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Juan Manuel González

Crítica: 'Múltiple', de M. Night Shyamalan

'Múltiple', ya sea con su sorpresa final o sin ella, confirma el regreso de un Shyamalan en plena forma.

Juan Manuel González
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No hay nada que genere mayor placer que hacer leña del árbol caído, y lo ocurrido en la última década con el cineasta M. Night Shyamalan lo demuestra. Tras éxitos morrocotudos como El Sexto Sentido, El Protegido y Señales, el indio-estadounidense vio cómo la fama y taquilla de sus filmes decrecía hasta cotas que sembraron una comprensible alarma en la industria, con thrillers de alto presupuesto como El incidente y After Earth decepcionando en todos los niveles posibles. La crítica que antes le había encumbrado le daba la espalda, pero también el público, crecientemente extrañado por la abstracción o escasa fortuna de sus propuestas, burlándose abiertamente de filmes en los que Shyamalan trató de jugar con su propia imagen de autor comercial, con esa dependencia del "twist" o giro final (hablemos claro: Bruce Willis estaba muerto, y lo estaba desde la segunda secuencia del largometraje) que, la verdad, quizá no supo gestionar del todo bien.

Es por ello que esta nueva etapa, que Shyamalan parece estar construyendo tras el éxito el año pasado de la excelente La visita, despierta un comprensible entusiasmo en todos los que alguna vez amamos al director de La joven del agua. Con un presupuesto nimio (que en el caso de esta Múltiple apenas supera los cinco millones de dólares) y la asociación con el productor Jason Blum (Paranormal Activity, Anarchy) el director está consiguiendo con solo dos filmes "limpiar" esa mala imagen (otro tema sería si algunas de sus obras anteriormente vilipendiadas merecían ese maltrato) así como reformular y ajustar todo aquello que estaba dejando de funcionar en ellas. Su último trabajo, protagonizado por unos excelentes James McAvoy y Anya Taylor-Joy (la revelación de La Bruja y Morgan) es, pese a algunos defectos y por si no había quedado claro, un notable testimonio de su talento, así como un thriller endemoniadamente interesante y divertido.

El filme comienza con un secuestro, el de Casey (Taylor-Joy) y dos amigas, que inmediatamente son recluidas por Kevin (McAvoy) en lo que parecer ser un zulo subterráneo. Claro que Kevin, como se comprobará en las sucesivas apariciones del joven, no es solo Kevin: como si de un Norman Bates se tratase (el homenaje de Shyamalan a Hitchcock y Psicosis es evidente), Kevin es también Barry, un sensible diseñador; Hedwig, un travieso niño de nueve años; Dennis, un maniático compulsivo, y también Patricia, una mujer manipuladora y misteriosa... y así hasta un total de ¡23 personalidades! en permanente conflicto unas con otras. Paralelamente, Shyamalan abre otra subtrama que envuelve a la psiquiatra de Kevin, la doctora Fletcher (Betty Buckley, años después de interpretar a la profesora de gimnasia de Carrie: otro guiño que no puede ser casual), quien parece conocer bastantes de los secretos que esconde Kevin... incluyendo una nueva y misteriosa personalidad que, tal y como revela el captor a las chicas, está a punto de ver la luz.

Aparte de su última escena, que más que un giro es un (brillante) añadido que entusiasmará hasta -me atrevo a decir- el éxtasis a los fans del director, lo que Múltiple vuelve a dejar claro es el absoluto talento de Shyamalan como director de cine. Su dominio del fuera de campo (visible en el comienzo del filme en el aparcamiento), la gradación de la tensión, su uso del silencio (que no necesita subrayar los escasos sustos del largometraje, como tampoco los varios intentos de fuga de las chicas) convierte la escasa violencia de la película en algo doblemente impactante. Claro que lo que seduce, lo que convierte el filme en un testimonio brillante de su talento, es un sentido del drama y una visión humanista que no va en detrimento de un humor evidentemente negro (y en ocasiones negrísimo) que Shyamalan aplica tanto a situaciones como diálogos. Dicho de otro modo: Múltiple es un filme de terror sentimental, pero también bastante cabrón, rodado con una economía de medios admirable: el festival de primeros planos que el autor dedica a sus actores, todos ellos distintos, bellos e inquietantes, supone en sí misma una lección de cine para todo aquel que quiera apreciarla.

Pero, naturalmente, de una película de Shyamalan todo el mundo espera el encaje de sus distintas piezas en una gran revelación final que, cuando llega, de nuevo no resulta tan sorprendente, ya que en esta ocasión es más un colofón a una conclusión lógica que un giro final a todos los acontecimientos. Esto, así como la relativa pasividad de sus personajes (una conducta común en los personajes diseñados por el hindú) y cierto exceso de minutaje (Múltiple funciona perfecta al comienzo pero se dilata demasiado después) son los peros a una obra que bascula, y juega, con la habitual autocomplacencia de Shyamalan y una novedosa apertura a un concepto narrativo muy contemporáneo y que admite paralelismos con lo logrado por Marvel Studios. Por lo que concluyo que la apreciación de las trampas de Shyamalan tiene también mucho de tópico autoasumido, en tanto el director no evita chotearse de unos clichés que, no nos engañemos, domina perfectamente: la sensación de que algo está a punto de pasar acecha en los bordes de cada plano de una película que balancea estupidez y brillantez todo el rato y a todos los niveles, y que demuestra que, en cierto sentido (¡bravo!) Shyamalan no ha aprendido nada de los disgustos: el autor se la juega igual que se la jugaban las anteriores y criticados trabajos del director.

Porque entre el humor negro y una sincera, bienintencionada pero absolutamente dura "survival movie", la última obra de terror de Shyamalan posee (además de interpretaciones muy buenas) una moraleja sobre el trauma íntimo y personal tan desesperada como sensible, que culmina en un ambiguo mensaje de autoayuda repleto de peligros, y por eso digno del mejor (peor) Paulo Coelho: somos lo que creemos que somos... aunque ojo -nos dice Shyamalan-: a partir de ahí quién sabe qué puede pasar. Pero Múltiple, en esas ambigüedades que yo he decidido abrazar, también plantea una interesante vía de aproximación hacia lo sobrenatural, un juego con los géneros irónico y moderno: la película no es tanto un enrevesado thriller de secuestros como una fantasía realista y primaria que, a la hora del postre, no evita mezclarse con otros géneros, abriendo una ventana hacia lo desconocido que entronca perfectamente con la Dimensión Desconocida de Rod Serling pero también el moderno relato audiovisual de superhéroes. Por si no lo han notado, la película me ha parecido, pese a sus defectos, una absoluta maravilla.

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