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Por no querer o no poder

Todos los diarios dan la prioridad en sus portadas al bombardeo israelí del cuartel general de Arafat como respuesta a la ola de atentados sufridos el pasado fin de semana. Todos destacan en sus editoriales el mensaje televisado del primer ministro israelí que responsabilizaba al líder de la ANP “de todo lo que está pasando”. El Mundo señala que a pesar de las detenciones de última hora por parte de las fuerzas de seguridad palestinas de activistas relacionados con los atentados, el Gobierno de Israel no está dispuesto a confiar en Arafat. “Porque lleva demasiado tiempo afirmando que va a actuar contra los líderes terroristas de Hamas y la Yihad Islámica, pero no lo ha llegado a llevar a la práctica, nadie le cree a pesar de que haya dado los primeros pasos”. Con todo, lo peor para Arafat no es carecer de la confianza de Sharon –en realidad, los recelos han sido siempre mutuos-, sino no contar tampoco con la de los palestinos. Mientras la sospechas de corrupción y mala gestión se ciernen sobre la ANP, el proceso de paz que Arafat lideraba en los 90 está hecho añicos, y los líderes de Hamas o la Yihad islámica gozan al menos de la misma popularidad que él.”.

Para ABC no es exagerado asegurar que la situación ha degenerado hasta extremos tan peligrosos que el poder occidental se coloca en estos momentos ante una quiebra que amenaza la coalición antiterrorista y, por extensión, el orden internacional. “Estados unidos, hispersensibilizado por el trauma del 11-S, ha avalado los ataques israelíes, pero su papel de gendarme mundial es ahora más necesario que nunca.” “Sólo Bush puede tirar de las riendas de un Sharon”, afirma ABC sin abordar la cuestión de quien puede tirar de las riendas al terrorismo palestino.

El País arremete contra la “desmesurada, brutal y con medios de guerra” de la hasta la fecha incruenta represalia israelí. Su editorial admite que “Arafat no controla la violencia palestina porque no quiere –ante el riesgo de verse deslegitimado entre los suyos- y porque no puede, dado el crecimiento de grupos como Hamas”. A los terroristas de Hamas, El País los tilda de “grupo de resistencia islámico” y no cuestiona la conveniencia de las concesiones a los palestinos, a pesar de decir que la persecución de los que quieren exterminar a Israel “puede deslegitimar a Arafat entre los suyos”. Este diario, como los demás, concluye su análisis pronosticando mayor inestabilidad en la zona sin entrar a analizar qué debe hacer Israel ante el hecho de verse rodeado por vecinos cuyos líderes legitiman el terrorismo o, si no lo hacen, corren el riesgo de ser desbancados de su liderazgo.


La detención en Francia del portavoz de Gestores Pro Amnistía, Juan María Olano, también centra la atención de varias portadas y editoriales. El Mundo recuerda que ya hace más de un mes que Olano fue condenado por colaborar con ETA y que, a pesar de la orden internacional de captura dictada por el juez Garzón, el acusado se había manifestado en diversas ocasiones en el país vecino sin que la policía francesa procediera a su detención. Su editorial se aferra al “más vale tarde que nunca” para que esta tardía detención redima de responsabilidad a la policía francesa –que es la de sus autoridades- que permitieron a Olano manifestarse en la calle a favor de los etarras hasta en cinco ocasiones y conceder entrevistas a los periodistas. ABC, mucho más crítico con el país vecino, deja caer incluso la posibilidad de que su policía haya intervenido al saberse que uno de los etarras que puso al borde de la muerte a un gendarme fue subordinado de Olano en las Gestoras Pro Amnistía. Al menos ABC ofrece un contraste positivo frente a la condescendencia oficial de nuestro Gobierno que se ha limitado a aplaudir la detención del etarra sin critica alguna a su escandaloso retraso y sin recordar al gobierno galo que la entrega de terroristas no es un caballo regalado al que no se le puede mirar el diente, sino una obligación moral, legal y política a la que Francia se comprometió internacionalmente.

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