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Juan Manuel González

'Atraco por duplicado'

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No un atraco, sino dos. Esa es la premisa a la que se aferra con fuerza Atraco por duplicado, una comedia de robos escrita por los guionistas de Resacón en Las Vegas y dirigida por Rob Minkoff, uno de los realizadores de El Rey León, que desde entonces ha desarrollado una trayectoria en imagen real de cierto éxito, con títulos de índole familiar como Stuart Little y su secuela, La mansión encantada o el filme de artes marciales El Reino Prohibido.

Dos bandas distintas coinciden en un mismo banco, y al mismo tiempo, para realizar un atraco. Entre ambos se sitúa Tripp (Patrick Dempsey, en un error de cásting importante), un nervioso sujeto que parece adelantarse a los movimientos de todos ellos. Tras un tiroteo y la aparición de un cadáver, tanto los secuestradores como los secuestrados quedan atrapados en la sucursal. Tripp parece más interesado en ligar con la cajera Kaitlin (Ashley Judd, igual de bella o más que hace diez años), aunque todo cambia según avanza la noche y surgen las sospechas...

Lo mejor de Atraco por duplicado es su negativa a seguir los sobadísimos derroteros románticos que anuncia su promoción televisiva, y optar por un tono vodevilesco que contiene una cabriola que, si bien no resulta novedosa, sí es perfectamente asumible dentro de los parámetros del puro pastiche. Si la cinta de Minkoff comienza como una heist-movie, o película de robos al uso, a la media hora de su escueto metraje cambia el paso y se transforma en una nueva variación del esquema Diez Negritos, con los ladrones y sus víctimas encerrados en el banco y a merced de un asesino anónimo que va dándoles el finiquito uno por uno.

Este dinamismo, y la levedad del conjunto, resulta lo mejor de la película de Minkoff, que de todas formas no consigue dar entidad a un guión con una premisa interesante, pero que parece haber sido reducido a su mero armazón y que ni siquiera se plantea perfilar los personajes y las situaciones. El cásting y el sentido del humor de la cinta no le ayudan a salir del paso: Patrick Dempsey no da el tipo como héroe histérico, ni el retrato de los delincuentes y los secuestrados captura el interés del espectador. El resultado es una cinta curiosa, pero demasiado burda en su ejecución.

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