L. D. / Antonio Sánchez-Gijón.-
Teherán ha visto frustrados durante los últimos quince años gran parte de sus designios de política exterior. En 1989 sufrió la derrota a manos de Iraq. En 1998 vino su humillación por los talibanes en Herat y la región occidental de Afganistán. En efecto, los mujaidinies del anterior régimen afgano se habían atrincherado en la ciudad de Mazar-i-sharif, y resistieron a los talibanes con la ayuda de un pasillo aéreo iráni. La resistencia, sin embargo, cedió; los talibanes ocuparon la región y asesinaron algunos miles de hazaras, un grupo étnico de confesión shiita, protegido por los iraníes; entraron además en la legación iraní y asesinaron a algunos diplomáticos refugiados en ella. Irán movilizó hasta doscientos mil hombres, pero no se atrevió a entrar en territorio afgano por miedo a un enfrentamiento directo con Pakistán.
La coyuntura actual, sin embargo, favorece admirablemente la pronta resolución del “impasse” interno de Irán entre, de un lado, el clero conservador, los servicios de inteligencia y los guardias de la revolución; y del otro el presidente Jatamí, las fuerzas clericales moderadas y los sectores jóvenes de la población, los cuales le eligieron presidente en mayo de 1997 y de nuevo cuatro años después. La juventud ha mostrado su impaciencia en la calle, y no ha temido enfrentarse a la violencia policíaca. Protestaban contra el cierre de sus perspectivas vitales, a causa del estancamiento de la economía y la represión de las costumbres. Cada año entran en el mercado de trabajo 900.000 jóvenes; sólo hay empleo para 300.000. Por otro lado, la industria petrolífera se halla en un estado deplorable y necesita capitales extranjeros; el norteamericano no ha podido llegar debido a la política de contención de Washington iniciada por Clinton en su doctrina de la “doble contención” para el área del Golfo, esto es: el bloqueo político y militar de Irán e Iraq como perturbadores del orden internacional.
Jatamí se ha pasado mucho tiempo rogando a Alá que le ayudase. El presidente oraba con un lenguaje inusual entre los ayatolás de la cúpula religioso-política. Irán, dice el presidente, pertenece a las democracias que hacen posible la civilización. La democracia favorece el diálogo inter-civilizaciones. Ese es el nombre que ha dado a un aparatoso ejercicio de encuentros y conversaciones internacionales, con actuaciones en Asia y Europa. Esta tarea fue confiada por el presidente al ayatolá Mohajerani, su anterior ministro de Cultura, que perdió su puesto en el ejecutivo por presión de los clérigos conservadores. Esas ideas están contenidas en un libro que será presentado el 23 de octubre en Teherán.
El Genio ha salido de su frasco y seguro que nos deparará maravillas.
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La coyuntura actual, sin embargo, favorece admirablemente la pronta resolución del “impasse” interno de Irán entre, de un lado, el clero conservador, los servicios de inteligencia y los guardias de la revolución; y del otro el presidente Jatamí, las fuerzas clericales moderadas y los sectores jóvenes de la población, los cuales le eligieron presidente en mayo de 1997 y de nuevo cuatro años después. La juventud ha mostrado su impaciencia en la calle, y no ha temido enfrentarse a la violencia policíaca. Protestaban contra el cierre de sus perspectivas vitales, a causa del estancamiento de la economía y la represión de las costumbres. Cada año entran en el mercado de trabajo 900.000 jóvenes; sólo hay empleo para 300.000. Por otro lado, la industria petrolífera se halla en un estado deplorable y necesita capitales extranjeros; el norteamericano no ha podido llegar debido a la política de contención de Washington iniciada por Clinton en su doctrina de la “doble contención” para el área del Golfo, esto es: el bloqueo político y militar de Irán e Iraq como perturbadores del orden internacional.
Jatamí se ha pasado mucho tiempo rogando a Alá que le ayudase. El presidente oraba con un lenguaje inusual entre los ayatolás de la cúpula religioso-política. Irán, dice el presidente, pertenece a las democracias que hacen posible la civilización. La democracia favorece el diálogo inter-civilizaciones. Ese es el nombre que ha dado a un aparatoso ejercicio de encuentros y conversaciones internacionales, con actuaciones en Asia y Europa. Esta tarea fue confiada por el presidente al ayatolá Mohajerani, su anterior ministro de Cultura, que perdió su puesto en el ejecutivo por presión de los clérigos conservadores. Esas ideas están contenidas en un libro que será presentado el 23 de octubre en Teherán.
El Genio ha salido de su frasco y seguro que nos deparará maravillas.
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