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Salamo Arouch, el boxeo para sobrevivir en Auschwitz

Era un boxeador prometedor. Llegaban los primeros títulos importantes. Pero era judío. Tuvo que pelear en Auschwitz. Sólo así consiguió sobrevivir.

Era un boxeador prometedor. Llegaban los primeros títulos importantes. Pero era judío. Tuvo que pelear en Auschwitz. Sólo así consiguió sobrevivir.
Imagen de Archivo de Salamo Arouch, en su etapa como boxeador profesional. | Archivo

El 15 de mayo de 1943 Salamo Arouch y su familia llegaban a Auschwitz-Birkenau. Sólo les esperaba la muerte. Los focos que apuntaban a una brillante carrera en el boxeo, a una fama mundial, se sustituyeron por alambres de espino, trabajos forzados, maltratos y, como mucho, algún mendrugo de pan. Era impensable sólo unas semanas atrás. Pero todo cambió por un motivo: Salamo Arouch era judío.

Nacido el 1 de enero de 1923 en Salónica, es su padre, estibador de puerto, quien le transmite su afición por el boxeo. A los 14 años pasa a formar parte del Maccabi de Salónica, con quien realiza sus primeros combates. Poco después pasa al Aris, el club más importante de boxeo de la ciudad.

Su salto a la fama se produce cuando en 1939 conquista primero el campeonato griego de los pesos medios, y posteriormente el campeonato de los Balcanes. Tan solo tiene 16 años, y ya apunta a leyenda helénica. Continúa peleando -y ganando- hasta alcanzar un récord de 24 victorias en 24 combates, todas por KO.

Pero todo se trunca al entrar Grecia en la Segunda Guerra Mundial, en 1940, resistiendo al intento de conquista italiana. Arouch formará parte del ejército. Nada pudieron hacer ante la Operación Marita, que terminó con la invasión de Alemania en abril del 41.

Tesalónica, que formaba parte de Grecia desde la firma del Tratado de Bucarest en 1913, era una de las ciudades con mayor porcentaje de población judía de toda Europa, especialmente de origen sefardí. Y, evidentemente, será una de las zonas más afectadas tras la invasión nazi. Arouch y su familia no escapan a ello.

Sobrevivir a Auschwitz

En 1943 es detenido por las tropas nazis y deportado al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, adonde llega el 15 de mayo de 1943. Cuando es conocido que sabe boxear, y como le pasara a otros como él como Victor Young Pérez o Teddy Pietrzykowski, es obligado a pelear para entretenimiento de los alemanes. Es cierto que aquello le comporta ciertos privilegios -si es que se puede usar esa palabra para alguien que es forzado y maltratado desde primera hora de la mañana a última de la noche-. Como trabajar en la cocina, que no es tan duro como lo que sufren sus compañeros de barracón. O recibir algún trozo extra de pan, que normalmente comparte con ellos.

Y todo ello, a un coste terrible. Debía pelear, sí. Pero no para luchar por un título. No para ofrecer espectáculo. Era para su supervivencia. Cada combate era a vida o muerte. Si vencía, seguía con vida un día más. Si perdía, de manera inmediata dejaba de existir. "Si no gano, no sobrevivo", era su consigna. Aun a sabiendas de que ganar significaba sentenciar de muerte a otro. Con todo lo que puede suponer eso a nivel mental.

Según su propio testimonio, llegaría a disputar más de 200 combates en el campo. Los ganó todos.

Por ello, pudo seguir con vida, hasta el 17 de enero, cuando es trasladado a otro campo, el de Bergen-Belsen. Dos meses después los británicos liberaban aquel campo.

Comienza entonces la intensa búsqueda de sus familiares, con quienes había perdido el contacto al ingresar en Auschwitz. En vano. Todos están muertos.

Sólo una vez más volverá a ponerse los guantes. Será en 1955, en Tel Aviv. Se enfrenta al italiano Amleto Falcinelli. Cae por KO. Será la primera y última derrota de su carrera.

Pero ya poco importa. El combate más importante de su vida, o los combates mejor dicho, ya los había vencido. Sin los que no seguiría con vida. Sin los que no hubiera conocido a Marta Yechiel, una joven de 17 años de Salónica con quien se casaría. Sin los que, seguramente, no se habría realizado una película sobre su vida y su lucha, en 1989, protagonizada por Willem Dafoe.

Sin los que no hubiera fallecido, el 26 de abril de 2009, con 86 años de edad.

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