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'La guerra por la proteína animal': el libro que analiza por qué quieren quitarnos la carne

¿Por qué se persigue a ganaderos y pescadores mientras el precio de carne, pescado y huevos sube sin parar?

El debate sobre el futuro de los alimentos está en el centro de la actualidad ahora más que nunca debido a la guerra arancelaria de Estados Unidos y los acuerdos de libre comercio con Mercosur y la India que acaba de firmar la Unión Europea. En este contexto, se acaba de publicar La guerra por la proteína animal, un ensayo de Manuel Pimentel y Juan Pascual que propone una mirada crítica a la ofensiva política, social y normativa contra la producción de proteínas de origen animal.

El libro, publicado por la editorial Almuzara, "desmonta las falacias interesadas que niegan los beneficios que reporta la proteína animal", y demuestra que "comer carne es necesario para la salud, que el ganado no esquilma el agua, y que se exagera sobre la influencia que ejerce éste en el cambio climático", entre otras consideraciones. La gran cuestión de fondo es: "La carne es salud. ¿Por qué quieren quitárnosla?"

En una entrevista concedida a Libre Mercado, Pascual, veterinario y coautor del texto, explica que el libro se ha presentado como una respuesta para todos aquellos que arremeten contra la ganadería y la pesca —tildándolas de insostenibles o incluso dañinas— mientras los precios de carne, pescado, huevos y leche alcanzan niveles récord.

Ignorancia, moda o nueva religión

"Ha habido muchas presiones de asociaciones animalistas y ecologistas que, de una manera no científica, han estigmatizado la ganadería y sus productos: que si la carne produce cáncer, que si las vacas calientan el planeta… En fin, toda esta narrativa que vemos en titulares en demasiadas ocasiones", denuncia Pascual.

Defendiendo que cada cual mantenga la dieta que desee, la cuestión, afirma Pascual, es que los políticos y los gobiernos han comprado la "nueva religión" animalista contra las proteínas animales y están aprobando normativas que limitan la presencia de carne en los comedores escolares, o la aprobada en Barcelona para reducir los embutidos en los menús a dos raciones al mes.

"El ser humano es omnívoro por evolución. La proteína animal ha sido clave en nuestro desarrollo —nos hizo humanos, en términos evolutivos— y sigue siendo fundamental para una dieta completa", sostiene Pascual, citando evidencia científica sobre la importancia de la carne en el aporte de aminoácidos esenciales, hierro o vitamina B12.

Más restricciones, menos producción

Pascual también exige un mayor "equilibrio" en las normativas impulsadas desde la Comisión Europea. Señala que las exigencias sobre bienestar animal, espacio por animal, transporte o bioseguridad, aunque bienintencionadas en algunos casos, no siempre tienen una base científica sólida y encarecen la producción sin garantizar un mejor resultado global.

"Hay una legislación tan difícil para el ganadero o el pescador, que muchas veces se encuentran con las manos atadas para abastecernos de alimentos de manera asequible. Y este es otro triunfo de la sociedad, tener alimentos asequibles. Sin embargo, la carne de ternera ha subido tanto como los pisos en los últimos cinco años y los huevos, aún más en porcentaje. Ese camino nos preocupa".

En línea con las protestas de los agricultores contra el acuerdo con Mercosur, Pascual denuncia que las exigencias regulatorias en Europa están poniendo a los productores españoles y europeos en clara desventaja frente a importaciones de países con menores estándares productivos. También subraya la contradicción de pedir mayor bienestar animal y al mismo tiempo permitir la entrada de productos del exterior que no cumplen con los mismos estándares. "No se puede competir con las normas propias si abrimos las fronteras sin mecanismos de equilibrio".

Independencia alimentaria y soberanía productiva

El libro también aborda un riesgo fundamental: la pérdida de independencia alimentaria en Europa. Si la producción local se ve restringida mientras aumentan las importaciones de proteína animal, el continente corre el riesgo de depender cada vez más de otros países para productos básicos, algo que, según Pascual, puede poner en peligro la seguridad alimentaria.

"Efectivamente hay una guerra por la proteína animal y es imprescindible que la ganemos, porque tenemos que producir aquí. Es importante producir aquí. Por mucho que haya vacas en Brasil, las vacas de allí no van a pastar en los montes de Orense y de Zamora, que son los que ardieron este verano", señala Pascual.

Ganaderos y pescadores no son el problema, son la solución. Es la teoría que Pascual y Pimentel desarrollan en su ensayo en el que defienden al sector y piden fomentar los alimentos kilómetro cero: "No es dar ayudas. Es permitir que el ganadero haga lo que sabe hacer: producir de manera eficaz y con una buena calidad".

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