Sánchez hace la Ramoneta
La finalidad de esta invasión es empujar al electorado a votar a Vox para debilitar al PP y, llegado el caso, tensionar una posible coalición.
Para qué discutir si el CNI avisó o no de la invasión de Ceuta. Claro que lo hizo. Se puede alcanzar esa conclusión sin necesidad de recordar las cobardes palabras de Margarita ni cómo miente Marlaska. Basta saber que el Gobierno fulminó sin misericordia a quien dio noticia oficial del ataque y no hizo nada ni parecido con la responsable del CNI, cuya incompetencia se supone que tuvo a oscuras a nuestras fuerzas del orden. La verdad es que todos estuvieron informados y dejaron hacer. Es posible que no llegaran a prever los números, pero sí sabían que los emigrantes serían miles. ¿Por qué lo permitieron? Los ingenuos pueden creer que fue por buenismo de izquierdas mal entendido, pero la verdadera razón de tanta permisividad fue otra.
Esta invasión, como la regularización masiva antes de ella, no tiene otra finalidad que afrentar al electorado de derechas para empujarle a votar a Vox, como de hecho revelan las encuestas que están empezando a hacer. No se trata sólo de que el PP, envuelto en falsa moral católica, se revele más o menos tibio. Es que Vox siempre irá más allá que ellos en asuntos migratorios. De esta forma, el PSOE conseguirá dos objetivos.
Por un lado, cada dos escaños que gane Vox le costará tres al PP, de modo que, cuanto más fuerte sea Vox, menor será la suma de los dos. Y, sobre todo, teniendo el Gobierno que se constituya después de las generales que depender tanto de Vox, las exigencias de Abascal tensionarán la coalición hasta provocar su prematura ruptura, momento que Sánchez espera aprovechar. No digo que tenga que ser así, sino que esos son los cálculos que se hacen en Moncloa.
Europa no puede hacer frente a este odioso plan porque la estabilidad de la Comisión depende de Sánchez, que controla el grupo socialista en el Parlamento Europeo. Sin él, habría que formar otra coalición con los partidos de extrema derecha, que, aparte de ser eurófobos, muchos están a órdenes de Putin. A Manfred Weber le irrita el cuajo de nuestro presidente, pero no se atreve a ponerse en manos de Alternativa para Alemania por miedo a recibir la visita de los fantasmas del siglo pasado. En cualquier caso, si hubiera que conformar una nueva mayoría para una nueva Comisión, ya no la presidiría Von der Leyen. De ahí que más que arrobada con el palmito de Pedro Sánchez, a la menuda dirigente alemana no le queda otra que decirle lo guapo que es, lo crea sinceramente o no.
No podemos confiar en que Europa solucionará el problema de ser gobernados por Sánchez, como tampoco deberíamos esperar que sea Marruecos quien proteja nuestras fronteras. Si estamos donde estamos es porque hay una minoría de españoles que prefieren ver a su nación postrada ante las reivindicaciones egoístas de sus líderes regionales. Y no les importa que, en otras cuestiones, las políticas de quien se vende les perjudiquen como españoles que son a su pesar. Sin ellos, haría tiempo que Sánchez estaría luciendo abdominales en las playas de República Dominicana. Pero, como en Cataluña y País Vasco tenemos la derecha que tenemos, así nos va, haciendo en Europa y en Marruecos la puta y la Ramoneta, que habría que preguntarse qué papel le toca a Sánchez, si el de la Ramoneta o el otro.
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