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Juan Manuel González

'Fast & Furious 6'

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Relacionar la saga Fast and Furious con la de James Bond podría ser un agravio comparativo, sobre todo después de dos entregas de 007 tan memorables como Casino Royale y Skyfall. Pero lo cierto es que la franquicia de macarras motorizados iniciada en 2001 con The Fast and the Furious ha crecido desde su origen, relativamente modesto, hasta convertirse en un thriller de acción y (casi) de espionaje a una escala internacional, sobre todo desde que el realizador Justin Lin se hiciera con las riendas de la serie en la tercera película. En manos del director de origen chino, cuya capacidad para montar y rodar escenas de acción parece casi infinita, la saga ha conseguido reinventarse artísticamente (aunque cueste trabajo asociar esa palabra a Fast & Furious) pero sobre todo comercialmente, ampliando con notable inteligencia su nómina de personajes, recuperando otros anteriores, y sobre todo expandiendo su escenario y miras con bastante fortuna, convirtiéndose en una de las franquicias más inesperadas y valiosas (en cuanto a beneficios en taquilla) para su estudio, Universal.

Por eso, esta sexta aventura se ambienta en Londres, pero también en Canarias, Escocia, Los Angeles y hasta Tokyo, e implica a los protagonistas en una misión en la que -por primera vez- trabajan de manera extraoficial del lado de la ley debido a la petición de ayuda del agente Hobbs (de nuevo Dwayne Johnson, que se incorporó a la franquicia en la quinta entrega). Dominic Toretto y Brian O’Conner, amigos y eternos rivales, viven su particular concepto de familia en un paraíso sin tratados de extradición hasta que son reclamados para acabar con un peligroso delincuente llamado Shaw (Luke Evans) que utiliza muchos de sus trucos automovilísticos y que tiene su residencia en la capital británica... y que además parece haber reclutado a Letty (Michelle Rodriguez), a quienes nuestros amigos, y nosotros mismos, creíamos muerta desde hace un par de películas.

Fast & Furious 6 está confeccionada siguiendo el modelo de la quinta entrega, que estuvo ambientada en Río de Janeiro, y por eso en ella quedan en evidencia algunas de las incongruencias de la fórmula, que quizá las dos películas anteriores acertaron a disimular con más fortuna. Tras un comienzo titubeante, en el que el guión olvida inexplicablemente presentar al villano y su modus operandi, y en el que todo amenaza con derrapar por los lamentables interludios cómicos de Tyrese y Ludacris, Fast 6 mejora en la medida que se apoya exclusivamente en la acción y la fuerza bruta de sus estrellas, y no en el devenir de su argumento. Y es que pese a algún arrebato anglófobo bastante obtuso (que en el fondo alivia en tanto parte de la acción se ambienta en España: de algo nos hemos librado) y el exceso de cháchara moralista de sus protagonistas, ideado para exonerar su condición de delincuentes, Justin Lin sabe guardarse un par de ases en la manga.

El director, que ya ha anunciado que no se hará cargo de la séptima película (que recaerá en el especialista en terror James Wan, autor de Insidious), sabe que ésta mejora cada vez que aparecen en escena Michelle Rodriguez y Dwayne Johnson, a quien –por cierto- sólo le falta guiñar un ojo a la platea para conseguir nuestra complicidad. Y también que el punto fuerte de la misma es la acción excesiva, que el realizador dosifica a la vez que potencia hasta sobrepasar el "bigger than life" que exige una película de verano. La "set-piece" final, que tiene lugar en una pista de despegue eterna, y que se extiende a mil bandas y a lo largo de quince o veinte minutos de película, es todo cuanto necesitamos para salir contentos.

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