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Juan Manuel González

Crítica: 'Logan', con Hugh Jackman y Patrick Stewart

'Logan' no acaba de triunfar como pretende, pero se adentra en territorio desconocido en su género.

Juan Manuel González
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Hay varios momentos en Logan, tercera película en solitario dedicada al personaje de Lobezno, que evidencian que sus responsables han intentado realizar un filme de superhéroes diferente. No nos referimos a las complicaciones derivadas de su urdimbre argumental (la trama es suficiente, pero convencional y simple) ni a su explícito aroma a western y relato de frontera (como si nos sorprendiera a estas alturas que los géneros fueran compartimentos estancos imposibles de hibridar). Ni siquiera su intento de funcionar al margen del resto de entregas de la franquicia X-Men, sin esforzarse en introducir personajes para interrelacionarla, resulta justificación para ello: la saga lleva en marcha casi veinte años y fue la responsable, con la aportación inicial de Bryan Singer en el año 2000, de iniciar las adaptaciones de cómic que disfrutamos/aborrecemos (tachen lo que prefieran) hoy en día, de modo que eso también ya se ha hecho antes.

Nos referimos, más bien, a la violencia descarnada y desaforada de muchas secuencias; pero más todavía su retrato de la vejez (tanto Logan como el profesor Xavier aparecen envejecidos, hastiados y cansados) y la evidente voluntad de llevar hasta las últimas consecuencias un tono trágico y crepuscular, sin duda más allá del margen permitido hasta ahora por películas similares... pero tampoco (no exageremos) fuera del alcance de un género que anteriormente ya había demostrado su ductilidad.

Ojo: Logan es un filme interesante y logrado, pero ello no quiere decir que James Mangold, responsable de la, por otro lado, infravalorada Lobezno Inmortal, triunfe en cada uno de sus postulados. Artesano impersonal y clásico en su acepción más plana, el director de Copland conduce bien la historia pero en última instancia no consigue traspasar la pantalla con los sentimientos que, evidentemente, trata de evocar a través de la relación entre Lobezno, Xavier y la nueva incorporación mutante, la pequeña pero agresiva Laura. Lo que convierte Logan en un triunfo parcial, o si quieren en uno relativo: sus esfuerzos por erigirse como un filme "sui generis", obligados por la voluntad de su estrella de abandonar el papel tras 17 años (así como el éxito inesperado de Deadpool, también clasificada "R", y producida por el mismo estudio) se topan de bruces con cierta letargia narrativa, con la incapacidad de Mangold de llegar a los sentimientos del espectador... y, por qué no decirlo, por cierta impostura, la de conseguir un filme violento y afligido por obligación, como si fuera necesario pasar por tierra el sueño de los X-Men sin posibilidad de reanimación para lograr nuevas iteraciones del mito.

Un rasgo heredado del éxito de Deadpool, anterior adición al universo mutante por parte del estudio Twentieth Century Fox, que parece haber abierto la caja de los truenos de los filmes adultos en Hollywood (¡bien!) gracias a un éxito de taquilla atronador, que sin duda sorprendió incluso a sus propios responsables. Pero lo que sentaba bien a una no tiene por qué ser ideal para otra, al menos simplemente porque sí, y lo que en el mercenario bocazas desengrasaba muy bien el panorama a base de humor grueso y un sentido del homenaje "pop" que resultaba adecuado para esa fiesta, en Logan se traspasa convenientemente al drama, un territorio distinto en el que Mangold debe acertar a canalizar ese tono con la moral aventurera y fantástica del relato. Ahí es donde su filme sufre, como sus protagonistas, algunos achaques, ya que con esa voluntad de lograr un filme adulto y "no recomendado a menores" por bandera, las referencias a la Edad de Oro del western que adornan Logan (y que no resultan mucho más sutiles que los guiños a Wham! en Deadpool) parecen destinadas a sobreponerse, anular y no enriquecer, la mitología de los mutantes Marvel. En Logan, dicho de otra manera, hay veces en las que una cosa quita la otra y ese espíritu pesaroso impregna el dinamismo de la aventura... Y mientras tanto, un servidor no deja de preguntarse si, en adición a esto, era necesaria el subrayado en esa apología de la oscuridad.

Lo que no quiere decir, como decimos, que el filme carezca de virtudes. Logan parece, de hecho, confeccionada a medida de cierta actualidad, con una perversa compañía americana disfrazada de orfanato y sometiendo a terribles experimentos a inocentes niños mexicanos, apelando al zeitgeist "Trump" de una América distópica, la de la ficción, en evidente cuesta abajo. Pero el trasfondo en esta ocasión no es tan sociopolítico (ya lo ha sido en toda la saga X-Men) sino mucho más humano y, quizá, terrible, como subraya la soberbia, estratosférica incorporación de Patrick Stewart como un envejecido Charles Xavier, el antaño mutante más poderoso del mundo sometido ahora a patéticos ataques de demencia y achaques varios que dan la clave del asunto en Logan: el tiempo pasa, los tiempos cambian y todo, todo, está destinado a terminar, o si acaso, a terminar impreso en las páginas de un cómic (en uno de los detalles más bellos del guión). Si Mangold hubiera logrado aunar mejor su faceta perturbadora con la sentimental; cohesionar Raíces Profundas, Sin Perdón y Valor de Ley en un filme de acción contemporáneo de una manera menos evidente, estaríamos hablando de una grandísima película. De hablar, si quieren, no de final sino de transformación, un concepto muy X-Men que al director parece escapársele. En su lugar, tenemos una buena y definitiva aportación a una franquicia demasiado afectada por los vaivenes del estudio y cierta huida inconsciente: de huir de un modelo de producción que trata de erigir un universo cinemático con sus propiedades (para seguir el modelo de la competencia Marvel Studios) por obligación, sin importar que ello ahogue la creatividad de sus directores. De huir, como Logan, de sí mismo. Una crisis que, lejos de revelar el final de algo, quizá revela la apasionante transformación (y por tanto, validez) de los géneros cinematográficos por encima (o por debajo) de las modas.

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