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Juan Manuel González

'Win Win, ganamos todos': la épica de lo pequeñito

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No he tenido la oportunidad de ver las anteriores películas del realizador Thomas McCarthy, pero después de Win Win (Ganamos todos), se ha convertido en una prioridad en la agenda de un servidor. Porque la cinta protagonizada por Paul Giamatti, que ya está en cines, representa la mejor faceta del cine indie americano.

Mike Flaherty (un increíble Paul Giamatti) es un abogado de Nueva Jersey que últimamente no puede llegar a fin de mes. Esforzado trabajador y padre de familia, Mike idea un plan picaresco que le permitirá saldar las deudas que le acosan. De modo que se hace cargo de un anciano con demencia senil (atención a Burt Young, el que fue cuñado de Stallone en la saga Rocky) para poder recibir un subsidio estatal. Pero entonces ocurre lo inesperado: el joven sobrino del aquel aparece de la nada y Mike se ve obligado a acogerle para que no se descubra el engaño. No obstante, y de forma inesperada, el chico se revelará como una verdadera caja de sorpresas en la vida de Mike y su familia.

Win Win evita la demagogia insufrible y aburrida del cine indie pero también mantiene ciertas distancias con el melodramatismo con el que coqueteaba la admirable Pequeña Miss Sunshine, una cinta que, a su vez, fue el perfecto híbrido entre Hollywood y la esfera alternativa del cine americano. McCarthy ilustra aquí problemáticas sociales desde una perspectiva de comedia dramática con una pincelada aparentemente gris que pronto se va revelando extremadamente rica y matizada. La planicie de su puesta en escena, que podría haber resultado un arma de doble filo, no redunda en esa impresión -tan habitual- de ser un producto televisivo hinchado para la pantalla grande. La película es mordaz y sutil, pero también inesperadamente conmovedora y compleja. McCarthy marca ciertas distancias para aportar humor, una incuestionable ternura y adecuado realismo a una historia que se desarrolla con interés creciente.

La anécdota de la que parte McCarthy, aparentemente nimia, sirve de relato de lo cotidiano, de lo común y corriente en tiempos de una invernal América en crisis. Y gracias a la presencia estelar de Paul Giamatti, actor en constante y perpetuo estado de gracia, Win Win encuentra multitud de matices, niveles y capas en el retrato del ser ordinario. Ese plano memorable que cierra el filme, y que aquí no revelaremos, se convierte en el botón de muestra perfecto de lo bien que Win Win refleja la descomunal épica de lo pequeñito.

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