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Juan Manuel González

'Green Lantern (Linterna Verde)'

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Linterna Verde es la adaptación del cómic publicado por la editorial DC sobre el personaje creado en 1940 por Bill Finger y Martin Nodell, y que continúa publicándose actualmente después de décadas de historia. En la encarnación elegida para la película que ha dirigido el neozelandés Martin Campbell, el héroe toma el nombre de Hal Jordan, un piloto temerario que es reclutado a la fuerza por los Green Lantern, un cuerpo de guardianes interelestelares encargado de proteger la galaxia de todo tipo de amenazas... Para ello, cada uno de los soldados cuenta con la fuerza de un anillo cargado por el valor de su portador y que le permite idear todo tipo de armas y estrategias.

Especializado en remozar la franquicia de 007 cada década más o menos –suyos son títulos como la entrañable Goldeneye y la estupenda Casino Royale-, Martin Campbell es un artesano de los que cada vez van quedando menos en el Hollywood actual. Su estilo visual y narrativo es lo que podríamos denominar como clásico, es decir, alejado de cierto tipo de excesos y florituras como las desplegadas por Michael Bay y sus Transformers. Pero a la vez, Campbell destaca precisamente por resultar absolutamente brillante a la hora de presentar la acción pirotécnica, que bajo su batuta siempre resulta ajustada, ágil y espectacular, como lo demuestran los dos filmes de la saga Bond de los que se ha responsabilizado, así como otros como la reciente Al límite, con Mel Gibson –filme que pocos vieron pero que está bastante bien-.

Es por ello una relativa decepción que su labor en Green Lantern no logre sacar la película de la quema. A diferencia de la honradísima Thor o la casi brillante X-Men: Primera Generación, los personajes de Green Lantern –personaje que no pertenece a Marvel sino a DC Comics, y casi por extensión, a Warner Bros- no logran en ningún momento empatizar con el personal, ajeno casi completamente a sus conflictos amorosos o privados. A ello no ayuda la labor de un sólo correcto Ryan Reynolds o, sobre todo, de Blake Lively, dos bellos especímenes cuyas poco emotivas composiciones –especialmente la de ella- nunca logran traspasar la pantalla.

Bien es cierto que Campbell tampoco contaba en esta ocasión con un guión especialmente brillante, viéndose incapaz de corregir un devenir convencional y monótono -en un momento en el que el público empieza a reconocer los clichés del género- y un tanto flojo con unos diálogos que tan sólo un estupendo Peter Saarsgard sabe recitar. El director se tiene que confiar demasiado a la sufrida labor del excelente montador Stuart Baird (no en vano responsable del Superman de Richard Donner, el de 1978), que sabe ubicar cada pieza allí donde debe y no demorarse mucho en los pasajes más anódinos, aunque Green Lantern pasará a la historia por contener la que probablemente es la única escena de acción filmada por Campbell que bordea el ridículo: la que envuelve un helicóptero y el personaje del senador Hammond (Tim Robbins).

A lo largo del metraje el público encuentra más fácil la identificación con los villanos (caso del grotesco Hammond), así como con otras criaturas estelares, que con la anódina pareja de protagonistas humanos. Mejor que en el retrato del héroe, Campbell se muestra mucho más convencido en, paradójicamente, los episodios más fantasiosos de la historia, cuando ésta se traslada al espacio exterior, y a la hora de retratar el que podía haber sido un poderoso villano, la entidad informe Parallax, al que se le concede demasiado poco tiempo. Concluimos que a Green Lantern, filme espectacular, nada detestable e incluso simpático, le falta todo aquello que filmes como Spider-Man 2, Superman o las mencionadas más arriba sí tenían: atractivo. Y se me olvidaba: véanla si quieren, pero ahórrense un par de euros y acudan al pase en dos dimensiones.

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