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Juan Manuel González

Crítica: 'Insidious. Capítulo 3'

Un tren de la bruja eficaz, pero mucho menos original que las anteriores.

Juan Manuel González
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El director James Wan, responsable de las dos primeras entregas de la franquicia Insidious, publicó un certero tuit coincidiendo con el estreno del remake de Poltergeist hace apenas unos días. Un mensaje breve que podía interpretarse tanto como una pequeña puya a la película rival a la vez que un empujón para esta Insidious. Capítulo 3, tercera entrega de la franquicia fantasmal que esta vez no dirige él sino su compañero de viajes en la saga, el guionista Leigh Whannell, a la sazón también cocreador de la idea que les dio a conocer en el panorama cinematográfico, la primera entrega de Saw. Apenas unos caracteres que definían a la perfección su aportación al género de terror en los últimos años.

En este Capítulo 3 no sólo dejamos de lado a la familia Lambert que encarnaron los carismáticos Patrick Wilson y Rose Byrne en las dos primeras películas, sino que viajamos hacia atrás en el tiempo, con un nuevo misterio que expande la mitología del Más Allá creado por Whannell y Wan a la vez que se sirve de algunos de sus personajes secundarios. Aquí no hay familia que valga, y todo son lazos sentimentales rotos. La precuela reparte su atención entre dos personajes femeninos que han acusado una pérdida reciente, el de Quinn (Stefanie Scott, una joven perseguida por una terrorífica entidad tras la muerte de su madre; y la medium Elise, que vuelve a incorporar una excelente Lin Shaye, una actriz que acaba convirtiéndose en la verdadera protagonista del invento, erigiéndose a la vez como lo mejor y (por razones ajenas a ella misma) lo peor de la película.

Primero lo malo. Si Insidious 1 y 2 supusieron dos importantes revulsivos del género de terror, al tiempo que ejemplos representativos del trabajo de la productora Blumhouse, capaz de generar importantes taquillas con una mínima (pero suficiente) inversión, esta tercera parte se muestra menos avanzada, más rutinaria, conformándose con hilar un nuevo caso de avistamiento sobrenatural en una plantilla genérica, un guión más mediocre que al menos se muestra más enérgico que el de otro spin-off basado en la obra de Wan, la exitosa Annabelle generada a raíz de la excelente Expediente Warren. Todas las respuestas que encontramos al final de esta Insidious estaban ya, de una manera u otra, en las anteriores, en una trama mecánica en comparación con las previas, demasiado parecida a otras muestras de terror reciente, pero al menos interpretado con solvencia por sus dos actrices protagonistas.

Con un problema añadido más, que a la vez supone el mayor rasgo distintivo de la película, y en cierto sentido, una de sus particularidades. Pasada la mitad del largometraje, el guionista Whannell no parece decidirse entre la historia de la joven Elise y la medium encarnada por Shaye, más convincente gracias a la vida insuflada por la veterana actriz (hermana, atención, del mítico productor de la New Line Robert Shaye, responsable de hits del género como la saga Pesadilla en Elm Street). O al menos, de saber entretejer ambas historias de una manera cohesionada en su faceta de realizador. Insidious 3 no renueva un ápice la receta de un género perfectamente establecido como sí hicieron las anteriores, ni tampoco lo intenta. Y todo ello pese a que, en el último tercio del largometraje, Whannell parece perder todo el interés por el personaje de Quinn, que cede el paso ante la llegada de la segunda, erigida (para bien) como verdadera protagonista del largometraje. ¿Podría haber ejecutado Whannell un libreto más convincente a la hora de entretejer la historia de ambas mujeres? Sin duda.

Al menos, y pese a su mayor vulgaridad, esta precuela cumple con lo estipulado en terror, sin perder toda la eficacia de Insidious 1 y 2, y hasta cae simpática por un par de razones o tres. Whannell ignora, afortunadamente, el formato de material encontrado que abunda en el género para tratar de aprovechar al máximo el panorámico, usando la profundidad de campo y el sonido (o su ausencia) para generar inquietud y recurriendo, en definitiva, a los viejos trucos para generar sustos, como hacía Wan en las anteriores. Pasados sus primeros cuarenta minutos, la película comienza a almacenar set-pieces de suspense efectivas, quizá demasiado dependientes de esos sobresaltos, pero aún así disfrutables y reseñables, buenas herederas del trabajo de Wan. Ahí está, por ejemplo, la que tiene lugar en la habitación de Quinn, que revela la meticulosidad maligna del "hombre que no puede respirar" (que llega a cerrar la puerta, apagar las luces y hasta el ordenador portátil de la chica (¡!) antes de acometer su "tarea"). Y las nada sutiles alusiones a la naturaleza de abusador de mujeres del espectro, que se manifiesta en la desaparición de las extremidades y boca de esas jóvenes (más que un golpe de efecto sangriento, Whannell lo muestra como una expresión visual de esos abusos). Algo nada casual en una cinta protagonizada, al fin y al cabo, por dos personajes femeninos marcados por la pérdida como son los de Quinn y Elise, y que parece otorgar unidad e interés a esta entrega "feminista", estrenada entre dos títulos que presumen de ese fuerte componente como Mad Max 4 e It Follows, y que pese a ser -paradójicamente- mucho más insustancial en la superficie, tiene un fondo de armario algo más interesante de lo que parece, por mucho que haya que sacar la lupa para apreciarlo (tarea de análisis que, ya saben, no resulta demasiado habitual para esta clase de películas de género).

En este sentido hay otras ideas, aunque sea en parte heredadas, que merecen un comentario en tanto entroncan perfectamente bien con el resto de la saga. Whannell, pese a carecer de la maestría de Wan en la puesta en escena, a orquestar algún diálogo sentimental vergonzante, demuestra conocer tan bien como él ese Más Allá (The Further, en la versión original) sombrío y poco esperanzador de la franquicia, y repite ese concepto con muy pocos recursos, o al menos los estrictamente necesarios. Ahí está el plano del faro portado por Lin Shaye perdiéndose en la oscuridad, que realmente da un sentido de escala a esa dimensión paralela sin tener que mostrar absolutamente nada de ella, y que entronca perfectamente bien con el minimalismo de los escenarios del mundo "real", que aquí se reduce a casi un par de habitaciones.

Insidious. Capítulo 3 es una película mediocre, pero al final resulta un tren de la bruja ejecutado sin genio, pero razonable competencia.

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