Las reacciones a la fusión de Vía Digital y Sogecable –especialmente la de rechazo de Álvarez Cascos– constituyen el principal titular de portada y objeto de comentario editorial en todos los periódicos. También es muy destacada la noticia de que Sharon autoriza una nueva intervención antiterrorista en Gaza y que España acogerá a varios de los terroristas que se encuentran en la Basílica de la Natividad.
El Mundo, que le dedica un editorial a toda página, es el único diario en criticar abiertamente la fusión de las plataformas digitales y en requerir al Gobierno que vele por el pluralismo y la competencia en ese sector. Este diario considera acertadamente que “el pacto de anteayer se inscribe en el imparable proceso de acumulación de poder de un grupo periodístico que sueña con ser un monopolio informativo en este país”. Este diario respalda totalmente al ministro de Fomento, Álvarez Cascos, cuando dice que “los monopolios públicos son rechazables pero los privados son insufribles”. También recuerda que tras la quiebra de Quiero TV y la “absorción” de Vía Digital, Polanco ha logrado hacerse no sólo con el monopolio de la televisión de pago sino además con el de los derechos del fútbol, “un objetivo que ya estuvo a punto de lograr hace seis años merced al Pacto de Nochebuena con el fallecido Antonio Asensio”. En este sentido, el diario denuncia “el giro de 180 grados de algunos dirigentes del PP”, como Mato o Rajoy quienes en su día se opusieron a la fusión denigrándola como un monopolio de facto que atentaba contra el pluralismo informativo para ahora limitarse a decir que la fusión es un acuerdo privado que entra en la esfera de la responsabilidad de las empresas.
El diario no acusa directamente a Aznar de ese mismo cambio de opinión y se limita a recordar la determinación con la que en 1996 se opuso al acuerdo entre Telefónica y Sogecable para crear Cablevisión, a cuyo nacimiento dio luz verde el último Consejo de Ministros presidido por González. Ahora el editorial se limita a preguntarse: Primero, si Alierta y Polanco consultaron con Aznar antes de celebrar la fusión. Segundo, si lo hicieron con Rato o algún otro miembro del Gobierno. Finalmente, si tienen alguna promesa de que el Ejecutivo será benevolente con la operación. Como ven no cabe más ingenuidad. Evidentemente Aznar y los que aspiran a sucederle han dado el visto bueno a la operación. No tendría sentido que, con la férrea disciplina hacia el presidente que hay en el PP, Rajoy o Mato cambiaran tan radicalmente su visión de la fusión si ese cambio de opinión no afectara al mismo Aznar. Es verdad que Cascos se ha manifestado radicalmente en contra, pero Cascos sabe que en su futuro no tiene nada que perder separándose de la postura oficial de su partido como ocurrió en el último Congreso del PP. Por otra parte, ¿alguien se puede creer que Alierta haya ido por libre en esta cuestión sin darle luz verde el Gobierno?
Es trágico pero igualmente evidente que Aznar ya se ve fuera del Gobierno y parece que ha optado “por los demás que arreen”. Y los que optan a su sucesión creen, con suicida ingenuidad, que el favor brindado a Polanco les hará acreedor de su gratitud. Pues van listos si es la misma que Rato esperaba de Prisa en el caso Gescartera por no ejecutar la sentencia contra el antenicidio...
En cualquier caso, El Mundo yerra al dirigir sus más aceradas críticas contra Alierta y no contra Aznar, quien es el verdadero responsable del desolador y concentrado mapa de los medios de comunicación en este país. Mucho antes de esta fusión, Aznar ya ha dejó en evidencia que sus palabras en la oposición sobre liberalización, fomento del pluralismo, crítica de la competencia desleal de las cadenas públicas y apertura de todos los mercados de comunicación se las ha llevaba el viento. En lugar de ejecutar ese programa, el Gobierno de Aznar ha caído en la tentación de jugar al mercado intervenido y hacer una réplica mediática al grupo felipista. Y en ese juego, esta visto, ganan los profesionales, no los aficionados.
