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El separatismo debate sobre la encerrona al Rey en el primer aniversario del 17-A

El homenaje a las víctimas de los atentados islamistas en las Ramblas y Cambrils se convierte en el primer acto de la contraofensiva golpista.

(Barcelona)
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El presidente catalán Quim Torra de excursión por el Pirineo. | Twitter

Unilateralidad política e impunidad judicial. El presidente de la Generalidad, Quim Torra, no descarta la primera si el Gobierno no se aviene a un referéndum de autodeterminación y afirma que no aceptarán ningún fallo que no sea el archivo de las causas abiertas por el golpe de Estado separatista. El representante de Carles Puigdemont en España ha respondido así al anuncio del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de cegar la vía judicial para combatir el golpismo separatista. Ataviado con una camiseta independentista y sudoroso tras participar en una caminata "solidaria" con los presos, Torra quiso aclarar que hablaba "con toda solemnidad y firmeza" y añadió que no tolerarán "escarmientos".

La causa judicial por el 1-O es una "farsa" y "es imposible que nuestros presos tengan un juicio justo porque se ha demostrado que en la justicia española hay de todo menos justicia", ha alegado el "president". El separatismo se prepara para los fastos habituales del "Onze de Setembre" y para el primer aniversario del referéndum ilegal con pequeños actos como el protagonizado este domingo por Torra, una excursión senderista rematada con una comida popular por los presos organizada por un "consell comarcal" (entidades supramunicipales creadas por Pujol para combatir a las diputaciones cuando eran socialistas). También calienta el ambiente contra el Rey de cara a su visita el próximo 17 de agosto, primer aniversario de los atentados islamistas en Barcelona y Cambrils. Será el primer jalón del nuevo ciclo de movilizaciones separatistas, un punto que suscita debates apasionados entre los estrategas soberanistas sobre algaradas, pitadas, desplantes, pancartas y eslóganes.

Las negociaciones abiertas con el Gobierno quedan en un segundo plano. Buena parte de las bases separatistas prefiere hacer abstracción del diálogo "autonomista", si bien los Comités de Defensa de la República (CDR) y la CUP han amenazado con tumbar el "Govern" al grito de "¡desobedeced o dimitid!". Para Torra, el cambio de Gobierno ha propiciado un deshielo sustantivo en el plano formal, pero sin calado suficiente como para que la Generalidad se salga de su "hoja de ruta".

En una entrevista de La Vanguardia, ha dejado claro que no descarta ninguna vía para conseguir la independencia de Cataluña y señala que la unilateralidad no es desobedecer. "Si reconoces que la soberanía de tu pueblo reside en el Parlament de Cataluña, no estás desobedeciendo, sino obedeciendo lealmente las decisiones de mi Parlament", considera.

El diario de Godó y la monarquía

En el diario de Godó no se le pregunta por la próxima visita del Rey a Cataluña. Está previsto que Felipe VI acuda la homenaje a las víctimas de los atentados islamistas en Barcelona y Cambrils en agosto del año pasado, lo que tiene soliviantado al separatismo. Torra insiste aquí y allá en que el Rey no es bienvenido en Cataluña, que ni la Generalidad ni el Ayuntamiento de Colau han invitado al monarca y que los catalanes no tienen rey.

Los separatistas acentúan respecto a los atentados del 17-A la situación del consejero de Interior y el jefe de los Mossos que "abatieron" a los terroristas. Joaquim Forn espera el juicio por el 1-O en la cárcel de Lledoners, donde recibe frecuentes visitas de Torra, el actual consejero de Interior, Miquel Buch, otros miembros del PDeCAT y sus letrados. En cuanto al jefe policial, el "major" Josep Lluís Trapero está procesado por el intento de asalto a la consejería de Economía del 20 de septiembre del año pasado. Mantiene el cargo de "major", pero tiene despacho en un archivo. Se le ofreció la restitución, pero la rechazó por su situación judicial.

El separatismo prepara un nuevo recibimiento hostil al Rey. El año pasado, cuando Felipe VI asistió a la manifestación por los atentados, se le acusó de traficar con armas. Fue una campaña organizada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, que con la colaboración institucional lograron convertir aquel acto contra el terrorismo en una muestra de rechazo a España, calentamiento para el 1-O. La Generalidad gestionó los atentados como si se trataran de un examen para convertirse en Estado y vendió que la administración catalana era infinitamente superior a la del Estado.

Propaganda, imán y CNI

La propaganda actual para boicotear la visita del Rey subraya las supuestas conexiones del imán de Ripoll con el CNI, teoría que alimenta toda clase de sospechas independentistas contra el Estado, el Rey, el Gobierno pasado y el actual. La cita del próximo 17 será el pistoletazo de salida de una fase política explosiva. El separatismo quiere mostrar músculo contra el Rey para condicionar el juicio a los golpistas y abrir una "ventana de oportunidad". Torra apela constantemente al concepto. Dice que una sentencia condenatoria antes de finales de año podría propiciar una oleada republicana definitiva en Cataluña. Y si no es entonces podría ser tras unas municipales con un gran resultado separatista. Si ganan Barcelona, también se plantean reponer la declaración de independencia.

Las negociaciones, la distensión, la bilateral y las subcomisiones han nacido muertas. El separatismo avala la pretensión de Puigdemont de negociar directamente con Sánchez sobre presos, fugados y plazos de desconexión. Maneja el tiempo electoral y un apoyo crucial al Gobierno y pretende echar el resto contra el jefe del Estado el próximo 17. Está asegurado el desplante institucional. Torra no ha invitado al Rey, pero asistirá a los actos en los que esté el Rey. Quiere montar un número mejorado de los Juegos del Mediterráneo, algo más fuerte que lo de regalarle un libro fotográfico sobre el 1-O tras haber liderado una manifestación de la ANC y los CDR contra la presencia de Felipe VI en Tarragona.

El "Govern" valora celebrar un homenaje paralelo, reservado el derecho de admisión, un acto "institucional" republicano con víctimas y representantes de todas las comunidades, así como personalidades internacionales. Un evento de reafirmación republicana en el que se note que la Generalidad ha roto relaciones con la Zarzuela. Cargado de solemnidad y simbolismo, el acto sería el primero de la segunda parte de la operación república de la saga del proceso.

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