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Juan Manuel González

'Jack el Caza Gigantes'

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Apenas veinte minutos de película le bastan a Bryan Singer para justificar su carísimo nuevo juguete, Jack el caza gigantes. Ya en el prólogo y los primeros minutos de esta nueva adaptación de las habichuelas mágicas, el responsable de X-Men (ahora, por cierto, embarcado en la realización de una nueva secuela) utiliza el montaje como herramienta para crear significado, no para epatar al espectador, presentando el mismo cuento legendario como ritual de aprendizaje tanto de una joven princesa de clase alta como de un pequeño campesino. Poco después de esto, el realizador recurre al mismo artificio narrativo entrelazando el desarrollo de dos escenas de rebeldía juvenil, con la misma princesa lamentando su boda de conveniencia y -de nuevo- al campesino Jack (Nicholas Hoult), a la sazón nuestro protagonista, discutiendo con un familiar por no asumir responsabilidades en un momento de crisis.

Singer, a la chita callando, hace varias cosas como si no lo pretendiera. Por un lado, reivindica de manera directa el cuento legendario –y el acto de contar historias- como herramienta de genuina transmisión cultural y pegamento social por encima de clases, credos y razas, o lo que Joseph Campbell llamaría el inagotable ritual del que emana todo el conocimiento humano. Por no mencionar que a nivel dramático se ahorra unos cuantos minutos de exposición, en tanto resume en dos trazos a sus protagonistas y sella de manera harto expresiva la unión de ambos...

Jack el caza gigantes es una de las pocas superproducciones de aventuras recientes verdaderamente ágiles. Al contrario que la también estupenda Oz: un mundo de fantasía (cuyo excelente resultado de taquilla contrasta con el de la presente), a la película de Singer le bastan ciento y pocos minutos para resolverse como una aventura absolutamente dinámica, sin miedo de enfatizar el movimiento, la acción... sin que la integridad del relato sufra en exceso por ello. El director de Valkyria y Sospechosos habituales se muestra temerario incluso en cuanto a la calificación por edades, y no tiene miedo de incluir momentos grotescos y de nada soterrado humor negro en lo que no deja de ser un filme familiar, dejando Jack el caza gigantes en esa nunca bien ponderado límite que en su momento ocuparon Gremlins o El templo maldito.

El realizador sabe mantener la atención (y la diversión) en cada secuencia, ya sea ésta de batalla o romance, de humor o mera exposición. La aparición de un gigante nada más llegar a Gantua, con Jack escondido bajo el agua, la carrera hacia el castillo de los hombres del rey Brahmwell, por no mencionar la memorable caída de la gigantesca planta (donde el espectador puede sentir el vértigo y la velocidad) gozan de verdadera y genuina tensión. Y Singer las sabe insertar en un largometraje que no da un segundo de respiro.

Una pena, por eso mismo, que tras algún cambio de título y un importante retraso en su estreno mundial, que estaba previsto para el pasado verano, el mismo estudio haya dado al traste con la cinta de Singer, que se ha ido a topar de bruces con la gigantesca maquinaria Disney y Oz: un mundo de fantasía, un filme dirigido a un demográfico muy similar y que también basa su atractivo en la tradición del cuento de hadas. Un fallo a la hora de vender el producto de palomitas más aceptable de los últimos meses...

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