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Tantos libros y tan poco tiempo

La fábula de la librera a la que no quieren en el pueblo, ya saben, ha coincidido con que a Coixet la llamen facha en Barcelona cuando saca al perro.

Rosa Belmonte
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'La librería', la nueva película de Isabel Coixet. | A Contracorriente

La librería de Coixet es una película tan bonita como triste. Tan estimulante como deprimente. Y no hace falta pensar en Cataluña. La fábula de la librera a la que no quieren en el pueblo, ya saben, ha coincidido con que a Coixet la llamen facha en Barcelona cuando saca al perro. En la película hay una cacique malvada y rencillas ridículas. Hay ruindades, mezquindades y la maldad por la maldad. A Penelope Fitzgerald, la autora de la novela, la suelen comparar con Austen. No lo necesita. Voy a aportar otro lugar todavía más común (dejando de lado el peor de todos, el de comparar a las mujeres siempre con otras mujeres). Me refiero a la banalidad del mal. El mal de Violet Gamart (Patricia Clarkson) es tan banal y despreciable como el de Eichmann (y sí, ya sé que aquí no hay ninguna industria de la muerte, pero precisamente por eso).

Ese pequeño pueblo inglés a finales de los 50 es un asco. Lo que a Coixet le gustó de la novela es que iba sobre libros, también la dificultad de la adaptación y, sobre todo esa maldad, no permitir, porque sí (porque no), que una pobre viuda tenga una librería (y no hay rivalidades de negocio, como en Tienes un e-mail, la comedia de Tom Hanks y Meg Ryan). Esto es un dramón. Precioso pero un dramón. Y la novela es mucho más amarga, más cruel (veo que la edición de Impedimenta ya aparece en las listas de más vendidos). Coixet ha añadido un poco de esperanza a esta película protagonizada por Emily Mortimer. Ha contado Coixet que necesitaba una actriz que supiera cómo coger los libros, olerlos, tocarlos… Me acuerdo de Arturo Fernández hablando de eso que se llama alta comedia en el teatro y diciendo que no todo el mundo sabe coger una copa, sentarse en un sofá.. Él sí, por supuesto. Mortimer también sabe coger libros. Al fin y al cabo, su padre es John Mortimer, guionista de la serie Retorno a Brideshead y de Suspense de Jack Clayton (adaptador de Evelyn Waugh y de Henry James en estos casos). En España está editada su novela Un paraíso inalcanzable (Asteroide) y en la misma editorial El regreso de Titmuss. Impedimenta se ha encargado de Los casos de Horace Rumpole, abogado, un clásico de la ficción judicial (y no hay que olvidar que Penelope Mortimer, la autora de El devorador de calabazas es la primera mujer de John Mortimer).

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La librería, mientras el drama no te hace polvo, es una novela y una película sobre libros, un tema muy querido para Coixet. Demonios, me dirán, y para mucha gente. Pero ella adaptó al teatro 84 Charing Cross Road (Anagrama). El librito donde la estadounidense Helen Hanff editó la correspondencia que mantuvo durante años con los empleados de una librería londinense (también adaptado al cine) es una de esas obras que adora la gente que adora los libros. Uno de esos libros que te lleva a otros. También lo hace La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows, que no es que escribieran juntas como los hermanos Boris y Arkady Strugatsky, es que Mary se murió sin terminar el libro y antes pidió ayuda a su sobrina, Annie. Como su larguísimo título apunta, en esta novela coral son protagonistas un club literario y las patatas, pero también un cerdo y la ocupación alemana de la isla. Si en La librería se habla de Lolita o de Fahrenheit 451, en La sociedad literaria…, de Charles Lamb, de Austen, de Wilde, de las Brönte. La sociedad literaria…, al contrario que La librería, es una novela esperanzadora sobre la amistad y el poder de la lectura en tiempos de crisis. Dicen cosas cursis como "Leer buenos libros te impide disfrutar de los malos". Darían la razón a Laurence Cossé cuando escribió La buena novela (Impedimenta), que trata de unos amigos que deciden abrir una librería en la que sólo se venden obras maestras.

En La librería también hay frase cursi: "Entre libros nadie puede sentirse solo". Una es más de Frank Zappa: "Tantos libros y tan poco tiempo".

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