Por ello, en buena parte, es injusta la crítica de El Mundo dirige al presidente de Telefónica. Es cierto que las condiciones por las que Telefónica ha fusionado Vía Digital con Sogecable podían haber sido más duras. A nadie le amarga un dulce, pero entre los objetivos estrictamente empresariales de Telefónica no estaban el ser un contrapeso mediático al todopoderoso Polanco. De hecho lo ha intentado y se ha desangrado con multimillonarias pérdidas. También es cierto como El Mundo dice que “la situación de Sogecable, con su cotización bursátil bajo mínimos, tampoco era nada favorable. La fusión era tan necesaria para unos como para otros”. Pues esa es precisamente a la conclusión que han llegado ambas empresas. ¿Por qué entonces decir que Telefónica, “cuyos beneficios brutos superan la facturación del grupo Prisa, tiene capacidad financiera más que sobrada para haber soportado el envite?”. No hay que ser especialista en Teoría de Juegos para ver que, aunque pudiendo, desde el punto de vista estrictamente empresarial, no tenía sentido seguir empecinado en perder dinero en un sector que, a diferencia de Prisa, no es el específico de Telefónica.
No hay que cometer el error de defender la competencia que carece de rentabilidad económica. La labor de los empresarios es la de minimizar pérdidas y maximizar beneficios. Que el campo donde se desarrolle esta actividad sea competitivo y plural no es su responsabilidad, sino del marco institucional. Y este fallo estructural del mercado de los medios de comunicación es el que ha perpetuado el Gobierno del PP. Lo pagarán, pero sobretodo, lo pagaremos caro.
Prisa o el pluralismo único
El diario de Polanco representa, lógicamente, la valoración opuesta a la de El Mundo respecto a la fusión. Todo en ella es perfecto y lógico. Por negar, niega hasta la evidente reducción del pluralismo y de la competencia mientras silencia la más que probable posibilidad de un aumento de los precios para los consumidores.
Evidentemente tiene razón El País cuando dice que “un marco artificial de competencia sobre la base de mantener en pérdidas a las empresas es una fantasía inviable”. Pero lo que no dice es que si Prisa ha podido dar la batalla con pérdidas en ese sector es porque se beneficiaba de una posición dominante en otros sectores de la comunicación a la que no había llegado por acierto y eficiencia empresarial que no fuera el de capturar el favor y el privilegio político. El País no se sonroja al decir que “en el mercado de televisión de pago no es un monopolio de iure”. Ahora no, pero sí lo fue en tiempos de la privilegiada licencia otorgada por González a Canal Plus. Y aunque ahora ese sector esté abierto de iure, nada le impide a Prisa disuadir la entrada a futuros concurrentes con precios bajo coste financiados por las empresas que Prisa tiene en mercados que sí están cercados e intervenidos como es el resto del mercado audiovisual en el que opera.
El País asegura que “no puede argumentarse que la fusión reduce el pluralismo” –evidentemente el de Prisa no– “cuando los hogares españoles reciben multitud de ofertas de televisión por satélite” –que Polanco domina–, “dos cadenas públicas” –a costa de los contribuyentes y que se pondrían al servicio de Polanco si el PSOE ganara las elecciones– “varias autonómicas” –todas financiadas con impuestos, algunas de las cuales ya sirven a Polanco a través del PSOE, como lo harían en el futuro todas las cadenas de las autonomías en las que este partido ganara– “varias locales” –que Polanco ya controla a través de Localia– “y otras dos privadas” –una, que hace seguidismo editorial a Prisa y la otra en manos de su antiguo rival y ahora socio, mientras que las dos operan sabiendo que está vedado el acceso a nuevas cadenas–.
En fin, que si este panorama es muestra de un mercado libre y abierto, ajeno al intervensionismo político y donde rige el pluralismo que venga Dios y lo vea. Eso sí, tendrá que pagar a Polanco por verlo.
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