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Juan Manuel González

'The Fighter': yo soy de la escuela de la vida

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The Fighter es uno de esos filmes que parecen diseñados para ganar premios. No me entiendan mal: la película de David O. Russell es, por eso mismo, plenamente recomendable. Tiene grandes actuaciones, un argumento basado en hechos reales, un director independiente que se pliega a los dictados de una historia de superación, y es extraordinariamente entretenida en su mezcla de drama, épica, realismo y humor. Pero, pese a que el resultado bien podría ser uno de los grandes filmes del año, no me negarán que de todo esto se desprende cierto déjà vu...

La película aborda la historia real de Micky Ward (adecuado Mark Wahlberg), un boxeador de segunda atrapado en una familia disfuncional de clase baja. Su manager es su hermano Dicky (un Christian Bale opositando al Oscar) es un ex boxeador fracasado que está más preocupado en colocarse con crack que en guiar su carrera. Su madre y su novia (excelentes, como siempre, Melissa Leo y Amy Adams) se pelean por ganarse el aprecio y la carrera del joven. Y mientras, Micky se debate entre sus intereses y los de su familia. Lo que logró a pesar de todo eso forma parte de los libros de historia del boxeo...

David O. Russell utiliza el deporte como excusa y metáfora para un drama familiar muy poco condescendiente, pero dulcificado con hábiles dosis de humor y leve ironía. El director de Tres Reyes ha querido sacrificar el estilo nervioso exhibido en aquélla, así como el particular punto de vista de sus filmes más independientes, todo en beneficio de las necesidades de una historia convencional y hollywoodiense, pero sólida. The Fighter es pese a sus lugares comunes un filme que no engaña, que nunca cae en lo lacrimógeno y que además evita el efectismo y exceso de otras propuestas supuestamente realistas como Precious. En definitiva y al contrario que ésta última, O. Russell mantiene un soberbio equilibrio entre todos los elementos y, pese a cierta falta de foco y un final un tanto desabrido (la película paga el precio de evitar la épica de Rocky), consigue preservar la integridad de la historia, en sus momentos épicos y en los más oscuros.

No obstante, quien se lleva la película es Christian Bale. El británico entrega una interpretación rebosante que incluye una brutal transformación física, similar a la que abordó en El maquinista y que dice, en definitiva, 'dame un Oscar'. Y lo cierto es que, pese a ciertos histrionismos, su personaje rebosa humanidad. Otra cosa es que cuando cuando la persona real aparece en los títulos de crédito, descubramos que todos esos tics estaban más que justificados...

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