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Dredd, la nueva adaptación del violento y contestatario cómic underground del guionista John Wagner y el dibujante Carlos Ezquerra, llega a los cines en la que supone su segunda adaptación cinematográfica, más de una década después del fallido mamotreto confeccionado para el lucimiento de Sylvester Stallone en los noventa. Lejos de la naturaleza revisionista de la ola de remakes contemporáneos, la nueva película es -al contrario que la anterior, calificada unánimente de desastre- una producción mucho más anclada en los parámetros temáticos e industriales de la serie B (es decir, menos presupuesto pero más violencia) y casi con ello automáticamente más fiel al espíritu del material del tebeo, por mucho que el diabólico humor negro de Wagner y Ezquerra y su terrible imaginería terrorífica no destaque aquí tanto como en el papel.

El resultado es, contra todo pronóstico (o al menos, el pronóstico del que esto escribe), la perfecta definición de montaña rusa fílmica, y probablemente uno de los mejores y más refrescantes entretenimientos del verano. El realizador Pete Travis convierte el menos es más en una virtud, y acota la acción de la presunta superproducción al limitado escenario de uno de los gargantuescos bloques de viviendas de la Mega-City 1. Con este paréntesis bien asumido ya desde el guión, Dredd 3D contiene los ecos y el espíritu del mejor John Carpenter por sus cuatro costados. La película de Travis está filmada de maravilla, tiene un buen pulso todo su breve metraje, y pese a dejar atrás mucha de la mitología de ciencia ficción de la obra original, a cambio se convierte en el filme de acción más depurado y mejor ejecutado que hemos visto en mucho, mucho tiempo.

La odisea del juez y su pupila, interpretada por esa belleza a contracorriente de nombre Olivia Thirlby, por escalar al último piso de la construcción, resulta crudo, directo y tremendamente divertido. Dredd contiene también dosis de violencia que hacía mucho que no se contemplaban en el cine comercial americano (el atropello de un peatón en la persecución inicial; la defenestración de los dos camellos despellejados, que sucede ante la mirada de una madre y su bebé; o el tiroteo con los traficantes, visualizado por Travis a cámara lenta...), y pese a rebajar un tanto el nivel de crítica social salvaje, resulta bastante valiente al no tratar de humanizar en exceso al personaje (salvo en ese engañoso y estupendo giro final). En efecto, el nuevo Dredd de Karl Urban es quizá menos corpulento, pero resulta totalmente fiel a la idea original: un producto impersonal del sistema, un animal ejecutor que carece de compasión hacia sus víctimas y que carece de arco de desarrollo alguno... porque él es la ley más allá de toda consideración humana. Dredd 3D es una gratísima sorpresa y un verdadero chollo para los fans de la acción y la violencia cinematográficas bien entendidas. Disfrute total.

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