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La Bolsa se resiste al pánico

Todos los diarios coinciden en considerar que, pese a su fuerte caída del lunes, la bolsa neoyorkina no fue presa del pánico y que sería exagerado hablar de desplome. La unanimidad editorial incluye el respaldo a la acción concertada de los bancos centrales que decidieron rebajar medio punto los tipos de interés. Todos señalan que la octava rebaja de tipos en lo que va de año por parte de la Fed -cada vez con menos margen para aplicar su pócima mágica- ya estaba prevista por los mercados, no tanto así la rebaja del Banco Central Europeo. El País, por su parte, va más allá y recomienda a Europa las viejas recetas keynesianas de deshacerse de los “corsés” del pacto de estabilidad, para “cebar la bomba de la demanda”.

El Mundo, aunque no habla de “debacle”, ve confirmado los más negros presagios sobre el futuro de la economía. Le resulta evidente que los inversores creen que la recesión es prácticamente inevitable y que el actual clima de inestabilidad política va a afectar negativamente al consumo y al comercio internacional.

ABC, más optimista en su lectura de la reacción de la bolsa, advierte, no obstante, de que la “resistencia” de Wall Street en la sesión del lunes no sirve para dar el alta al paciente.

El otro foco de atención es el fracaso de la misión pakistaní para que el régimen integrista afgano entregue al terrorista Ben Laden y al que los Talibán siguen calificando de “invitado de honor”.

ABC, certeramente, señala que la “flagrante violación continuada de los Derechos Humanos que se vive en Afganistán sería causa sobrada para justificar un ataque multinacional sobre su territorio”. Sin embargo, el aval de Naciones Unidas para esa intervención le sigue pareciendo imprescindible. ABC no explica por qué exige el amparo “moral y legal” de la ONU, cuando esta da voz y voto en su seno a regímenes que se sustentan precisamente en la brutal violación de los Derechos Humanos que ella misma universalmente proclama.

El Mundo ni siquiera menta el legitimo recurso de intervención militar y, pese a los fracasos cosechados, sigue poniendo el acento en las “presiones diplomáticas” que pueda ejercer, todavía, Pakistán sobre su vecino.

Finalmente, el escándalo de Gescartera vuelve a recuperar el protagonismo de las portadas, tras el espectacular vuelco que supuso el interrogatorio de Pilar Giménez-Reyna cuando la juez exibió las anotaciones que aquella hizo en su diario sobre Gescartera. De las revelaciones que estas ofrecen, El País prefiere centrase en las múltiples gestiones que la presidenta de la CNMV, Pilar Valiente, hizo a favor de la Agencia de Camacho; unas implicaciones que no son atendidas ni en el titular ni el editorial de El Mundo, que prefiere poner el acento en las complicidades del ex secretario de Hacienda, el ya dimitido Enrique Giménez-Reyna.

El escándalo de Gescartera, no obstante, va para rato.


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