporada que Movistar Series estrena el 14 de noviembre). Me pasa con The Blacklist como con Anatomía de Grey. Mientras la sigan poniendo, la seguiré viendo. Y ningún sacrificio.

En 2013 la cadena NBC estrenó The Blacklist. Dudaban de que semejante rompecabezas durara más de una o dos temporadas. Octava. James Spader sigue interpretando al criminal más divertido de la televisión. A ese Raymond Reddington que colabora secretamente con el FBI para apresar a los criminales más inverosímiles. Qué asesinos tan  increíblemente malos se les ocurren a los guionistas. Y qué personajes. Entre ellos, ese maravilloso Glen Carter comiendo siempre alguna porquería en la oficina. A cambio hay que aguantar a Elisabeth Keen (Megan Boone), la tía más tonta de FBI. Claro que Meredith Grey no le anda a la zaga (Anatomía de Grey vuelve el 12 de noviembre). Rifkin’s Festival, The Blacklist y Anatomía de Grey (pese a que estas tengan algún dramón) son puro entretenimiento. Mira lo que mandamos a la preselección de los Oscar. El hoyo, La trinchera infinita y Lo que arde. Alegría, alegría. Tengo una amiga que me persigue con un hacha por recomendarle la de la vieja y el fuego un día que la ponían en la tele. Hombre, tampoco insistí mucho.

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