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A buenas horas bestias negras

Casi todos los periódicos llevan en portada las polémicas declaraciones de Pilar Valiente en el Congreso en las que desmentía, en parte, las realizadas el día anterior por David Vives. Sólo El Mundo y El País, sin embargo, las abordan editorialmente.

Mientras que el primero resta credibilidad al antiguo jefe de inspección, el segundo se la quita a Valiente. El Mundo cree que es Valiente quien dice la verdad porque su versión es refrendada por el resto de acusados de oponerse a la intervención y de alguno del resto de lo vocales que finalmente secundaron la negativa. También le parece decisivo el hecho de que en las actas del consejo de marras no se recoge que nadie planteara la intervención. El Mundo no toma en consideración en su editorial ni las anotaciones del dietario de Pilar Giménez-Reyna, -que sí tuvo en cuenta para evaluar la credibilidad de su hermano- ni el informe, también escrito, de Vives en el que se detallan extractos bancarios falseados, expediente previo de resistencia a la acción inspectora, agujero o descuadre de 4.500 millones, cuentas ómnibus y demás hechos de suficiente gravedad como para considerar lógico que quien hace semejantes acusaciones es partidario de la intervención, aunque no sea misión suya el proponerla, sino de los miembros del consejo al que se informa de tan graves irregularidades.

El País sí toma en consideración el “informe Vives” y señala además que otro informe firmado dos meses después de aquel por otro técnico vino a confirmar sus conclusiones. “La lógica –asegura El País- dice que la versión del responsable de la supervisión es la correcta. No se convoca un consejo extraordinario de la institución reguladora del mercado si la situación de una sociedad financiera no requiere de medidas rápidas; no era David Vives quien tenía que proponer la intervención, sino el consejo, a partir del informe de supervisión; y no es razonable defender que con la información disponible en el informe no existieran motivos más que sobrados para intervenir Gescartera”.
El País va más lejos al señalar que son abrumadores los indicios de que la CNMV vulneró las leyes –por ejemplo, la que impone la exigencia de honorabilidad a los consejeros de las sociedades financieras para convertirlas en agencias de valores- y que se violaron los procedimientos de supervisión para favorecer a los directivos de Gescartera.

Hay grados de incompetencia que requieren voluntad. El tiempo dirá si la cometida por los miembros del consejo de la CNMV es de esa naturaleza, y si fuera así, a cambio de qué.

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