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Juan Manuel González

Crítica: 'Transcendence', con Johnny Depp

Crítica y tráiler del thriller de ciencia ficción con Johnny Depp, el mayor varapalo para Hollywood del año en curso.

Juan Manuel González
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Crítica y tráiler del thriller de ciencia ficción con Johnny Depp, el mayor varapalo para Hollywood del año en curso.
Rebecca Hall y Johnny Depp

Ensañarse con Transcendence es como hacer leña del árbol caído. Al fin y al cabo, estamos ante uno de esos morrocotudos tortazos en taquilla (sólo 23 millones recaudados en EEUU, sobre más de 100 de presupuesto) de los que sólo hay uno o dos cada año, por lo que en cierto modo la película ya ha sufrido su castigo. Pero Transcendence, en honor a la verdad, oposita con decisión para llevarse los muchos palos que se ha llevado. Estamos ante una producción de gran presupuesto, auspiciada por el reputadísimo Christopher Nolan (trilogía del Caballero Oscuro), con un reparto de campanillas encabezado por Johnny Depp, y con unas premisas de alto nivel dentro de un género sofisticado. Es decir, que pretensiones, todas. Pero la película de debut de Wally Pfister, hasta ahora director de fotografía de las películas de Nolan, fracasa en todas y cada una de sus apuestas, que eran muchas y variadas.

El matrimonio de científicos formado por Will y Evelyn Caster (Johnny Depp y Rebecca Hall) logra, mediante vías de investigación opuestas, crear el primer gran ordenador con inteligencia artificial. Cuando un grupo de terroristas tecnófobos asesina a uno de sus miembros, su pareja logra traspasar la conciencia de aquel a la máquina que habían creado. El experimento no parece dar resultado... ¿o quizá ha salido demasiado bien?

Desde el comienzo el espectador percibe que algo en Transcendence no va bien. No por su sinopsis, relatada arriba, y que en términos generales sólo puede calificarse de estimulante, atrevida y emocionante. Pero todo empieza a cambiar una vez se suceden los títulos de crédito inciales. Tras un prólogo explicativo en el que, por alguna razón, se nos desvela el desenlace final (y que Pfister se esfuerza en ilustrar con imágenes poéticas: una gota de agua, luces desenfocadas...), se nos arrojan una serie de explicaciones y presentaciones que en ningún caso logran capturar el interés. El desorientado director simplemente se dedica a arrojar temas de calado (tecnológico, emocional y hasta filosófico) de manera poco intuitiva y un tanto desordenada, impidiendo al espectador identificarse con el que debería ser el único núcleo emocional del largometraje, el destino final del matrimonio Caster, y liando la madeja innecesariamente, tratando de convencernos de que estamos ante algo serio y... pues eso, trascendente.

El resultado es un filme aburrido cuando intenta generar inquietud (el atentado inicial del grupo tecnófobo sólo puede calificarse de irritante) y sólo ocasionalmente interesante, como cuando por fin se decide a adentrarse en sus propuestas más locas (y que sin desvelar nada, ocurren todas durante su segunda mitad). Pero incluso entonces y a pesar de su nutrido reparto, Transcendence no se beneficia de buenas interpretaciones que conmuevan o diviertan al espectador. Johnny Depp se limita a pasearse por la película con su habitual actitud entre ausente y excéntrica (oírle arrastrar las sílabas en la V.O. simplemente acaba con el personaje), mientras Morgan Freeman y Paul Bettany lidian con los cambios de opinión del guión sin mucho éxito. Rebecca Hall intenta simplemente estar, sin demasiado éxito, pese a que es ella quien lleva el peso de la película gran parte del tiempo.

Pfister, en definitiva, fracasa elaborando un filme de ciencia ficción, pero sobre todo a la hora de narrarlo en clave de thriller tecnológico. El resultado, por momentos, parece más un guión descartado por su productor, Christopher Nolan, cedido a un compañero de trabajo pero sin las adecuadas revisiones. Una impresión que deja en evidencia toda la producción: Transcendence quiere ser visionaria pero carece de toda inteligencia emocional, arruinando su desenlace sentimental (para este servidor, por extraño que parezca, lo mejor del relato), y acaba tomando el peor y más frustrante de los caminos: el de un cúmulo de propuestas interesantes sin cohesión alguna, el de una película tonta que no sabe que lo es.

Redactor de Chic. Colaborador de Es la Mañana de Federico y Es la mañana de fin de semana.

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