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Omella envía a un cura de 72 años a comerse el Santísimo de la iglesia que quiere derribar

El arzobispo de Barcelona pierde los papeles tras suspender a divinis al párroco del Espíritu Santo, la iglesia sentenciada a la piqueta.

El arzobispo de Barcelona pierde los papeles tras suspender a divinis al párroco del Espíritu Santo, la iglesia sentenciada a la piqueta.
Iglesia del Espíritu Santo de Barcelona. | Archivo

El nuevo cura de la parroquia del Espíritu Santo se ha tomado con gran entusiasmo el encargo del arzobispo Juan José Omella de "liberar" el templo para que pueda ser derribado. Nada más trascender la suspensión a divinis del anterior rector, José María Llorca, su sustituto, Melcior Trèmols Capó, se presentó en la iglesia y exigió a Llorca la entrega de todas las llaves. Acto seguido se dirigió a la capilla donde se guarda el Sagrario y consumió una Hostia sin ceremonia alguna.

La iglesia del Espíritu Santo, en el barrio barcelonés del Guinardó, va a ser derribada para construir sobre sus cimientos una facultad de medicina de la propia Iglesia. Un grupo de feligreses intenta evitar la demolición y se hace fuerte (es un decir) en el interior del templo, uno de los pocos que estaba abierto las 24 horas del día y todos los días. Mientras no se retire el sagrario con las obleas que representan el cuerpo de Cristo la piqueta no puede hacer acto de presencia.

Ese grupo de feligreses, en su mayoría señoras, cree que puede salvar el templo. O al menos el vitral de doscientos metros cuadrados que en la fachada principal de la iglesia representa al Espíritu Santo, la vidriera moderna más grande de Cataluña. Pero el cardenal Omella se ha comprometido con la Fundación Blanquerna a desalojar el edificio para que puedan empezar las obras de la facultad este mismo mes y el vitral, aducen en el arzobispado, no tiene valor alguno, brutalismo de mediados de los años sesenta.

Además, ha tomado la insólita decisión de suspender a divinis al ya expárroco, mosén Llorca, porque le considera el instigador de la resistencia contra el derribo. Una suspensión a divinis, el castigo de personajes como Marcial Maciel o Ernesto Cardenal.

Temor al arzobispo

La última hora de la historia que retrata a Omella es el esperpento protagonizado por el nuevo párroco. El portal de información religiosa no nacionalista Germinans Germinabit daba cuenta este jueves de la "incursión" del sacerdote Trèmols. Aporta incluso imágenes, una grabación en la que se aprecia la peculiar "toma de posesión" del enviado del arzobispo. Así lo cuenta el referido digital religioso: "Un sacerdote de vocación tardía que ha ido vegetando por diversos destinos y que ahora se halla colocado en el Hospital de San Pablo. Un cura que, a sus 72 años, no solo se muestra solicito a los deseos de su superior, sino que se pasa de frenada. A no ser qué esas fuesen las órdenes recibidas: ‘Tú entras, te comes la Hostia y final de la adoración’. Qué también podría ser. Ya se sabe que el principal argumento de autoridad de Omella es que, como que es maño, no suele rectificar, usando y abusando del arquetipo del Don Erre que Erre de Paco Martínez Soria".

Las feligresas alegan que hay más hostias en el Sagrario, que el nuevo párroco sólo se comió una y que ellas persisten en su actitud. Pero ya les fallan las fuerzas. Y temen que Omella recurra a desalojarlas por la fuerza.

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